Diario de León

OPINIÓN Manuel Bernardo. Presidente de la Asociación Cantharellus

Las setas y la ley

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Las personas que esto lean, se preguntarán, cuál es la razón por la que desde el Bierzo, desde la Asociación Micológica «Cantharellus» pedimos con insistencia a la Junta de Castilla y León y a las Cortes, una ley que regule los aprovechamientos de setas. Pensarán que seres tan diminutos no deben tener trato tan cualificado, pues el ordenamiento jurídico, la ley es la fuente principal. Pero la respuesta es sencilla: los hongos, dentro de los seres vivos, conforman un extenso grupo de organismos y microorganismos, y son un reino independiente al de los animales y las plantas. Tienen gran importancia en la industria, en la medicina, en los alimentos, y en el medio natura. Son sus formas de vida, variadas: saprófita (descomponedora), parásita (a costa de) y simbiótica (en común), esta última de gran importancia en el crecimiento de plantas y árboles, y objeto de numerosos, importantes y recientes estudios. Por ilustrarlo con un ejemplo, en Canadá, todas las repoblaciones forestales se hacen con planta micorrizada, que así es llamada la simbiosis: «micorriza». El resultado de esta unión provechosa es que el árbol crece más, se calcula que un metro por año, y se obtienen setas comestibles, como valor añadido. La nutrición de los hongos es heterótrofa (de materia ya elaborada) y su reproducción es por esporas. Todas estas características peculiares , unidas al gran número de especies (más de 300.000) promovieron su distinción como Reino (Whitaker, 1969). El «fruto» de algunos hongos son las setas, tan de moda últimamente por su ligazón al turismo, a la gastronomía, a las Jornadas Micológicas, al consumo, a la búsqueda de «lo natural», y de lo «ecológico», por parte de muchas personas, que están contribuyendo en alguna medida a que el Medio Natural tenga la importancia que le corresponde, y sea el beneficio, el disfrute y la herencia. Pero estos productos naturales, las setas, y fundamentalmente su pervivencia en los ecosistemas, su consumo y su venta, tienen que ser regulados adecuadamente por las autoridades y por nuestros representantes políticos. La «casa» debe cimentarse adecuadamente, con una ley que reúna, contemple y module los aspectos medioambientales (ecológicos), sanitarios (consumo) y comerciales (venta) de setas. Debe escucharse en el proceso de realización de la ley, a los Micólogos de las diferentes facultades de las universidades: biólogos, veterinarios, forestales, farmacéuticos, médicos, químicos, agrónomos y otros, seguro que aportarán ideas importantes. Es probable que tanto los profesores de secundaria como los de primaria colaborarán con entusiasmo. Tiene que oírse la voz de las Asociaciones Micológicas de Castilla y León, que pronto formaremos federación (FAMCAL), y que estamos en el día a día del estudio, la identificación, el asesoramiento, la prevención y la divulgación de los hongos y de sus «frutos», las setas, organizando múltiples actividades. Reiteradamente hemos pedido, sin respuesta, a la Consejería de Medio Ambiente, esta ley reguladora. Deberán contemplarse en la ley, los aspectos económicos, la venta de setas, los intermediarios, las tasas, los cotos, las licencias, regulándolos concienzudamente, pues no olvidemos que la falta de regulación de estos aspectos, y sobre todo la falta de regulación de la venta, unida a agentes infecciosos (hongos causantes de la saprolegniasis), y a la contaminación, fueron los que casi exterminan a las truchas de nuestros ríos. Dicha ley tendría que enumerar los aspectos ecológicos: tamaños mínimos, cantidades máximas, especies protegidas, formas de recolección. Estas cuestiones que pueden sonar idílicas y utópicas, están reguladas en Suiza, Italia, Alemania, Francia y son todos los años complementadas. Son fundamentales y de vital importancia los aspectos sanitarios: algunas setas son alimentos, y varias especies son tóxicas y otras venenosas, por lo que, antes de ser consumidas, deben ser identificadas botánicamente, una por una, a fin de determinar el género y la especie por persona cualificada para ello. En los establecimientos públicos la facultad inspectora corresponde a los Servicios Veterinarios, pero en los hogares somos los particulares los que consumimos lo que queremos. Si todos los alimentos pasan un filtro inspector, ¿por qué muchas setas no? Deben adecuarse mecanismos inspectores para prevenir accidentes y envenenamientos que suceden todos los años. La ley debe fijar infracciones y sanciones. Una destacada autoridad de la Junta de Castilla y León declaró que la regulación de las setas consistía en poner cotos y licencias para ellas: impuestos, alcabalas y restricciones, si queríamos comerlas, tendríamos que ir a los restaurantes. Justo lo contrario de lo que pedimos. ¿Se imaginan la caza y la pesca con licencias y cotos, pero sin una ley previa? Hágase la casa por los cimientos, atiéndase más a las Asociaciones, y comprendan los gobernantes, que las connotaciones lúdicas y gastronómicas de las setas son las últimas; las primeras y principales son sanitarias, medioambientales y comerciales.

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