El director de Administración pregonó los festejos
Fernández augura a los bembibrenses «un futuro de trabajo y esperanza»
No fue un pregón rico en matices literarios, ni en ideas ingeniosas, como su propio autor se encargó de anunciar, pero no le faltó humor ni desparpajo. Con la saludable capacidad de reírse de su
Eduardo Fernández huyó ayer de la lírica y advirtió al millar de bembibrenses congregados a los pies del balcón del Ayuntamiento que la corporación municipal había cometido «la insensatez» de hacerle pregonero. Y sin líricas, «ni poesías vietnamitas», el director general de Administración Territorial solventó «el papelón» de ser pregonero en Bembibre recurriendo al desparpajo y evitando «el insufrible plomazo» y la «estúpida osadía» de pretender superar otros pregones más ingeniosos y más graciosos. «Ser original es un mérito, pero querer serlo es un defecto», dijo para justificar su tono coloquial y después de agradecer a al alcalde, Jaime González, y los bembibrenses, que hayan confiado en un ponferradino el honor de abrir sus fiestas. «Gracias por haber superado las diferencias que me pudieran haber distanciado de vosotros, que habéis hecho desaparecer los kilómetros que separan Ponferrada de Bembibre y la distancia que media entre mi actual estancia en Valladolid y esta fiesta». Y es que siendo de Ponferrada, Eduardo Fernández, aseguró tener motivos para envidiar, sanamente, a los bembibrenses. «Envidio la suerte que tenéis de pasear por estas plazas y avenidas, como os envidio el trato de vecino que conoce al vecino, y al vecino saluda y trata», dijo. Y no se olvidó de pregonar que los bembibrenses tienen futuro. «Lo digo, lo repito y lo pregono donde vaya. Que si uno sale de aquí y ve Bembibre en la serena distancia de la lejanía, ve la ciudad y sus calles y sus gentes; y por delante, un enorme terreno de futuro y de esperanza».