OPINIÓN César Gavela
Un berciano en la corte de Bin Laden
Edelmiro Candín nació en Sancedo en 1951, donde hizo vida de campo y escuela hasta que cumplió los diez años. Estudió luego el bachiller en Ponferrada y se alojó, durante ese tiempo, en la casa de doña Pía de la Bálgoma, en la calle Once Mil Vírgenes. En aquella fonda Edelmiro conoció a un hombre maduro que había sido líder sindical durante la República. Este hombre, Berto Bello, le abrió los ojos de la política y lo enemistó, para siempre, con el régimen de Franco. A los dieciocho años, Edelmiro Candín se fue a estudiar a Madrid. Matriculado en Periodismo, hizo la vida del revolucionario: no iba a clase, organizaba huelgas, fumaba mucho, visitaba a los presos de Carabanchel, corría delante de los guardias y conoció los oscuros lances de las comisarías. Su casa era un piso de estudiante que compartía con tres gallegos: una vivienda en la que Edelmiro leyó a todos los grandes teóricos marxistas y donde alcanzó sofisticadas cimas en el arte de la masturbación. En 1972 Edelmiro se hizo militante de un partido comunista extraño, escindido de una previa fusión de pequeñas células de leninistas castellanos. Vinieron así años muy áridos y activos, en los que Edelmiro asistió a miles de reuniones orgánicas y a cientos de manifestaciones, todo ello sazonado con graves disgustos entre camaradas, algún que otro fracaso amoroso y abundantes borracheras. Quince años después, Edelmiro Candín era un hombre soltero y pobre, empleado en una tetería de Granada. Fue por entonces cuando murió su padre y cuando doña Pía de la Válgoma accedió, por fin, a los favores carnales que tanto le solicitara su ya muy anciano cliente don Berto Bello. Los hechos, a partir de aquí, se disparan: en 1996 Edelmiro Candín, que estaba decepcionado de la fe comunista pero que anhelaba otra religión y otro rigor ortodoxo, se hizo musulmán. Y como siempre fue fiel a sus raíces bercianas, tomó el nombre de Abú-Guímara. Dos años después trabó contacto con un agente de Bin Laden en la casa de un traductor sudanés que era cliente de la tetería. Cada vez más implicado y comprometido con Al Queda, Edelmiro viajó a Kabul en 1999, donde, siempre folklórico, hizo pública abjuración del reseco botillo que le había enviado su madre a Granada meses atrás. En 2000 entró en el círculo secreto de Bin Laden y una semana antes del 11-S habló por teléfono con Mohammed Atta, que le escuchó desde una marisquería de Hamburgo. Noventa días después, en diciembre de 2001, el cadáver de Edelmiro Candín apareció en una cueva de Tora Bora. Descanse en paz.