Artem, el niño ucraniano que no quería aprender español y ahora pronuncia discursos
Ponferrada conmemora el aniversario del recrudecimiento de la guerra de Ucrania con un emotivo acto que da voz y pone rostro a los refugiados que han encontrado aquí una nueva oportunidad

El Ayuntamiento organiza un emotivo acto con motivo del primer aniversario del recrudecimiento de la guerra y la invasión generalizada de Ucrania por parte de Rusia. Varias familias de refugiados han sido las protagonistas.
Cuando Artem llegó a Ponferrada ni entendía ni pronunciaba una sola palabra en español. Tampoco quería. Venía de estar al raso, entre barro y desesperación en la frontera que su madre Svitlana eligió para abandonar Ucrania junto a sus hijos. Vladimir Putin había ordenado la invasión de su hogar y no tuvieron más remedio que huir sin saber muy bien a dónde.
De eso hace casi un año y hoy, que se conmemora el primer aniversario de aquel 24 de febrero de 2022 en el que las sirenas antiaéreas avisaron de que nada iba bien, Artem habla un castellano fluido. En unos pocos meses ha aprendido a expresar perfectamente lo que siente sin necesidad de un traductor. Y lo que siente es, sobre todo, agradecimiento hacia la familia que ha formado en Ponferrada. Artem tiene 13 años y es un refugiado de guerra. Uno de los niños que este viernes ha protagonizado el acto de solidaridad con el pueblo ucraniano organizado por el Ayuntamiento de Ponferrada.
"Solo tengo un deseo, que acabe la guerra para que mi país vuelva a ser el de antes ". Con esta frase concluyó Artem su intervención. Su madre Svitlana había hablado primero, en un ucraniano rotundo. No hizo falta entender sus palabras para saber lo que estaba diciendo y, sobre todo, lo que sentía. El traductor confirmó la certeza de que Svitlana es una mujer fuerte. No le queda otro remedio. Durante su discurso, la voz únicamente se quebró un poco cuando recordó los primeros días, aquellos momentos inciertos dominados por "el miedo y la desesperación", porque "todo era extraño y desconocido".
No sabía en quién confiar o si tan siquiera podía hacerlo. Muchos de sus compatriotas -recordó- no superaron ese temor a la incertidumbre y acabaron regresando a su país. Ella resistió, cobijada por Nancy Prada, y esta mañana ha sido la portavoz de esas madres que se fueron con lo puesto para mantener vivo el futuro, sobre todo el de sus hijos.
En las butacas del salón de plenos del Ayuntamiento de Ponferrada había más madres. La pena está grabada en la mirada de todas y brotó en un torrente de lágrimas durante la proyección de un vídeo en el que se repasaron los hechos más relevantes que han marcado la historia reciente de Ucrania.
Allí, están (o estaban) sus maridos y la práctica totalidad de su familia. Allí, en aquel país que ahora ven en la distancia que permite una pantalla, está su casa. Allí se quedó su vida. Allí dejaron más de la mitad de su corazón.
La Corporación municipal al completo presenció el desarrollo del acto con un nudo en la garganta. Al alcalde, Olegario Ramón, le costó remontar tras la proyección del audiovisual y tuvo que tragar saliva varias veces para dar continuidad al discurso ensayado.
Nadie ocultó la emoción en ningún momento y solo la inocencia y la extroversión de los niños de menor edad lograron romper la monotonía de un amargor que quedó disuelto definitivamente con la creación de un lienzo en el que varios niños y adolescentes dejaron sus manos marcadas, Azul, amarillo y rojo. Esos fueron los colores. No hace explicar por qué.
Así, con un acto sencillo entre banderas de Ucrania y vidas reales conmemoró Ponferrada el primer aniversario de aquel 24 de febrero de 2022 en el que la vida cambió para siempre.