HISTORIA EN PRIMERA PERSONA
Del negro carbón del Bierzo a la fruta más dulce
Finca El Castro, el sueño de un exminero de la comarca, cumple dos décadas de duro esfuerzo emprendedor con la suma de otra generación
Las tres generaciones de Finca El Castro, en la nave situada en la carretera del pantano, esta semana pasada. ANA F. BARREDO
Esta es la historia del esfuerzo y sacrificio de un minero que, en lugar de irse para casa con una prejubilación, cambió todo por montar un negocio familiar para él y su mujer, y también para sus hijos. De eso hace ahora 20 años y el resultado se ve a la vista, en una gran finca plantada de manzanos y perales en la carretera del pantano, cerca de Ponferrada.
El protagonista se llama Norberto Álvarez y la finca El Castro. Situada en un entorno poco común para este tipo de plantaciones, a más 700 metros de altitud, es referente en sabor, azúcar y dureza, tres de los atributos distintivos de calidad en el mercado frutícola. La orografía y las variaciones térmicas hacen una combinación perfecta para el rendimiento de los 40.000 árboles, explica, en un entorno desde el que se divisa todo el Bierzo.
Con una producción anual de entre 300 y 600 toneladas en función del año, Finca El Castro sigue con su plan de crecimiento apoyado por el trabajo duro de toda una familia. Una familia que proviene de la minería y que un día decidió dejarlo todo para embaucarse en este proyecto. «Los comienzos fueron muy duros, con reveses fruto de la inexperiencia y la envergadura de un proyecto así; pero siempre seguí hacia adelante con la ayuda de mi mujer María Ángeles y de la familia, especialmente de mi suegro Darío que con 86 años no falla ni un solo día para echar una mano como uno más», explica Norberto a este periódico, después de una mañana de poda.
Un proyecto que nació como mera actividad productora y que en 2009, en plena crisis, decidió dar un paso adelante y montar su propio almacén con centro de procesado y cámaras frigoríficas. En años tan difíciles, la apuesta de esta familia berciana salió adelante y empezó a competir en el mercado bajo su propia marca: «Finca El Castro», principalmente en grandes mercados y almacenes.
Es en el año 2015, con la entrada de la segunda generación de la familia en la empresa, representada por Hector, uno de los hijos del matrimonio, cuando el proyecto toma un nuevo rumbo y opta por ampliar su mercado de forma notable estableciendo una red de clientes que hoy ronda la centena y que sirven mediante una red de rutas que permiten llevar el producto directamente a tienda controlando de esta manera todo el proceso, desde que la manzana es una flor hasta que llega al punto de venta. Una forma de trabajo que les ha permitido crecer notablemente en los últimos años y que les empuja a mirar con optimismo al futuro.
Nuevos proyectos que pronto verán la luz y que demuestra que a esta comarca del Bierzo, fuertemente afectada por el cierre del carbón, aún le queda mucho que decir, según dice esta familia. «Con trabajo y ganas cualquier proyecto es posible», concluye Norberto, exminero, y a mucha honra.