LIBROS
Corullón recuerda al poeta Antonio González-Guerrero a los 20 años de su muerte
Lectura de versos del autor de 'El país de la nieve' y de 'Cátulo en Malasaña' en la Casa de la Cultura el sábado 7 a las 17.00 horas

Detalle del cartel que anuncia el homenaje al poeta Antonio González Guerrrero en Corullón.
El peso de mi sombra, El país de la nieve, Pentagrama de junio o Cátulo en Malasaña son algunos de los títulos que Antonio González-Guerrero (Corullón, 1954-Madrid, 2004) escogió para sus poemarios. El poeta que hablaba de la conspiración de los astros, del hilo de los sueños y de la aguja de los mares, el hombre "heterodoxo, libre y auténtico", como lo definió el futuro escritor Emilio Gancedo en el obituario que publicó en este periódico, murió hace ya veinte años. Y para recordarlo, el Instituto de Estudios Bercianos, el Ayuntamiento de Corullón y las asociaciones locales San Esteban y Amigos de Corullón han organizado una lectura de sus versos para este sábado 7 a partir de las 17.00 horas en la Casa de la Cultura de la localidad donde nació. Emilio Vega, Isabel Buelta, la locutora Yolanda Ordás y Ana Carballo, que desde el IEB ha coordinado todo para hacer posible el acto, participarán en un recital abierto a todo aquel quiera participar y que contará con la música de la cantautora Esther Lanzón.
Nacido en una familia de labradores bajo el signo de Escorpio, Antonio González-Guerrero terminó sus días en Madrid -en su último poemario, Cátulo en Malasaña, "muestra abiertamente su homosexualidad con un verso muy inmediato y pegado al terreno, pero al mismo tiempo culto, que bebe de la vida arrabalera del Madrid nocturno", decía en su obituario Emilio Gancedo-, pero el rastro de Corullón, de su paisaje, y de su familia es bien visible en su obra y así lo recordaba este miércoles el alcalde, Luis Alberto Arias, que también participará en el homenaje. "El reflejo de Corullón está presente en lo que escribió", afirma Arias.
Autor honesto que huía de la autocomplacencia, a González-Guerrero le costaba reconocerse como poeta. "Poeta es una palabra tan sublime y a la vez tan etérea que a mí me da mucho miedo pronunciarla. Los que se dicen poetas suelen ser unos impertinentes de tomo a lomo, unos petulantes sin medida. Yo no soy un poeta; soy un hombre que escribe versos y a veces, ¡ojalá!, hace poesía", le decía al crítico leonés José Enrique Martínez, en una temprana entrevista de principios de los años noventa en el suplemento Filandón, también en este periódico.
González-Guerrero, traductor, crítico literario escribió 14 libros de poesía, ganó algunos premios (el Juan Alcaide, el Conrado Blanco, el Ciudad de Toledo y el Ciudad de Astorga) y en el momento de su muerte la Academia Castellano y Leonesa prepara la edición de una antología de su obra a cargo de Luis Artigue y Gonzalo González Laínez. "Toñín González-Guerrero bebe cerveza Guinness como quien brinda con malta de pastores. Lo hace en los bares de Malasaña, por los pubs de Chueca, allá en Madrid, tal vez para exteriorizar cierta nostalgia de su Bierzo celta", escribía el propio Artigue al día siguiente de su fallecimiento, todavía negándose a escribir del poeta en pasado.

Foto de juventud de Antonio González Guerrero.
"Toñín Guerrero vivió instalado en la imaginación de los poetas. Se parecía como nadie a un poeta y leyéndolo, formará parte de nosotros", escribió su amigo Juan Carlos Mestre, con el que compartió juegos de infancia en Villafranca del Bierzo. Si vuelvo atrás los ojos aún recuerdo, era el título de aquella antología. "Leerlo será como intentar resucitarlo", decía Artigue en 2004. Y esa debe ser la fuerza de la poesía.