RESCATE EN IGÜEÑA
Los bomberos sacan a Ron de la mina
Rescatado ileso, tras cuatro horas en el agujero, un perro ‘setter’ de caza que cayó por una vieja chimenea de 30 metros de altura de la Mina Losa, cerrada en Igüeña hace más de dos décadas

Arriba, Ron y su dueño Antonio Puente, de rodillas, junto a un grupo de cazadores y amigos de Igüeña y dos de los bomberos de Ponferrada que se jugaron el tipo (izda.) para sacar al perro intacto del fondo de una chimenea de 30 metros. BOMBEROS
Cuatro horas en el fondo de una chimenea de treinta metros de profundidad, en una mina abandonada hace más de veinte años en el municipio de Igüeña, rodeado de capas de carbón y oscuridad. Así pasó ayer la mañana del domingo Ron, un perro setter acostumbrado a cazar perdices junto a su dueño, el minero jubilado Antonio Puente Álvarez, que a primera hora del día se precipitada por un agujero sin cubrir de la antigua explotación de Mina Losa y cuatro horas después era rescatado por un equipo de tres bomberos desplazados desde Ponferrada. En perfecto estado.
«Esperaba que ya estuviera muerto porque no respondía a las llamadas», decía ayer, aliviado, su propietario, antiguo picador de rampla de 60 años que pasó más de 25 en los tajos del Bierzo Alto. ¿Quién le iba a decir a él que su perro iba a acabar un día cayendo por una altura de treinta metros y un agujero de menos de metro y medio de perímetro de una antigua explotación minera?
«Yo sabía donde estaba la chimenea, pero Ron es un perro muy nervioso y al salir del coche se puso a saltar, lo sentí un poco y después dejó de ladrar». Eran poco más de las ocho y media de la mañana y Antonio Puente, que había salido a cazar perdices solo con su perro, tuvo la tentación de tender una cuerda y bajar a por Ron. «He sido picador de rampla y la mina no me da miedo», explicaba anoche, con Ron descansando en su perrera. «Pero luego pensé que podría pasarme algo y llamé a unos amigos y a la Guardia Civil y a los bomberos», añadía agradecido.
Los rescatadores venidos de Ponferrada echaron cuerdas y uno de ellos descendió con cuidado porque la falta de mantenimiento de la mina había convertido la chimenea en un agujero peligroso, con riesgo de desprendimientos. Ron estaba al fondo del agujero y lo izaron en un triángulo de rescate. Aparentemente sin nada roto. En cuanto salió, nervioso como es, ya quería batir otra vez el monte.