Hospitales, economatos, castilletes, instalaciones...
Fabero es, en sí mismo, el vivo ejemplo de lo que ha sido un pueblo dedicado en cuerpo y alma a la extracción del carbón. Eso se puede ver a cada paso, aunque ya no sea lo mismo.
En el estudio que se está haciendo, parte de él ya publicado con motivo de la Ruta de la Antracita, figuran edificios como el hospitalillo, los almacenes —«típicos lugares destinados, como su nombre indica, a albergar la gran cantidad de enseres necesarios para las labores mineras», señala el estudio—, talleres, economatos —«un edificio muy emblemático para los habitantes de este municipio, que recuerdan con añoranza aquellas colas para obtener los alimentos que luego llevarían a sus hogares»—, castilletes...
También, según explica la alcaldesa, en ese estudio que se está realizando ahora se está localizando documentación, como una mina que era una cooperativa antes de la Guerra Civil y entre cuyos archivos se ha localizado que los mineros tuvieron que devolver el carbón que había extraído cuando continuó funcionando en el inicio del franquismo. «Son curiosidades de lo que aquí se vivió», añade Mari Paz Martínez. También muchos vecinos están aportando documentación que tenían en sus casas para que no se pierda la memoria colectiva.