Ecos de la Ciudad del Dólar
Las chicas de rojo del Cine Morán y las de verde del Teatro Edesa
Facebook recupera la memoria de dos de los cines más queridos de Ponferrada con el hallazgo de imágenes inéditas del día en que la actriz Ana Mariscal estrenó su primera película como directora

Ana Mariscal, en el centro, posa con los trabajadores del Cine Morán y los vendedores de caramelos mientras le pasa el brazo a la taquillera del Edesa María Luis Lobo.
Lo cuenta Amalita Ruiz, que fue locutora de Radio Juventud y cuando era una adolescente en la Ciudad del Dólar revoloteaba por las aceras que iban del Teatro Edesa al Cine Morán y después daba la vuelta a la manzana hasta a la esquina de la plaza Lazúrtegui para hacerse la encontradiza con los chicos guapos: «Las películas en Ponferrada las estrenaba el Cine Morán, donde las taquilleras vestían de color rojo burdeos, tirando a granate, después pasaban por el Bergidum, donde vestían de rojo con cuello duro y blanco, y acababan en el Teatro Edesa, y allí el color de su uniforme era el gris verdoso».
Y con las chicas de rojo burdeos tirando a granate del Cine Morán; con alguna venida del vecino Edesa sin el uniforme verde, porque era su día de descanso; con los porteros y los acomodadores; con los niños que vendían caramelos y almendras garrapiñadas en el patio de butacas antes y después de las proyecciones o durante los descansos; y con el proyeccionista, que seguro no cortó ningún beso aquel día porque la película no era de amor, posó en 1953 una estrella del cine español que, además de actuar, presentaba en Ponferrada nada menos que su primer largometraje como directora; la elegante Ana Mariscal.
«Era un día de semana y la película se titulaba Segundo López», recuerda Amelita, sentada una mesa del Café Madrid, en el reabierto hotel de la avenida de La Puebla donde en otra época se alojaban los artistas que actuaban en el Teatro Edesa. A su lado, el periodista jubilado Pedro Blanco y su mujer, Celina Correa, y el hostelero de La Destilería y locutor de radio, Carlos Rodríguez, ayudan al periodista a quitarle el polvo a la memoria de aquel día en que Ana Mariscal —que había debutado como actriz en Raza, la película de 1941 en cuyo guion colaboró en secreto el dictador Francisco Franco— vino a Ponferrada convertida en una de las primeras mujeres en dirigir una película en España. Nada menos
De aquel día, Luisa Picinelli —hija de una de las taquilleras del Edesa que se acercó hasta el Morán para no perderse la visita, María Luisa Lobo— conserva una serie de fotografías que Rodríguez ha difundido ahora en la popular página de Facebook que recopila imágenes antiguas de Ponferrada y los ponferradinos. Fotografías inéditas de una sonriente Ana Mariscal que saludaba al público, que caminaba por el pasillo del patio de butacas y recibía aplausos después de la proyección. Una cineasta que debutaba como directora y, de un humor excelente, se dejaba fotografiar con los trabajadores del Cine Morán, satisfecha por el éxito de público.
«Mi madre me contaba que fue maravillosa con todo el mundo», relata por teléfono Picinelli al periodista antes de acudir a la cita en el Café Madrid. Y solo hay que ver las fotos. Luego es verdad, recuerda Amalita en el Café, que Segundo López, aventurero urbano, largometraje de tono cómico deudor del neorrealismo italiano, no fue tan buena película como esperaban, aunque se dejara ver bien. El caso es que Mariscal, harta de que no le llegaran buenos papeles como actriz, había usado sus ahorros para producir y dirigir la película, además de actuar, y se volcó con la promoción hasta el punto de desplazarse a Ponferrada.
La visita de Ana Mariscal, que rodó una docena de largometrajes hasta 1968, despertó mucha expectación, recuerda Amalita. No todos los días llegaba a la ciudad una actriz que además se atrevía a dirigir. Pero no fue la única estrella que pisó Ponferrada en aquellos años. Además de proyectar musicales folclóricos del cine mexicano que tanto le gustaba a Celina Correa, películas de terror más tarde, del oeste siempre, el Teatro Edesa programaba algunas funciones de teatro y actuaciones musicales de estrellas de la canción desde su apertura en 1935 con la película de Imperio Argentina y Carlos Gardel Melodías del Arrabal.
