DESDE MI RINCÓN Rita Prada
Influjo hipnótico
Cuando esto escribo ya tengo muy claro de que la marea negra existe, no siempre fue así. A lo largo de este último fin de semana vi la luz , porque no se crean las dudas algunas veces acechan. Tenía dos alternativas, considerar que lo que pasaba era un cuento gallego con mucha imaginación o, por el contrario, una realidad palpable. Bien pensado, la culpa era solo mía y de mi incorregible manía de intentar navegar en diferentes fuentes de información. Es decir, mi creencia dependía de la elección de los medios radiofónicos y televisivos que elegía para ilustrarme. Pero lo chungo del caso es no saber a que carta quedarse porque, emulando a santo Tomás, ver para creer y eso estaba bastante difícil. El más que posible influjo hipnótico me tenía bastante desconcertada. Primero, ¿quién me convencía a mí de que el gobierno autonómico gallego y el gobierno de la Nación no estaban en posesión de la razón?; fueron innumerables las manifestaciones y repeticiones de que no pasaba nada y que la alarma creada era cosa de agoreros y antipatriotas desestabilizadores; los hilillos negros que asomaban por el horizonte no representaban ningún peligro para nuestras costas y mucho menos desestabilizaría nuestra fuente de riqueza, pero, si por razones ajenas a su voluntad y contradiciendo las órdenes del todopoderoso, llegase la gran mancha, todo estaba preparado para combatir tal adversidad y tamaña osadía. ¡Creíble!. Segundo, ¿quién me convencía a mí de que la información que escuchaba a través de las ondas no era una patraña y que las imágenes televisivas no estaban trucadas?. Llegué a pensar que aquello que oía y veía era un engañabobos cuya finalidad era desacreditar y desautorizar a dichos gobiernos. ¿Creíble?. La única forma de salir de la duda era acercarse al lugar de los hechos y comprobar in situ si esa mierda negra y viscosa que veía a través de la pantalla de mi televisor ensuciaba manos y ropa y así, viéndolo y palpándolo, me convencía. No fue posible el desplazamiento. El tira y afloja de tanto desacierto no podía durar mucho más. La triste realidad es que los inofensivos y simples hilillos viscosos se han confabulado para llevar la contraria a medio gobierno y de la marea que nunca existió hemos pasado a una, dos, tres o infinitas mareas negras, porque este desastre no tiene visos de parar. El petróleo, el fuel o lo que sea sigue saliendo a la superficie manchando arenas y rocas y destrozando todo signo de vida allá por donde pasa y todavía hoy el gobierno, o lo que sea, no tiene la mente muy despejada.