Diario de León

Memoria de la cuenca minera

Cuando Fabero fue ‘la calefacción de España’

Manuel Enríquez escarba en las actas municipales, archivos y hemerotecas para contar la historia del municipio en la era del carbón.

Celebración de Santa Bárbara en el viejo Fabero. MANUEL PÉREZ ÁLVAREZ

Celebración de Santa Bárbara en el viejo Fabero. MANUEL PÉREZ ÁLVAREZ

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CARLOS FIDALGO | ponferrada
Ponferrada

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Hubo un tiempo en que las pegatinas que adornaban la carrocería de los coches de los mineros ponían ‘Fabero, la calefacción de España’. Y no era para menos, porque de Fabero procedía la antracita que calentaba las estufas de Madrid, el carbón que alimentaba la calderas de muchos lugares del norte frío del país. Solo Antracitas de Fabero llegó a superar el millar de trabajadores en sus mejores años, un número que visto hoy, con todas las minas cerradas, con todos los pozos convertidos en esqueletos que solo reviven al paso de los primeros turistas, parece increíble.

De recordarnos el pasado minero de Fabero se quiere encargar ahora el periodista Manuel Enríquez, durante un cuarto de siglo corresponsal de Diario de León y de Radio Bierzo en la cuenca minera, ex trabajador de Antracitas de Gaiztarro y desde que dejó la crónica diaria en 2011 empeñado en escarbar en las actas municipales, en archivos y hemerotecas para contarnos en un libro que está en su recta final la historia del municipio en los años del carbón. Aquellos que van desde 1933 hasta el día en que cerró su libreta de notas.

Y la fecha de 1933 no es casual. «El 9 de diciembre de ese año, los trabajadores del Sindicato Único Minero, afín a la CNT anarquista proclamaron el comunismo libertario y quemaron toda la documentación del Ayuntamiento. Después tomaron Vega de Espinareda y bajaron en camiones hasta Cacabelos, donde el Ejército les hizo volver a casa», contaba ayer Enríquez para recordar que antes incluso de la famosa revuelta minera de Asturias de 1934 que tuvo sus coletazos en el Bierzo —en Bembibre quemaron la iglesia— en Fabero ya hubo un conato de revolución.

Enríquez ha buceado en los libros de actas para glosar los cambios que fue experimentado Fabero, desde la construcción en 1933 de las escuelas en la actual calle Río Cúa y en Lillo, la decisión de la primera corporación franquista de «adueñarse de la mina comunal de Bárcena de la Abadía para pagar los daños de las revueltas mineras», a la creación en 1948 de Antracitas de Fabero, la traída de agua en los años sesenta, las huelgas y encierros, o el final del carbón, sentenciado desde la reconversión de los 90. Enríquez, eso sí, pide paciencia a sus vecinos para que le dejen escribir el final de la historia. Ahora que cada vez quedan menos calefacciones de carbón.

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