Por eso fue posible escuchar en directo en el Edesa la voz de Antonio Molina, o la de Antonio Machín, o la inimitable de José Guardiola. Por eso tanta gente disfrutaba con Gloria Romero y con Irma Vila y su Mariachi —ambas le firmaron postales a María Luisa Lobo, la taquillera que estudio comercio y dejaría el Edesa para irse a trabajar a Venezuela—, con Celia Gámez, la reina de la revista, que barría en la taquilla, con Estrellita Castro, y con Lola Flores, La Faraona, que en 1957 —cuenta Cruz Vega en su libro Tres teatros para La Puebla— batió un récord de recaudación; 57.800 pesetas en una sola noche. Un récord que seis años después superaría otro mito de la canción popular como fue Manolo Escobar, que llegó a las 68.042 pesetas, y de nuevo en 1965 con 100.360, una cifra de vértigo.
Coplas, fandangos, rancheras, canción ligera. Uno de los temas más populares del muy famoso entonces Juanito Valderrama nació sobre el escenario del Teatro Edesa, recuerda el actual director del nuevo Teatro Bergidum, Miguel Ángel Varela. «Me lo contó el propio Juanito Valderrama cuando a finales de los ochenta vino a actuar a los conciertos de Zona Cinco. Ese día en el Edesa, el guitarrista que traía hizo una filigrana con la guitarra y a Juanito le gustó y le dijo: ‘chico, quédate con eso’. Luego seguro que compondría la letra en el Hotel Madrid, como se ha dicho», cuenta Varela.
El propio Varela y Pedro Blanco se acuerdan del mercadillo de cromos y tebeos que funcionaba el domingo a las puertas del Edesa, en las tardes de sesión infantil. «Yo iba con mis tebeos de El Jabato y El guerrero del antifaz y los cambiaba por los que no habías leído», cuenta Varela.
Al gallinero del Edesa le llamaban el Puleiro. Y quizá el acomodador más famoso era aquel que apodaban Rumba, de nombre José Martínez. Con los acomodadores no se jugaba. Si algún espectador armaba jaleo enseguida encendían las luces, interrumpían la proyección y la película no se reanudaba hasta que el alborotador no dejaba la sala. Tampoco era fácil ver una película fuera de la sesión infantil aunque acudieras con tus padres, recuerda Pedro Blanco. Más de una vez, el portero dejó pasar a sus padres y él tuvo que volverse a casa.
De lo que no se olvida nadie, ni Amalita, ni Celina, ni Pedro, es de los ‘Jueves Galantes’, la sesión en la que un chico podía invitar a una chica con la misma entrada. Más de una desconocida le rogaba al ‘galán’ de turno que la dejara pasar con él. Así se ligaba sin tener que andar dando vueltas a la manzana. Y así se llevaba más de uno un chasco. «Tú te creías que pasaba contigo por guapo, pero nada más cruzar la puerta ahí te quedas», recuerda en Facebook, con buen humor, Isaac Gutiérrez.
Pero lo mejor siempre ocurría en el Puleiro. Cuando la película era del Séptimo de Caballería, la chavalada pateaba el suelo de madera y parecía que se fuera a caer todo el teatro. Y cuando los protagonistas se besaban en la pantalla, y los besos ya no se cortaban, claro, todavía hay quien se acuerda de cómo lo celebraban. ‘Topee’, gritaba el público más gamberro. Y más de uno, y de una, pendiente del acomodador con el rabillo del ojo, se quedaba con las ganas de hacer algo más.
Al Edesa lo derribaron en 1975. El Morán aguantó unos años más. Y hoy en la plaza de Lazúrtegui ya no queda ni uno solo de los bares con terraza que animaban la salida del cine. Sentados en un banco ante el Edificio Edesa, el inmueble de pisos que ocupa el solar del antiguo teatro, Pedro, Celina, Amalita y Carlos posan en el lugar donde en otro tiempo hacían cola en la taquilla o compraban caramelos en el kiosko de la familia Arroyo, o chocolate en el puesto de Esther La Bombonera, o helados en el carrito de La Jijonenca o el puesto de La Moderna. Y es entonces cuando Pedro Blanco se levanta y comienza a señalar con el dedo el local de un banco, de una farmacia, de una sala de juegos... «Allí estaba El Moderno, allí El Central, allí El Caballero...». Y un ramalazo de nostalgia le ilumina los ojos.

