El actor de raíces ponferradinas actuará en la capital berciana el 27 y 28 de marzo
Miguel Rellán llega al Bergidum en la piel de un bailarín flamenco
'El maestro Juan Martínez que estaba allí' traslada al espectador a la revolución rusa
Imagen facilitada por el Bergidum de Miguel Rellán en la obra.
El actor de origen ponferradino Miguel Rellán regresa la próxima semana a su tierra para subirse al escenario del teatro Bérgidum de la capital berciana, donde se meterá en la piel de un bailarín flamenco en plena Guerra Muncial y la revolución rusa con la función «El maestro Juan Martínez que estaba allí». Será los días 27 y 28 de marzo se podrá ver esta obra, basada en un texto de Manuel Chaves Nogales que traslada al espectador a los años comprendidos entre 1914 y 1917 a través de las peripecias de un bailarín en uno de los momentos más trascendentales y dramáticos del pasado siglo. La obra se verá el 27 y 28 de marzo con sesiones a las 20.30 horas.
A través del relato las peripecias de un bailarín flamenco, la obra cuenta una de las historias más trascendentales y dramáticas del pasado siglo y de alguna forma también de la tragedia española. Juan Martínez, castizo madrileño nacido en Burgos, bailarín, artista de variedades, y su compañera Sole, emprenden una singular peripecia vital y laboral pocos días antes de que estalle la Gran Guerra de 1914. Estambul, Bucarest, San Petersburgo, Moscú o Kiev serán el telón de fondo donde se desarrollan los episodios bélicos más sobrecogedores de esa Gran Guerra. Los cabarés, casinos y pensiones de esas ciudades serán los lugares donde intentarán sobrevivir nuestros protagonistas. Una inconmensurable lección de coraje, de instinto de superación, de aceptación de los grandes y caóticos mecanismos de la historia y de cómo estos aplastan las pequeñas vidas de la gente corriente.
Con dirección de Xavier Albertí, la función se convierte en una partitura escénica al servicio de un actor prodigioso como Miguel Rellán que nos mostrará el excepcional artista de variedades que habita en él. La pieza conecta con la gran tradición de la picaresca española. Los ecos del Lazarillo, los de las novelas ejemplares de Cervantes, de Quevedo… siguen alimentando una maravillada mirada a la historia y a la capacidad de supervivencia de los protagonistas indirectos que sufren los dictámenes de los poderosos. El director ha optado por la sobriedad en el montaje, centrado en la figura del bailaor y de su intérprete, sin aparato escenográfico alguno, más allá de una tarima iluminada por Gómez-Cornejo.