Ponferrada ofrece espacios a los grafiteros contra el vandalismo
La pintada aparecida en el Castillo ha sido el detonante de esta medida.

Última pintada aparecida en el Castillo de los Templarios. L. DE LA MATA
m. carro | ponferrada
Basta un simple paseo por Ponferrada para comprobar que el vandalismo de los grafiteros se ha convertido en un problema grave que es preciso atajar. Especialmente dañado está el casco viejo, uno de los principales recursos turísticos de la capital berciana, y la última pintada aparecida en uno de los muros del Castillo de los Templarios ha sido la gota que ha colmado el vaso. Por ello, el equipo de gobierno municipal está estudiando la idea de crear espacios específicos para la realización de grafitis. El objetivo es focalizar ahí cualquier expresión artística de este tipo y evitar que la tinta de los aerosoles se siga extendiendo por la ciudad.
La concejala de Cultura, María Antonia Gancedo, hace un llamamiento a los grafiteros en este sentido. Poniendo por delante que respeta cualquier expresión artística, la edil recuerda que no todo vale y que hay espacios que deben respetarse. La pintada en el Castillo, sin ir más lejos, puede ser considerada un delito contra el patrimonio y la Policía Municipal sigue con las pesquisas para tratar de identificar al autor. «Les ofrezco espacios en los que pintar», dijo Gancedo, en un intento por erradicar de raíz un problema que parece imparable. No obstante, es preciso tener en cuenta que la gran mayoría de pintadas que invaden la ciudad son firmas o garabatos que nada tienen que ver con arte.
«Hay que saber donde se pinta», ahondó la concejala de Cultura y Turismo en declaraciones recogidas por la agenda Efe. Con esta iniciativa, Gancedo quiere acabar con el «desorden» y controlar de alguna manera a los grafiteros, ya que está visto que el control policial y las sanciones que este tipo de vandalismo conllevan parecen que no han dado resultado.
La responsable del área de Cultura de Ponferrada también explicó que ya se está aplicando un tratamiento especial en el muro de piedra del Castillo en el que apareció la última pintada. Una zona en la que se ha repetido esta práctica, ya que son varios los grafitis que comparten escena en el espacio menos visible de la fortaleza, el que da hacia el paseo del Sil, en la zona del mirador.