«El proceso es largo y no te garantizan nada»

Tras dos años de intentos con su pareja, esta berciana se sometió a una fecundación in vitro en Valladolid, un tratamiento que se prolongó casi cinco años, con un aborto espontáneo entre medias y más de medio centenar de viajes para poder cumplir su sueño.

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León

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Pese a tener tan sólo 30 años y un estado de salud óptimo, una de las bercianas que acaba de ser madre recientemente por fecundación in vitro (el óvulo se fecunda fuera del cuerpo de la mujer, en laboratorio, para después transferir directamente el embrión al útero), se vio obligada a recurrir a un tratamiento de fertilidad en Valladolid, después de casi dos años de intentos infructuosos y tras someterse a un sinfín de pruebas médicas sin causas aparentes de infertilidad.

Cuatro años se prolongó el proceso desde que esta mujer acudió a Ginecología del Hospital El Bierzo, para que valoraran su caso hasta que, por fin, pudo ser madre. Entre medias, numerosas pruebas, tanto a ella como a su pareja; viajes constantes a Valladolid y muchos sinsabores, como el aborto espontáneo que sufrió tras la implantación del primero de los embriones. «Lo peor de todo es la espera. Es un proceso muy largo en el que nadie te garantiza nada y estás sometida a un estrés psicológico y emocional importante», asegura una joven que ahora mira atrás y se siente una «privilegiada por haber tenido la oportunidad de someterme a este tratamiento y lograr mi sueño, nuestro sueño de ser papás».

Fue el aborto que sufrió en el primer intento el que retrasó los planes más de lo normal, ya que se vio obligada a descansar diez meses sin volver a entrar en lista de espera. Una lista a la que accedió, por primera vez, tras ser seleccionada en Valladolid y en la que una mujer —explica— puede estar hasta dos años. En su caso, fue sólo uno.

Más de medio centenar de veces tuvo que desplazarse junto a su pareja a Valladolid. «Al principio del tratamiento, tienen que ver la evolución de la estimulación ovárica, por lo que en un semana podía ir, tranquilamente, tres o cuatro veces», relata, explicando que al estar trabajando, no podía quedarse allí. También el gasto derivado de las estancias hacía inviable la permanencia hasta cuatro días, por lo que no le quedaba otra que los viajes continuos. Eso sí, financiados, en parte por la Seguridad Social, que ofrece una «pequeña ayuda por desplazamiento». En su caso, en torno a 250 euros en todo el tiempo que duró el tratamiento. Tras someterse a una estimulación ovárica mediante hormonas, recoger los óvulos y el esperma de su pareja, fusionarlos en el laboratorio, someterse a la transferencia del embrión y perder el primero, esta joven lo consiguió a la segunda y hace diez meses que es mamá.

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