Diario de León

MOLÍN AMPUERO Manuel Cuenya

Y al final clavarán las palas eólicas

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León

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Resulta difícil luchar contra los gigantes, los monstruos del despotismo capitalista. A fin de cuentas ellos van a querer salirse con la suya, al precio que sea. Los gigantes, tras su apariencia de hombretones emprendedores y generadores de riqueza, acabarán clavándonos sus palas eólicas, sus espantajos de horror, en nuestros parajes hechos de ensueño y deliciosa naturaleza. Pero a los gigantes no les importa la estética, la belleza natural, el entorno bucólico, los campos que nos invitan a pintar impresiones de color. Nada entienden de líricos sentimientos. Tienen la sesera atrofiada de la mierda ingerida. Son unos botarates y unos trepas asquerosos, que con sus acciones canallas nos provocan el vómito existencial. A los gigantes de los vientos lo único que les importa es sacar tajada so pretexto de que los parques eólicos son una fuente de alimentación para la comarca del Bierzo. Si es costa de alterarnos el entorno, que se metan sus molinillos, sus fuentes de ingresos y sus puestos de trabajo por donde les quepa. El Bierzo, desde tiempos que ya forman parte del inconsciente colectivo, ha sido una comarca explotada, esquilmada, sangrada como un cocho en época de San Martino. El Bierzo, en manos de algún suizo o algún judío, podría haberse convertido en un mundo maravilloso, una comarca rica y organizada. Ahora sólo nos queda apechugar con lo que tenemos. "No queremos ser quijotes -dice Laudino García-, pero si comienzan a instalar torres de aerogeneración por la fuerza, será la guerra". Estamos de acuerdo con el alcalde de Igüeña en que un parque eólico entre Colinas del Campo y Fasgar sería una salvajada, un delito a escala natural de gran envergadura. No podemos perjudicar al turismo rural y atentar de un modo vil contra la ecología. No podemos permitir, bajo ningún pretexto, que nos planten esos horribles molinos en Colinas del Campo ni en Fasgar ni en Noceda del Bierzo... ni aun en otros lugares en los que cantan los urogallos su poética entonación de gloria. En ningún caso se debería permitir que nos rompieran el paisaje. Ya bastante hemos sufrido con las escombreras de carbón y los cielos abiertos. El pueblo, los pueblos, deben tomar conciencia y cartas en el asunto, y no dejarse engañar por una panda de capullos, que lo único que buscan son sus propios intereses. Aunque resulte difícil luchar contra los monstruitos, intentaremos, en la medida de lo posible, sacar lanza quijotesca y coraza de guerrero aguerrido para hacer frente y luchar en el campo de batalla. Un campo (o campa), que debido a sus incalculables valores naturales, merece que se defienda con honor y mucha entrega

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