El Teatro Edesa en los años a finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta, antes de su remodelación.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Postal que la actriz y directora Ana Mariscal le firmó a la taquillera María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Ana Mariscal, saluda a los espectadores del Cine Morán, el día de 1953 en que estreno su primera película como directora, 'Segundo López, aventurero urbano.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Ana Mariscal, en el centro, posa con los trabajadores del Cine Morán y los vendedores de caramelos mientras le pasa el brazo a la taquillera del Edesa María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Ana Mariscal, a las puertas del Cine Morán.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Ana Mariscal saluda a los espectadores del Cine Morán.
Ana Mariscal saluda a los espectadores del Cine Morán.

Postal de Irma Vila, que actuó con su mariachi en el Teatro Edesa. Se la firmó a la taquillera María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Postal firmada por Gloria Romero a la taquillera del Edesa María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Lana Turner, en una postal, sin firmar, que guardaba María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Taquilleras de uniforme con dos de los porteros. 'El Rubio', en el centro, y Abundio Lobo, tío de Luisa Pinicelli.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

La taquillera del Edesa, María Luisa Lobo.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Abundio Lobo, hermano de María Luisa.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Maria Luisa Lobo y 'El Rubio'.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Taquilleras de uniforme de las salas de Adriano Morán y uno de los porteros.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Dos niños junto al cartel de 'La isla del tesoro'.
Dos niños junto al cartel de 'La isla del tesoro'.

'El Rubio' y Abundio Lobo, con una encargada.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

El Teatro Edesa en su última época.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Teatro Edesa en una postal de su última época.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Imagen del Teatro Edesa en su primera época. Todavía ponía cine en la fachada.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Demolición del Teatro Edesa en 1975.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Demolición del Teatro Edesa en 1975.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez en el reabierto Café Madrid de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez en el reabierto Café Madrid de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez en el reabierto Café Madrid de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez en el reabierto Café Madrid de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Celina, Carlos, Amalita y Pedro en la avenida de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Celina, Carlos, Amalita y Pedro en la avenida de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Celina, Carlos, Amalita y Pedro en la avenida de La Puebla.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Carlos Rodríguez, Celina Correa y Amalita Ruiz, en la plaza de Lazúrtegui.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Los carritos de helados de La Jijonenca ante el Teatro Edesa en 1945. Todavía no habían construido el actual edificio en la esquina con La Puebla.
Nostalgia del Cine Morán y del Teatro Edesa

Pedro Blanco, Carlos Rodríguez, Celina Correa y Amalita Ruiz, en la plaza de Lazúrtegui
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Curiosa imagen sin fechar de la plaza de Lazúrtegui tomada desde la cafetería del Teatro Edesa.
Nostalgia del Cine Morán y del Teatro Edesa

Pedro, Celina, Carlos y Amalita, en Lazúrtegui.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez, en el lugar que ocupó el Teatro Edesa.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez, en el lugar que ocupó el Teatro Edesa
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez, en Lazúrtegui.
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Pedro Blanco, Celina Correa, Amalita Ruiz y Carlos Rodríguez, en Lazúrtegui
Nostalgia por el Cine Morán y el Teatro Edesa

Vista de la plaza Lazúrtegui, donde ya no queda ningún bar con terraza.