Diario de León

Centenario de la ciudad industrial

El sueño de Lazúrtegui tiende un puente de Ponferrada a Bilbao

La nieta y un bisnieto del ingeniero que soñó con ‘Una nueva Vizcaya en el Bierzo’ en 1918 viajan al Bierzo junto al alcalde de Bilbao para homenajear al impulsor de la industria del carbón y del hierro.

Maribel Lazúrtegui, en la locomotora 14 entre Gloria Fernández Merayo y Juan Mari Arbuto. L. DE LA MATA

Maribel Lazúrtegui, en la locomotora 14 entre Gloria Fernández Merayo y Juan Mari Arbuto. L. DE LA MATA

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c. fidalgo | ponferrada

A los siete años, en aquella España oscura que salía de la guerra, la nieta del ingeniero vasco Julio Lazúrtegui cogió la varicela y en su habitación quedó iluminada con luz roja. La varicela, enfermedad benigna, pero muy contagiosa, nunca fue un obstáculo para que el anciano Lazúrtegui, el hombre que había soñado una nueva Vizcaya en el Bierzo, entrara en el cuarto a ver a su nieta. «Le oía venir por el pasillo porque le crujían los zapatos, me cogía la mano, me acariciaba y me daba un beso». La niña, claro, se hacía la dormida hasta que no podía mantener más el engaño.

Lo contó ayer María Isabel Lazúrtegui Enciso, que a los setenta y cinco años de la muerte de su abuelo visionario —el hombre cuyas ideas sobre la industria del carbón y del hierro cambiaron la fisonomía de Ponferrada y la estructura económica del Bierzo— viajó a la comarca junto a su hijo Juan Gondra del Río, biznieto del ingeniero, y junto al alcalde de Bilbao, Juan Mari Arbuto, para participar en el homenaje con el que la ciudad ha querido conmemorar el centenario de aquella idea. Porque cien años después de la publicación del ensayo Una nueva Vizcaya a crear en el Bierzo —donde el vasco resumía su apuesta por explotar el carbón berciano y abrir una siderurgia—, cien años después de la creación de la empresa que marcó la evolución posterior de la ciudad, la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) —de la que el ingeniero se desligó— y cien años desde el comienzo de la construcción del ferrocarril entre Ponferrada y Villablino, un camino de hierro del que los bercianos se niegan a despedirse, la presencia de los descendientes de Lazúrtegui y del alcalde de Bilbao dieron brillo al primero de los actos con el que la capital berciana vuelve a reconocer la deuda que mantiene con el industrial fallecido en 1943.

Todos acompañaron a la alcaldesa, Gloria Fernández Merayo, a la concejala de Cultura, María Antonia Gancedo, autora de una publicación sobre Lazúrtegui y que ayer introdujo la figura del ingeniero durante el acto, al presidente del Consejo del Bierzo, Gerardo Álvarez Courel, y a parte de la corporación, en el descubrimiento de la placa que desde ayer denomina con el nombre de Julio de Lazúrtegui a la sala del edificio de Estación Arte, en el Museo del Ferrocarril.

Lazúrtegui era «un visionario, un idealista, un soñador», afirmó su biznieto después de recordar como a los 19 años, y mientras realizaba el Camino de Santiago con unos amigos, se empeñó en buscar la plaza que Ponferrada ya le había dedicado a su abuelo en 1919. Y no paró hasta que no dio con ella. Gondra se dirigió al alcalde de Bilbao, que también le concedió otra calle, hoy plaza, en 1956 en Deusto, para agradecer su respaldo. «Nos conmueve que hoy esté aquí». Y conmovieron a la nieta y al bieznieto de Lazúrtegui «los tremendísimos halagos» que su abuelo recibía ayer.

Halagos de la alcaldesa de Ponferrada, que recordó cómo aquella villa agraria, que todavía sufría las secuelas de la filoxera que había diezmado al viñedo, y soportaba la epidemia de gripe española, cambió con la puesta en marcha de las primeras ideas de Lazúrtegui, aunque la siderurgia nunca se hiciera realidad. «Fue un cambio trascendental. Ponferrada se convirtió en la ciudad industrial que más crecía de España y más tarde llegó Endesa. Todo eso no hubiera sido posible sin este vasco visionario», afirmó antes de animar a los bercianos a «creer en nosotros mismos y reinventarnos».

Y halagos, finalmente, del alcalde de la ciudad del Nervión hacia un hombre que había nacido en 1859 «en el cogollito de Bilbao», aficionado a la música de Wagner que fue presidente de la Coral de la ciudad, y que desde allí se proyecto hacia «un perfil universalista» —Suecia le concedió la Cruz de Caballero de la Orden Vasa— hasta exportar sus ideas a otros territorios. «Que Julio Lazúrtegui sea ese puente que une a dos ciudades», deseó Arbuto, que instantes antes había mostrado su disposición a colaborar con Ponferrada, la ciudad del Puente de Hierro, con iniciativas culturales y económicas y no dejó de reconocer la aportación de los bercianos que emigraron al País Vasco en la transformación de Bilbao.

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