MEJOR BODEGA EN LOS PREMIOS CASTILLA Y LEÓN DE GASTRONOMÍA
Del clarete de Aníbal al L'Atelier de Joël Robouchon en Bangkok
Aníbal de Otero representa la esencia del Bierzo y el respeto a la herencia y eso le ha valido el laurel de la Academia de Gastronomía
Elva García, en el paraje Los Fornos de Otero de Toral.
A Elva García no le interesaba nada el mundo de la viña y el vino cuando era una joven hija de un viticultor empedernido y meticuloso que nunca abandonó el oficio. De hecho, ella misma reconoce que le tenía hasta manía. «Las veces que los estudios me dejaban tiempo para ayudarle, no era muy agradable. No entendía por qué había que limpiar tanto las cepas y, mucho menos, la exageración de la limpieza en la bodega. Algo que ahora entiendo y valoro. Y reconozco que esa forma de trabajar era lo que le permitía hacer ese vino tan bueno», asegura la mujer que está detrás de Aníbal de Otero, que acaba de ser designada Mejor Bodega en los Premios Castilla y León de Gastronomía que, el día 10 de este mes, entregará la Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía.
El cultivo casi artesanal y esmerado, con máximo respeto al origen, y unas uvas de alta calidad procedentes de cepas centenarias que no producen más de medio kilo por vid son algunos de los valores que han alzado a este proyecto vitivinícola familiar —con sede en Villafranca y el terruño en Otero de Toral— hasta lo más alto del podio el mismo año en el que Aníbal García, el viticultor empedernido que hacía un vino clarete que causaba sensación, hubiera cumplido cien años.
«Este premio es muy importante para nosotros, supone el mayor reconocimiento a nuestro proyecto y pone en valor el esfuerzo de estos años y la apuesta por la calidad y por la recuperación de viñedo muy viejo, en algunos casos, abandonado», señala Elva García, que no tardó en superar esa fase de juventud en la que ir a la viña estaba entre la obligación y el castigo. «En mi vida profesional, que nada tenía que ver con esto, empecé a interesarme por el vino cada vez más. En mis viajes por todo el mundo, he tenido ocasión de conocer muchos vinos diferentes y eso hizo que fuera madurando la idea de hacer algo con nuestros viñedos. Mi padre ya se había jubilado y las viñas las trabajaban obreros bajo la supervisión del marido de mi hermana. Las uvas se vendían a una bodega de la zona», recuerda la directora de Aníbal de Otero.
Fotografía antigua Aníbal García, con un buey en Otero de Toral.
Fue la casualidad la que hizo que, en 2005, Elva conociera el enólogo riojano José Hidalgo y ese encuentro fortuito fue el principio de todo, aunque ella todavía no lo supiera. El trabajo y su familia marcaban entonces las prioridades y aquel no era el momento. El momento llegó en 2013. «En 2010, falleció mi padre y, poco a poco, la idea de tener mi propio vino tomaba más fuerza en mi cabeza; así que, en 2013, le pregunté a Pepe Hidalgo si todavía estaba dispuesto a ayudarme. Vió la viña y dijo que adelante. Le gustó el proyecto pequeño, independiente, sostenible y de calidad antes que cantidad», apunta García. Ahí nació la, hoy, mejor bodega reconocida de Castilla y León, como un «homenaje a mis padres», por «la nostalgia de una infancia entre viñas» y para mantener el patrimonio familiar y el vínculo con el pueblo que, junto al nombre de su padre, dan identidad a la bodega. «Vivo en Madrid desde los 18 años y una vez que mis padres se han ido, la bodega es la excusa perfecta para seguir viniendo. También para nuestros hijos», destaca.
El proyecto vitivinícola es un homenaje a ese viticultor empedernido que cuidaba hasta el extremo la viña y la bodega.
La viña es el centro de todo, el corazón que bombea los vinos. Por eso, para Elva es lo más importante. «La cultivamos con mucho cariño, con el máximo respeto por el medio ambiente y una viticultura sostenible. No usamos herbicidas ni pesticidas y, en ocasiones, hemos arado algunas de nuestras mejores viñas, como Los Fornos y El Cepón, con mulas traídas desde La Rioja», explica Elva García. Todos sus vinos están dentro de la DO Bierzo y la mayoría son vinos clasificados de villa y de paraje. El buque insignia es Los Fornos, nacido en el paraje del mismo nombre en Otero de Toral. También pesan Terrafondada y El Cepón y acaba de ver la luz un vino del paraje de María Abril, elaborado por primera vez en 2023. Se llamará Olivia, como la primera nieta de Elva, que nació en diciembre de ese mismo año. Otra vez vino y familia.
Y como esa unión de acción y sentimiento es el pilar fundamental de Aníbal de Otero, Elva no quiere dejar pasar la ocasión de celebrar el centenario del nacimiento de su padre y ya está cavilando un homenaje. «La bodega de mi padre era conocida por su vino clarete y nos gustaría hacer una edición especial, un vino de paraje, lo más parecido a lo que él hacía y como él lo hacía», adelanta García, que a lo que aspira es a «seguir cuidando la viña y trabajando en bodega para conseguir ese vino ideal. Y si las ventas lo permiten, construir una pequeña bodega en Otero de Toral».
«Podría decirse que hemos alcanzado la mayoría de edad. Nuestros vinos ya se conocen y se pueden encontrar en las cartas de muchos restaurantes, algunos de Estrella Michelin, en España y en el extranjero. Estamos satisfechos de lo conseguido, pero somos conscientes de lo mucho que falta. Nuestro gran vino todavía está en la viña», apunta la directora de Aníbal de Otero. Si hay algo especial que Elva no olvida es haber visto su primer vino en L’Atelier de Joël Robouchon de Bangkok. «Fue algo increíble, inesperado», afirma. Y si cierra los ojos se recuerda en una de aquellas fiestas de despedida que Aníbal organizaba en su bodega, siempre abierta, en la década de los 70. Acudían quienes habían tenido que emigrar a Francia, Suiza o Alemania para ganar el jornal.