Diario de León

En busca del padre berciano del maquinista de Angrois

Pocos datos se saben de la familia ponferradina de Francisco Garzón

El maquinista del Alvia, el día del accidente, saliendo ensangrentado del tren. EFE / X-A-SOLER/M. FERREIRÓS

El maquinista del Alvia, el día del accidente, saliendo ensangrentado del tren. EFE / X-A-SOLER/M. FERREIRÓS

Ponferrada

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Poco se sabe en la capital berciana de Eusebio, el padre del maquinista del accidente del Alvia de Angrois. Apenas que era de Ponferrada y que su hijo siguió la tradicion familiar.

El juicio por el accidente del tren Alvia, ocurrido en julio de 2013 cerca de Santiago de Compostela, ha entrado en su recta final con un nuevo documento presentado por el abogado que ejerce la defensa del maquinista.

En su escrito, aporta «lo que son las normas de ingeniería que estaban vigentes desde marzo de 2011», según ha constatado la jueza Elena Fernández Currás, algo que puede sembrar nuevos interrogantes sobre qué ocurrió y quién tuvo la responsabilidad final en el accidente

En el barrio donde vive Francisco José Garzón —divorciado y sin hijos— en La Coruña, nadie habla mal de él. Tampoco en el municipio donde nació, Monforte de Lemos, donde empezó hace casi 40 años a seguir los pasos de su padre como peón suministrando combustible a máquinas de gasoil en la estación de tren.

Pasados los años, Garzón se hizo ayudante de maquinista. Pero no llegó a ser conductor hasta no hace tanto tiempo. Debutó en Barcelona, y luego estuvo unos años en Madrid. Hasta que en 2010 decidió pedir el traslado a Galicia para estar cerca de su madre Y entró en el centro de trabajo de los conductores de los Alvia que recorren la vía Ourense-Santiago. Hasta el fatídico 24 de julio de 2013, cuando un despiste hizo que el tren que conducía descarrilara en su 61 vuelta a la curva de A Grandeira.

El accidente ferroviario del Alvia fue el más grave de la democracia española tras provocar 80 muertos y 145 heridos en julio de 2013 en el barrio compostelano de Angrois. Al maquinista y el exdirector de seguridad de Adif, la justicia imputa 80 supuestos delitos de homicidio, 145 de lesiones y uno de daños por imprudencia profesional grave. La reclamación total por daños y perjuicios en materia de responsabilidad civil asciende a unos 57,69 millones de euros. El fiscal del caso les pide cuatro años de cárcel.

Cada testimonio ofrece su particular versión. Entre los últimos, el de Manuel Conde García, jefe del área de investigación técnica de accidentes de Renfe que elaboró un informe sobre el siniestro. Esta semana pasada dijo en el juicio que si el maquinista hubiera zanjado en medio minuto la llamada de 100 segundos, pues «estaríamos en los parámetros de no descarrilamiento». A las 20:39 horas del 24 de julio de 2013 el móvil corporativo del conductor Francisco José Garzón Amo que circulaba a 199 kilómetros por hora sonó. Era el interventor de a bordo Antonio Martín Marugán, y la conversación telefónica se inició justo a las 20:39:15, cuando el hombre que iba al volante y que se encuentra procesado respondió. «Es excesiva la duración» de esa charla, apostilló en sala Conde García, hoy jubilado, informa Efe. A las 20:41:02 exactas, en el punto kilométrico 84/171, el convoy pasó por la baliza de señal de entrada a la bifurcación de la curva de A Grandeira, la del accidente, y hubo un aviso acústico. La velocidad, consta en el análisis elaborado por Conde, era ahí de 197 kilómetros por hora. A las 20:41:06, en el punto 84/413, es cuando comienza el sonido de arrastre, a 179 kilómetros por hora; a las 20:41:10 se aplica el freno de emergencia y ya a las 20:42:44 se detiene definitivamente el tren.

Conde García ha declarado que la pérdida de la conciencia situacional que alega el maquinista se produce por esa llamada que «recibió en un tramo complicado» y que «no tendría que haberse producido» al no revestir carácter de urgencia, pues era para facilitar en Pontedeume (A Coruña) la bajada de una familia que iba a apearse hora y media después.

Este perito ha atribuido el infortunio a un «exceso de velocidad» como causa directa y ha hecho hincapié en que la infraestructura de la vía cumplía la normativa de entonces y en que la señalización no contravenía reglamento alguno, de manera que no existía «anomalía» posible. Respecto a si el ERTMS en el caso de estar conectado hubiese evitado la tragedia ferroviaria, ha indicado que «puede ser que sí, puede ser que no», «depende». De todos modos, sí ha defendido que es «más seguro» circular con Asfa que «sin ninguna ayuda», porque «el factor humano, cuanto menos intervenga, mejor».

Francisco José Garzón, el maquinista del Alvia accidentado en Angrois, declaró en los primeros días del juicio, que no había la señalización necesaria antes de llegar a la curva da Grandeira, que fue imposible frenar el tren y que «le hubiera pasado a cualquiera» en su situación.

Francisco José Garzón sólo respondió a preguntas de su abogado. Empezó nervioso y dubitativo con las primeras preguntas, pero fue tranquilizándose a medida que avanzaba la sesión. Muchos ya le han condenado.

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