La nueva carretera al Valle del Silencio
La obra de urgencia del Mirador de la Cruz romperá la barrera histórica de la entrada a Peñalba sólo por el Oza con un nuevo acceso por el Morredero Las lluvias ponen en evidencia el problema mayor de una montaña que se viene abajo.

Foto de archivo de la iglesia mozárabe de Peñalba de Santiago. DE LA MATA
manuel c. cachafeiro | peñalba
A Peñalba de Santiago se llega por una carretera sinuosa que sube desde Ponferrada por el valle del Oza. Conforme el camino se estrecha, la magia del lugar invita al visitante a seguir hacia adelante. Primero a Montes de Valdueza, con su monasterio resucitado de las ruinas, y después hasta este pequeño pueblo genuinamente berciano que hunde sus raíces en las piedras de su iglesia mozárabe y en el Valle del Silencio que llega hasta la cueva de San Genadio. Es la Tebaida berciana, un lugar único que completa la herrería de Compludo, bajando por la carretera del Morredero.
Peñalba de Santiago está al final del valle del Oza, en un fondo de saco, y hasta ahora no tenía conexión con la carretera del Morredero, que pasa paralela por lo alto de la montaña. No había comunicación hasta ahora. Porque las últimas lluvias y los problemas geológicos de la ladera que separa ambas carreteras propiedad de la Diputación harán posible que en apenas dos semanas Peñalba de Santiago tenga dos salidas. O dos entradas diferentes. Por el Oza y por el Morredero.
El llamado Camino de la Cruz serpenteará una empinada cuesta desde el aparcamiento situado a la entrada de Peñalba hasta la conexión con la carretera que parte también de Ponferrada y llega hasta la estación invernal berciana después de pasar pueblos como San Cristóbal.
«No será un camino de mala muerte, sino una carretera con todas las señalizaciones y la seguridad de cualquier vial, aunque no llegue a los siete metros de ancho por la orografía de la montaña», aclara el vicepresidente de la Diputación para el Bierzo y diputado de Fomento, Ángel Calvo. No son ni tres kilómetros pero su coste superará los 300.000 euros con cargo a los fondos de la institución provincial, incluyendo el asentado de la zahorra, una capa de asfalto, la colocación de quitamiedos y el resto de señales. «No es un apaño; es una carretera para siempre», insiste Ángel Calvo.
A finales de junio, una tromba de agua convirtió la carretera de Peñalba por el valle del Oza en un infierno. En varios puntos, los torrentes arrastraron piedras y troncos de los que aún hay restos en las cunetas. Pero eso no fue lo peor. El gran problema es que las tormentas de este verano han puesto de manifiesto el problema geológico de la montaña más cercana al pueblo. Literalmente, se está viniendo abajo. Un proceso lento pero irreversible, avivado por la falta de vegetación como consecuencia del incendio de hace dos años.
La Diputación, que es titular de la carretera, está realizando un estudio geológico y técnico para buscar una solución definitiva en ese punto crítico del recorrido por el Oza que genera un embudo de agua y piedras que arrasa el firme cada vez que llueve fuerte. «Se están buscando soluciones viables. Va a ser una obra costosa», adelanta el vicepresidente de la Diputación. Y es que la obra del Mirador de la Cruz no sólo ha sido necesaria para solucionar el problema puntual derivado de las últimas tormentas; también lo es para poder afrontar la obra definitiva que salve esa curva de noventa grados por la que hasta ahora pasaba la única conexión con uno de los pueblos más bonitos de España.
Si no se hubiera afrontado esa nueva conexión urgente por el Mirador de la Cruz, que ya se había acondicionado mínimamente en los últimos años, explica el concejal de Medio Rural del Ayuntamiento de Ponferrada, el bercianista Iván Alonso, Peñalba quedaría incomunicada en caso de que se repitieran las fuertes tormentas. De hecho, la carretera se ha visto cortada varios veces en las últimas semanas La pista que Coalición por el Bierzo había defendido con ahínco desde San Cristóbal se ha descartado ya porque el agua de la misma montaña se la ha llevado también por delante. Todo por culpa de la misma ladera. Y no sólo por un origen geológico. El fuego de la Tebaida obliga ahora a actuar más pronto que tarde.
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