Diario de León

LA ALDEA BORRADA DE TORRE DEL BIERZO

Los ocho molinos que vencieron al cielo abierto que devoró Santibáñez

Promonumenta prepara una hacendera que incluirá los lugares donde se molía y que sobrevivieron a la mina que se tragó al pueblo

Imagenes de la última hacendera de Promonumenta en Santibáñez de Montes y de los ocho molinos que esquivaron el cielo abierto que devoró el pueblo.

Uno de los ocho molinos que esquivaron el cielo abierto que devoró el pueblo.CHEMA VICENTE/PROMONUMENTA

Ponferrada

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Quizá no sean gigantes, solo molinos, pero con el paso del tiempo han vencido al cielo abierto que devoró al resto del pueblo. La aldea borrada de Santibáñez de Montes, una localidad que dejo de existir en los papeles y en los mapas un día del año 2010 por acuerdo del Ayuntamiento de Torre del Bierzo —vacía desde hacía cuarenta años y devastada por las voladuras de la mina al aire libre de Antracitas de Brañuelas— escondía un secreto entre las zarzas; ocho molinos harineros en el arroyo Valdivieco, alguno de ellos muy bien conservados, que las hacenderas organizadas en los dos últimos años la asociación Promonumenta para limpiar las ruinas del pueblo ha puesto de nuevo al descubierto. El próximo 20 de abril, los voluntarios del colectivo que defiende el patrimonio también les dedicarán tiempo cuando acudan a desbrozar lo que queda de la iglesia de San Juan Evangelista y los restos de algunas viviendas de Santibáñez que, casi como un milagro, aún quedan en pie.

«El molino de mi abuelo, Antonio Viloria, todavía está en muy buenas condiciones», aseguraba este miércoles Julio Viloria, que todavía fue testigo de las últimas moliendas en el valle situado a las afueras del pueblo. Molinos que tuvieron propietario y que hoy son una ruina sin dueño. Incluso en el de Antonio Viloria, que tuvo ocho hijos, sería muy complicado reunir a sus herederos. «Eso lo damos ya por perdido», cuenta julio.

Santibáñez de Montes cuando todavía estaba habitado.

Santibáñez de Montes cuando todavía estaba habitado.DL

Son vestigios de un mundo rural que ha desaparecido; una sociedad donde muchas familias contaban con su propio molino cerca de una corriente de agua para triturar los granos de trigo y de centeno y obtener la harina con la que amasar pan. Y su funcionamiento era muy sencillo. «El agua movía el rodiezno. El rodiezno la piedra voladora, que apretaba el grano contra la piedra y la harina caía por una trampilla hasta el cajón de madera», cuenta Julio Arias,

Los ocho molinos que han sobrevivido —aunque uno de ellos es prácticamente una ruina— dejaron de utilizarse entre los años sesenta y setenta. Ya en los últimos años de vida del pueblo, Julio recuerda que su abuelo Antonio, dueño de una cantina en Santibáñez, bajaba a caballo por el monte —no había otra forma de hacerlo— para comprar el pan en una panadería de Torre del Bierzo y revenderlo en un establecimiento donde servía vino, anís y coñac.

El pan de panadería orilló la molienda del trigo. La gente dejó de amasar en sus casas. Y los molinos de agua quedaron en desuso. El resto de la historia de Santibáñez ya la hemos contado en otras ocasiones en este periódico. La gente se fue del pueblo. Y la mina que había dado de comer a la aldea, con mineros venidos de Galicia y la vecina Maragatería, acabó por devorar las casas vacías. Antracitas de Brañuelas, que explotaba la mina subterránea a las puertas del pueblo acabó en manos de Victorino Alonso, que echó al último ganadero que usaba las casas como cuadradas cuando a mediados de los años noventa fue comprando, una a una todas las propiedades. El pueblo, literalmente, fue saltando por los aires, y el cielo abierto se lo comió todo.

La iglesia también se vino abajo. La Junta Vecinal de Santa Marina de Torre trasplantó en 2018 el antiguo arco en el templo del pueblo vecino. Y un buen día los voluntarios de Promonumenta aparecieron por lo que queda de Santíbañez, retiraron algunas zarzas, y los lugares de donde salía la harina, gracias a la fuerza del agua, emergieron como las ruinas de una civilización perdida.

Imagenes de la última hacendera de Promonumenta en Santibáñez de Montes y de los ocho molinos que esquivaron el cielo abierto que devoró el pueblo.

Uno de los ocho molinos que esquivaron el cielo abierto que devoró el pueblo.CHEMA VICENTE/PROMONUMENTA

Imagenes de la última hacendera de Promonumenta en Santibáñez de Montes y de los ocho molinos que esquivaron el cielo abierto que devoró el pueblo.

Ultima hacendera de Promonumenta en Santibáñez de Montes.CHEMA VICENTE/PROMONUMENTA

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