Dos proyectos careados con presión social en 1992 y 2005
La autovía y la central que pudieron acabar con el Bosque del Año en España
El trazado de la A-6 y una planta de ciclo combinado pusieron en peligro el Zofreral de Cobrana

El alcornocal de Cobrana ocupa más de 280 hectáreas de terreno.
El Zofreral de Cobrana (Congosto) se convirtió, hace unos días, en Bosque del Año en España 2025. Un título que no solo corrobora el valor natural de este alcornocal que supera las 280 hectáreas, el más importante de la provincia de León; sino que reconoce el trabajo que, durante más de 15 años, vienen realizando los vecinos para preservar una masa forestal que se ha podido mantener intacta gracias, precisamente, a la presión social. Dos grandes proyectos amenazaron la integridad del alcornocal: la construcción de la autovía A-6 y una central de ciclo combinado que la empresa Global 3 quiso instalar en el valle de la Villosa, a escasos kilómetros del bosque. De aquello hace 32 y 19 años, respectivamente.
En 1992, el proyecto técnico inicial del tramo Astorga-Villafranca de la Autovía del Noroeste —entre San Román de Bembibre y San Miguel de las Dueñas— abría una herida en el alcornocal, seccionando el bosque en varias partes con la construcción de una variante de la N-VI a través del valle del arroyo de la Reguera o Río Bravo, de "riqueza ornitológica elevada", subrayó por aquel entonces el colectivo de defensa de la naturaleza y el patrimonio cultural 'Genciana'.
Optar por un nuevo trazado alternativo a la carretera nacional en lugar de desdoblar el existente era la base del peligro, recuerdan fuentes de la asociación conservacionista Tyto Alba, y así quedó reflejado en el propio estudio de impacto ambiental, que ya advertía de la severidad del daño que podría ocasionar también en el robledal que da continuidad a los zufreiros. Se presentaron alegaciones y el proyecto se modificó para salvar el espacio natural que hoy es Bosque del Año en España y que trece años después de aquello volvió a verse amenazado por la construcción de una central térmica de ciclo combinado de gas y vapor que pretendía aprovechar la cercanía de Congosto al gasoducto Ponferrada-Villamañán, que se acababa de construir, y con el pantano de Bárcena.

Terrenos para los que se había proyectado la central de ciclo combinado de Congosto.
La alerta saltó en 2005, cuando el proyecto salió a información pública, pero ya desde 2002 se sabía que la empresa estaba buscando suelo en la zona. Entonces, los vecinos decidieron movilizarse y presionar para evitar que el valle de la Villosa se convirtiera en otro espacio industrial de un Bierzo ya sobreexplotado en materia energética. Crearon la Asociación La Villosa (después fue El Zofreral) y movilizaron a la opinión pública berciana «para que se postulara contra este tipo de industria altamente contaminante», recuerda el actual presidente de la asociación de vecinos de Cobrana, Fabián Thiery. Consiguieron, incluso, una entrevista con la entonces ministra de Medio Ambiente, la socialista Cristina Narbona.
Al final, un cambio normativo impuesto por el Ministerio de Industria varió el rumbo de los acontecimientos. "Se modificó la ley existente que afectaba a este tipo de proyectos, regulando las condiciones de depósito de un aval y Global 3 no pudo hacer frente a todos sus iniciativas (también en Cantabria y Aragón). Entre eso y la movilización popular, decidió retirar el proyecto de Congosto", apunta Thiery. Lo que el Gobierno aprobó fue la obligatoriedad de adelantar un 3% de la inversión total prevista en el proyecto en el mismo momento de presentar la solicitud de autorización.

Impulsores del movimiento social contra la central y creadores de la Asociación La Villosa de Cobrana, en una imagen de 2005.
Aquel logro que lo vecinos movilizados asumieron como propio —"nos envalentonó", reconoce Thiery- sentó la bases de un trabajo continuado para evitar, desde dentro, que Cobrana cayera en el olvido y el alcornocal se convirtió en el foco central de intervención. En 2008, se creó la asociación El Zofredal y no tardó mucho tiempo en conseguir el dinero necesario para empezar a poner en valor este espacio natural. El primer inversor por el empresario José Luis Prada que, a través de su fundación, donó 2.500 euros que sirvieron para abrir caminos, limpiar parajes y señalizar las dos rutas de tres y diez kilómetros que hoy recorren el bosque. Ya en 2016 y después de años de organización de varios eventos culturales a los que hubo que renunciar "por falta de financiación", se creó la Senda Encantada, una proyecto de visitas teatralizadas que ha movido a más de 6.000 visitantes y 200 colegios.
La pregunta de cuál hubiera sido el futuro de los alcornoques de Cobrana de haber prosperado alguna de estas amenazas tiene fácil respuesta y Tyto Alba aprovecha la reflexión para extender el debate a los conflictos abiertos ahora por los parques eólicos y fotovoltaicos que amenazan el futuro de espacios naturales de gran valor.