Cunetas con 300 víctimas
El homenaje a los ediles represaliados sirve para recordar las fosas pendientes de exhumar.

Álvarez, Alonso, Rodríguez, Courel, García y Martínez Panizo, ayer en la sala Río Selmo. ANA F. BARREDO
c. fidalgo | ponferrada
A sus 92 años, Marina Gabelas, hija del último alcalde republicano de Villafranca del Bierzo, no quiso perderse el homenaje que el Consejo Comarcal organizó ayer en memoria de los 145 regidores y concejales represaliados durante al guerra y la posguerra. «Lo pasamos mal», le decía, parca en palabras, a los periodistas que le preguntaron por sus recuerdos y por la figura de su padre, Antonio Gabelas, minutos antes de que en una sala Río Selmo abarrotada, el historiador Alejandro Rodríguez y el equipo con el que ha revisado archivos municipales —Jorge Álvarez, Manuel García y Laura Martínez Panizo— en busca del rastro de las víctimas diera a conocer un avance del estudio que han realizado sobre los ediles asesinados, o que acabaron huidos o en prisión, de los 43 municipios que entonces había en la comarca.
Marina Gabelas, que acudió a Ponferrada junto su hijo Manuel Juaneda, se mostró agradecida —recordó que Villafranca ya le ha dedicado una calle a la corporación que presidía su padre— y reconoció que fue después cuando peor lo pasaron. «Yo era una niña, jugaba y no veía la realidad. Mi madre me contó muy suavemente las cosas», afirmó.
Y en la sala esperaban otros familiares de víctimas, junto a alcaldes actuales como los de Villafranca y Puente, Castropodame y Carucedo, entre otros y de distinto signo político, para escuchar al equipo de Alejandro Rodríguez. El historiador recordó que todavía hay 300 víctimas identificadas enterradas en las cuentas del Bierzo y que en 10 de los 43 ayuntamientos les fue imposible dar con las actas. Rodríguez lamentó que la Ley de la Memoria no tenga consignación presupuestaria y se incumpla en el callejero de muchos lugares. A su lado, el presidente del Consejo, Gerardo Álvarez Coruel, junto al vicepresidente Iván Alonso, impulsor del acto, resaltaba la importancia simbólica del homenaje de ayer, con el que buscan «no pasar página, no buscar a los culpables, que los hubo, sino hacer memoria» de «algo que nunca tuvo que suceder».