Diario de León

más que un género musical

Esencia minera contada en forma de rap

En pleno proceso de creación de su tercer disco, El Sexto Elemento trata de dar voz a la realidad de las cuencas mientras prueba suerte en la música

Adrián, en el estudio de grabación que ha montado en su propia casa, en Fabero. EL SEXTO ELEMENTO

Adrián, en el estudio de grabación que ha montado en su propia casa, en Fabero. EL SEXTO ELEMENTO

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MARÍA CARRO | PONFERRADA
Ponferrada

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El rap es mucho más que un género musical, es un estilo de vida comprometido con la realidad que rodea a quien emplea las rimas para hacer crítica social, denunciar lo que considera injusto o biografiar su historia a través de unas letras pensadas para remover conciencias. Muy en boga en los tiempos que corren por su relación directa con la libertad expresión, el rap es un vehículo al desahogo, una especie de terapia que libera de sus demonios a quienes tienen el don de la asonancia.

El Sexto Elemento es uno de estos poetas urbanos, un joven berciano que en su vida real responde al nombre de Adrián y que mientras en su cabeza dibuja rimas a veces imposibles, sus manos trabajan a diario para repartir carbón. Nacido y residente en una cuenca minera —de Páramo del Sil a Fabero— Adrián López de los Ángeles cuenta en sus canciones la realidad del Bierzo minero. Una realidad dura que fue la que, hace ahora tres años, le llevó a compartir con el público lo que escribe su bolígrafo. «Empecé para tratar de dar voz a las injusticias sociales, a los recortes que hemos vivido y a todo lo que hemos pasado desde que comenzó la crisis. Tenía que decir algo, no podía quedarme callado», asegura. Así, su primer disco, El vuelo del fénix, fue un disco-protesta que dio paso, el año pasado, a su segunda publicación, La vieja escuela, más autobiográfico sin dejar de lado temas sociales como el maltrato, la pobreza y la igualdad.

Inmerso en la preparación de su tercer disco, que podrá escucharse el próximo verano, El Sexto Elemento trata de hacerse un hueco en el panorama musical no sin dificultades. Él mismo se ha montado en casa un estudio de grabación al que dedica el poco tiempo libre que le queda tras una intensa jornada laboral repartiendo carbón de casa en casa.

«Al principio grababa las canciones con un móvil y un micrófono de los chinos. Ahora, he invertido en una mesa de mezclas, dos ordenadores, altavoces y una caja de potencia de 200 vatios. Pero esto no deja de ser un hobby, la realidad es que trabajo desde las ocho y media de la mañana hasta las siete de la tarde y cuando llego a casa dedico tres horas diarias a ensayar antes de cenar. Después, me ponga a escribir otras dos o tres horas antes de irme a la cama», explica.

Su canal de Youtube (El Sexto Elemento) es su plataforma de lanzamiento. También Facebook. Es a través de las redes sociales donde Adrián comparte sus canciones y tratar de darse a conocer, sin más respaldo que el suyo propio y el apoyo de algunos grupos de rap. Su pretensión, de momento, es poder hacer lo que sabe en su tierra. Quizás las fiestas patronales que se avecinan sean un buen momento, aunque él mismo reconoce que «lo tengo mucho más difícil que una orquesta, porque es complicado gustarle a la mayoría con este tipo de música». Aún así no tira la toalla y sigue componiendo, esperando su momento.

Sin vuelta atrás es el título de la canción que El Sexto Elemento dedica a la minería. «(...) Todas las minas paradas, menudo marrón. ¿Has mirado en las encuestas cuál será nuestro patrón? Nos llevan a la extinción sin ninguna restricción. (...) Entraremos en acción para salvar la nación antes de que cierren el portón y acaben con el carbón. Sólo queremos trabajo, vivir con alguna opción, que no nos cerréis las minas pido por obligación», dice.

«El rap para mi lo es todo», asegura Adrián, que no duda en que aunque debe respetarse la libertad de expresión, el respeto ha de ser también una norma en cada letra. «Cada uno es libre de pensamiento y de decir las cosas. Que digas una frase que suene mal no quiere decir que vayas a actuar conforme a ella. Defiendo la libertad de expresión, pero es verdad que hay que tener cuidado con lo que se escribe. No se puede escribir todo lo que se quiera, hay que pensar en lo que dices, cómo lo dices y en qué contexto. Yo nunca me meto con nadie, yo me dedico a criticar la situación general», asegura.

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