Cuatro socias impulsan en Toral de los Vados una de las primeras fábricas textiles bercianas, que estos días enseña el oficio a un grupo de mujeres
Tejedoras de futuro
Llevan poco más de un año funcionando y en ese tiempo han consolidado una de las primeras fábrica
Al entrar en el la fábrica de Confecciones Textiles Toral, es fácil imaginar que la iniciativa surgió de un grupo de mujeres que aman su trabajo. Herminia Losada es una de las modistas de la empresa que tras un curso del Formic, decidieron tener una fábrica propia, única en el Bierzo de sus características. Aunque actualmente los recursos económicos son escasos, dadas las inversiones que se han tenido que realizar en la maquinaria necesaria, la fuerza e ilusión con las que estas mujeres desarrollan su trabajo es sencillamente admirable. Y más ahora que, durante más de un mes, han tenido nuevas compañeras. La Cruz Roja ha sido la organizadora de un curso para 15 mujeres que, simplemente, no han tenido una vida fácil. Todas provienen de diversas organizaciones de apoyo social y han demostrado en la fábrica que pueden realizar distintas labores como el que más. «Están muy contentas. Lo malo es que ahora que empiezan a aprender, se acaba el curso», cuenta Herminia Losada. Todas las alumnas se organizan en una especie de cadena de la que surge todo tipo de vestuario: ropa laboral, uniformes, mantelería. Sólo existe un problema, que se llama competencia. Son muchos los negocios que recurren a casas de gran prestigio para adquirir el tipo de productos que también en Toral generan, no sólo más cerca, sino que con más cuidado. Así, en este taller tienen que competir con una gran calidad y precios muy asequibles, lo cual hace difícil, a su vez, la contratación de mano de obra: «Hay muy poca gente dispuesta a trabajar por lo que podemos pagarle aquí». El lunes, las mujeres del curso que colaboraban con las nueve componentes de la cooperativa, se irán. Muchas de ellas comenzaron sin ningún tipo de conocimiento de costura y, sin embargo, han encontrado en el taller algo que realmente les gusta. Por eso, si la fábrica sigue adelante, puede que en un futuro puedan realizarse nuevas iniciativas en las que muchas personas puedan llenar sus vacíos con el cariño y el trabajo que ofrecen a diario estas modistas. Para ello, Herminia reconoce que les hace falta algún apoyo económico con el que, hasta hoy, no cuentan. En la fábrica textil de Toral, entre máquinas cortadoras, telas, hilo y patrones, se encuentra un ambiente realmente envidiable, el de un grupo de mujeres ayudando a otras que, lejos de darse por vencidas, tejen un futuro repleto de posibilidades.