HOMENAJE
Mujeres hechas a base de trabajo
La Diputación de León reconoció el papel de tres mujeres de pueblo que han contribuido al desarrollo del medio rural; tres ejemplos de miles que ayer se erigieron representantes de todas en Villafranca

Isabel Pereira, Elisa Gómez y Pilar González fueron ayer las protagonistas. L. DE LA MATA
«La vida es dura, pero es bonita». Con esta frase pronunciada por Isabel Pereira —Premio Arroba por su carácter emprendedor al frente de la bodega de vinos Castroventosa de Valtuille de Abajo— se puede resumir el sentir de las tres mujeres que, ayer, fueron homenajeadas en el Teatro Villafranquino de Villafranca del Bierzo. Tres mujeres de pueblo, tres mujeres hechas a base de trabajo, tres mujeres que, como tantas del medio rural, han tenido que sacrificarse dentro y fuera de casa, trabajar, criar, trabajar, escuchar, trabajar, emprender, trabajar, trabajar y trabajar.
Mujeres hechas a base de trabajo que han tenido que esforzarse más que los hombres por el simplemente hecho de ser mujeres. Mujeres de fuertes valores que el mensaje que hoy quieren trasmitir a las jóvenes es que «luchen la vida, que no se queden en casa». Eso dice Elisa Gómez a sus 85 años y tras una vida dedicada a la ganadería y a la agricultura. Crió a ocho hijos en Caboalles de Abajo (Villablino) y sabe bien lo que es la crudeza de un día a día ajeno a las comodidades. Ella recogió el Premio Madreña que, como el Arroba y el Raíces, entrega la Diputación de León para reconocer el papel de la mujer en el desarrollo de los pueblos.
«Que no se achiquen por nada, que no se dejen torear», les recomienda Isabel Pereira a las mujeres de hoy. De torear la vida sabe ella mucho, pero pese a los grandes sinsabores y a las desgracias personales que ha tenido que enfrentar en sus 74 años, sigue siendo una mujer de rompe y rasga, fuerte y echada para adelante; una mujer que enviudó con sólo 35 años y, con gran rectitud y respeto al trabajo, sacó adelante a tres hijos y un imperio vitivinícola que incluye a uno de los mejores enólogos del mundo, Raúl Pérez, su hijo.
El tercero de los reconocimientos con los que la institución provincial quiere dar su lugar a las mujeres del medio rural fue para María del Pilar González. Una vida dedicada al estudio y la endocrinología le han valido a esta lacianiega, de Villablino, el Premio Raíces. Aunque lejos de casa, nunca se fue del todo y regresa a Villablino siempre que la morriña se lo aconseja. Ella ha jugado en una liga poco fácil para la mujer en los años que le tocaron. Doctora en Farmacia, ha sido directiva del Ministerio de Sanidad y el Hospital Universitario La Paz y, con su dilatada experiencia a las espaldas, asegura con rotundidad que ella nunca ha estado postergada s ningún varón.
«He tenido que luchar como los hombres, con la diferencia de que las mujeres tenemos que demostrar, cada día, que somos personas válidas», afirmó. Eso sí, nunca se ha sentido discriminada ni como mujer ni en materia salarial. «Yo siempre he cobrado lo mismo que los hombres», dice.
El saber científico de esta mujer también tiene peso en su argumento de la valía del género femenino. «Yo casi siempre me he dedicado a la endocrinología y hay que decir que la mujer tiene una endocrinología muy compleja y la del hombre es simplísima. Con eso creo que digo bastante».
Elisa Gómez, Isabel Pereira y Pilar González son tres ejemplos de miles. Mujeres que hacen hogar, que crean conciencia y que ya no son invisibles. Fue, precisamente ésta, una de las palabras empleadas ayer por el vicepresidente de la Diputación para el Bierzo, Ángel Calvo. Utilizó la invisibilidad pero para desterrarla, para romper con el papel de reparto que la tradición ha querido imponer a unas mujeres de pueblo que fueron y son protagonistas en sus casas, fuera de ellas y en la vida. Mujeres que son la vida.