DESDE MI RINCÓN Rita Prada
Más de lo mismo
Tengo la sensación de que el verano y, por consiguiente, el descanso vacacional no ha comenzado. Si bien es cierto que el buen tiempo ha brillado por su ausencia, que el frío y los escalofríos han predominado a lo largo del pasado mes de agosto y que la sequía, a diferencia de otros lugares de la geografía peninsular, nos está agobiando y raspando nuestras gargantas, se supone que el cuerpo y la mente necesitan despejarse para que alcanzando el máximo relajamiento posible podamos afrontar con nuevas energías el trabajo cotidiano que tenemos que desarrollar a lo largo de los meses que restan y así poder poner punto y final, con una cierta elegancia, a un año movidito del que seguramente tendremos recuerdos permanentes. El verano del 2002 se recordará como el año donde la tregua vacacional fue tan efímera que casi, casi ni existió. Me refiero a los rifis rafes permanentes con los que tanto el gobierno municipal como la oposición suelen deleitarnos mas a menudo de los que los ciudadanos quisiéramos. Tengo la seguridad de que tanto los unos como los otros están convencidos que la razón les acompaña y que las réplicas, afortunadas algunas veces y desafortunadas las más, captan el sentir del ciudadano y mantienen despierta su atención. De ahí que consideren que su actuación es la correcta. Con el máximo respeto hacia todos y siempre bajo mi particular punto de vista ¡no tienen ni puta idea!. Tener opiniones diferentes y discrepancias casi insalvables enriquece el ambiente político y la ciudadanía lo sabe, lo entiende y está de acuerdo, pero los insultos, los malos modos, la prepotencia y la soberbia deterioran y crispan ese mismo ambiente contribuyendo a que el hartazgo sea colectivo y monumental. Me pregunto si nuestros cargos públicos tienen conciencia de lo alejados que están de la realidad. Sinceramente creo que pisar la calle no es lo suyo y que pararse a escuchar y a platicar con sus potenciales electores no es cosa que hagan, ni siquiera de cuando en cuando, como si de un paseo matutino o vespertino se tratase. Al no detectar in situ la opinión, me atrevería a decir que de manera generalizada decepcionante, de los ciudadanos, el divorcio entre la clase política dirigente y la ciudadanía termina siendo tan real como la vida misma. Nuestra desgracia es que confiamos en los que votamos y muchas veces las expectativas depositadas en ellos nos dejan mal sabor de boca. No es la primera vez que deseo que un mandato municipal llegue a su fin pero en esta ocasión ese deseo es prioritario, por encima de cualquier otro.