La boca del túnel número 20 languidece en la estación de León
c. fidalgo | PONFERRADA
Nadie le presta atención en uno de los jardines interiores de la estación de Renfe de León, en plenas obras de soterramiento del AVE, a una piedra negra marcada con un número 20 que languidece rodeada de malas hierbas. Pero no se trata de una piedra cualquiera. Es el sillar que identificaba una de las bocas de entrada del mítico túnel de la línea entre Palencia y La Coruña donde el 3 de enero de 1944 se desató el infierno al arder los primeros vagones del tren correo 421, después de colisionar contra una máquina de maniobras que posteriormente fue arrollada por un tren carbonero procedente de Bembibre.
«Una obra de quitarse la montera», titulaba en 1987 la revista Trenes hoy el reportaje donde informaba del desmantelamiento del túnel, un proyecto que había comenzado dos años atrás y que costó 217 millones de las antiguas pesetas. Cien años después de su construcción en 1882, Renfe decidía prescindir del túnel de 160 metros en curva marcado en la memoria popular para mejorar la seguridad de la línea y retiraba más de 170 metros cúbicos de tierra y rocas bajo la dirección del ingeniero Francisco Javier Soto. La revista mencionaba el accidente ocurrido 43 años antes, pero dejaba claro que la demolición «no se debe en absoluto a aquel luctuoso suceso, sino al progresivo deterioro» de la estructura.
Para desmontar el túnel fue necesario forrar con cerchas de 120.000 kilos de acero sus 160 metros de longitud. «La dirección de obra ha rescatado piedras de mampostería originales de la boca que indicaban que este era el túnel número 20. Se prevé su ubicación ornamental junto a la trinchera», informaba la misma revista. Pero las piedras han acabado en León, en un lugar que no se corresponde con su enorme valor testimonial. Y donde nada indica lo que representan.