Cargas sin remilgos contra profesores en Chile con el silencio de los cómplices
Docentes y estudiantes secundan una huelga indefinida desde el lunes en defensa de sus derechos

Uno de los manifestantes conversa con los carabineros.
Algo no va bien en un país, como Chile, en donde se manifiestan en las calles de Santiago miles de profesores y estudiantes, en huelga indefinida desde el pasado lunes por sus derechos, y el asunto apenas aparece en los periódicos. Sólo en un breve de fotonoticia y relegado en una portada de periódico de tirada nacional, poniendo el foco en los vándalos que son los energúmenos que lanzan un artefacto casero incendiario contra la policía y les cae el combustible en la espalda, al lanzarlo.
Fuentes periodísticas a pie de calle hablaban de 75.000 personas. Taxistas, quiosqueros y profesores consultados llevaban la cifra a las 100.000 almas. Los periódicos que revisé esta mañana no daban ni una cifra. Sólo la del general de la zona metropolitana de Carabineros, Mauricio Rodríguez, que confirmaba 70 detenidos, tres de ellos pasarán hoy a disposición judicial por infracción de la Ley de Control de Armas. Mi impresión, hablando con mucha gente, es que en la manifestación de ayer en Santiago de Chile había más gente que en el histórico concierto de los Rolling en La Habana, al que asistí en el 2016.

Los carabineros chilenos controlan el orden durante la protesta. MANUEL FÉLIX
Volé desde Buenos Aires a Santiago de Chile, atravesando la Cordillera de Los Andes, y llegué de noche. Al salir de la boca del metro en la plaza Baquedano me encuentro todo el tomate estudiantil. Impacta cómo van armados los carabineros de Chile. Parecen los Madelman de aquellos años pasados.
En la calle hay un grupo de estudiantes que están más o menos tranquilos. Llevan todo el día corriendo delante de la policía. Me meto entre los dos bandos para ver la situación. Desde la parte de los estudiantes y un poco de todo, se escucha algún insulto; pero algo así como una letanía de las Hermanitas de la Caridad con lo que se suele escuchar, por ejemplo, en protestas del centro de Madrid.
Me paso al otro bando, al de los Carabineros. Me piden que me identifique y me advierten que si pasa algo es cosa mía, que me vigile. Y así lo hago. Hago fotos de sus espaldas cuadradas y cinceladas a base de artilugios de plástico duro que los hacen parecer hombres el doble de grandes.
En eso estaba cuando le escucho por el walki, al policía que dirigía la operación, ordenar que vinieran y actuaran las tanquetas que lanzan chorros de agua con químicos lacrimógenos. Salgo de allí pitando y me topo con un grupo de periodistas que van por libre y luego venden sus historias de primera línea a quien se las compre (a más bien pocos en Chile, todo hay que decirlo).

Un periodista chileno durante su trabajo en la protesta, acompañado de Manuel Félix, profesional de Diario de León. DL
Charlo con ellos y en esas aparece la tanqueta. Puedo confirmar que los profesores, estudiantes y algún que otro incontrolado no estaban ocasionando ningún altercado público de corte de calles, lanzamiento de objetos o algo por el estilo. Estaban tranquilos y, sin embargo, la tanqueta empezó a soltar chorros de agua blanca como la leche que te dejaba los ojos hinchados como platos, sin parar de llorar.
Junto a Diego Alejandro Ríos y otra periodista, que prefirió que no citase su nombre por temor confirmado a represalias, me meto detrás de las chapas metálicas de un quiosco de prensa anclado en la acera. Nos dio la vida. El agua zurraba con fuerza contra las planchas del puesto de periódicos. Pero, el tipo que manejaba la tanqueta se las sabe todas, así que decidió no tirar agua desde la torre del vehículo. Lo hizo con tuberías que salían de las ruedas, a pie de asfalto. Y todos a llorar aún más. En este caso, no de pena, aunque también.
A la mañana siguiente, a la hora de escribir esta crónica, el quiosquero al que le compré el periódico me explicó con lucidez buena parte de los motivos por los que los medios de comunicación de Chile relegan a un breve una protesta multitudinaria de profesores y estudiantes. Todo radica en los intereses entre poder y prensa, me vino a concluir.
Lo dicho, algo no va bien en un país así y pienso que si lo sucedido ayer, con la policía cargando contra profesores y manifestantes junto a la boca del Metro, se escenifica en España, en los días siguientes dimite por la presión el presidente del Gobierno.

Despliegue de los agentes antidisturbios chilenos en el marco de la protesta de profesores y estudiantes. MANUEL FÉLIX