El dibujo a lapicero del Castillo de Ponferrada que estuvo cien años escondido en un cuaderno
El portal ‘todocoleccion’ abre la puja por una ilustración original que el dibujante y fotógrafo Casto de la Mora elaboró en 1924 de la fortaleza, pero nunca se publicó en el libro al que estaba destinada

Puja por un dibujo original del Castillo de Ponferrada guardado durante cien años
«El castillo de Ponferrada señorea el arrabal y la deliciosa Vega del Sil y el ameno valle que fecunda el río. Toda la doble o triple cerca de sus muros se destaca circuida de almenas; todos sus torreones cuadrados o redondos llevan corona de modillones: por todos sus lienzos corren libeas de matacanes: su primera entrada con puerta sobre el foso y la segunda en mayores dimensiones, ambas ofrecen un arco semicircular y dos cubos para su defensa. Añádele un encanto indescriptible el rojizo color de los sillares, los festones en parásitas yerbas y hasta el pintoresco desorden de la ruina recordando con tristeza a sus infelices dueños los signos misteriosos esculpidos sobre una de las puertas interiores, y la bíblica inscripción que revela en ellos una seguridad no justificada por el éxito. Diminus mihi custos, et ego disperdam inimicos meos».
Con prosa poética y recargada describía el Castillo de Ponferrada hace cien años el coleccionista, pintor y fotógrafo aficionado Casto de la Mora y Obregón (1851-1934); indiano cántabro que había hecho fortuna en América y que preparaba una ambiciosa edición de un libro sobre fortalezas medievales. Junto al texto, De la Mora había elaborado un dibujo a lápiz de la entrada de la fortaleza que idealizaba la estampa del monumento porque incluía el puente completo y en aquel momento le faltaba uno de los arcos, como demuestra la fotografía que ese mismo año de 1924 tomó Winocio Testera.
Finalmente, ni el dibujo, ni el texto aparecieron en la edición de 500 ejemplares del libro Castillos en Castilla que editó el Conde Gamazo, José Antonio de Gamazo y Abarca en 1930 por exceso de material y quizá con la idea de incluirlo en una segunda parte. No fue así. Casto de la Mora guardó la ilustración y la hoja mecanografiada con la descripción del castillo en un cuaderno, y durante cien años el dibujo ha permanecido lejos de los focos, hasta que ha salido a la venta junto con la hoja adjunta por una puja mínima de 162, 5 euros en el portal especializado de todocoleccion.
El dibujo original a lapicero de De la Mora tiene unas dimensiones de 25,3 por 17,8 centímetros y está firmado y fechado en 1924, informa el portal especializado. Y la hoja mecanografiada, donde el autor escribe el Bierzo con V, no puede evitar caer en la épica y en los tópicos que adornan la leyenda de los templarios. Porque De la Mora se salta todo rigor histórico cuando escribe: «Mustios y silenciosos por debajo de aquel arco salieron los Templarios en un día del año 1310, reunidos de todo el Vierzo, donde tantas encomiendas poseían, en aquella fortaleza principal, para comparecer ante el Concilio de Salamanca y alejarse, al acompasado trote de sus caballos, sin volver atrás los ojos para no ver arrollada en la torre del homenaje la enseña de su cruz, que ya no debía desplegarse al viento».
Quizá de la Mora tomara como referencia histórica la novela de Gil y Carrasco El Señor de Bembibre, pero lo cierto es que el castillo que hoy se conserva, con su portada, su puente y su arco, sus torreones con corona de modillones y las libeas de matacanes en sus lienzos, y esa torre del homenaje donde el cántabro imaginaba arrollada la enseña de los templarios, son fruto de la reconstrucción que el Conde de Lemos emprendió a finales del siglo XV, después de la revuelta de los irmandiños, que daño la fortaleza. Y los templarios, más que castillo, lo que tuvieron fue una encomienda sobre la que se edificó posteriormente una primitiva fortaleza.
Por el contrario, De la Mora, que volvió de México casado y convertido en empresario y diplomático, daba por hecho en su texto que la fortaleza que había dibujado para el libro era «de fines del siglo XII» y que la habían «reconstruido los Caballeros del Temple».
Leyendas al margen, De la Mora demuestra en su escrito la fascinación que le causó el castillo hace cien años. «El ingreso forma un conjunto de belleza escenográfica y gran interés arquitectónico», escribe en la hoja mecanografiada. Y añade que en la plaza de armas se encontraba «las ricas edificaciones que contuvieron el refertorio, Sala de la Encomienda, Capilla, Panteón y dependencias múltiples timbradas con el raro escudo del Temple». Y ya entonces tenía el dibujante muy claro cuáles habían sido los motivos de la ruina del castillo: «Los hombres, más que el tiempo, se encargaron de arruinar lo que fue uno de los más poderosos castillos que hubo en España». Si De la Mora lo viera ahora...

Dibujo a lápiz del Castillo de Ponferrada firmado el 15 de junio 1924 por Casto de la Mora.
Puja por un dibujo original del Castillo de Ponferrada guardado durante cien años

Fotografía del Castillo tomada en 1924 por Winocio Testera.
Puja por un dibujo original del Castillo de Ponferrada guardado durante cien años

Texto de Casto de la Mora que acompaña al dibujo.
Puja por un dibujo original del Castillo de Ponferrada guardado durante cien años

Cubierta del libro sobre castillos que finalmente dejó fuera el dibujo de Ponferrada. Fue una edición de 500 ejemplares del Conde de Gamazo y apareció en 1930.
Puja por un dibujo original del Castillo de Ponferrada guardado durante cien años

Otra imagen de la fortaleza hace cien años. Se observa que el puente no estaba completo