El futuro museo de La Encina mostrará los facsímiles de plata que elaboró el platero José Manuel Santos
La noche en la que ‘clonaron’ el cáliz y la patena de Peñalba
La exhibición de las piezas originales del Louvre durante tres meses en Ponferrada hizo posible crear las copias en 1999

Antolín de Cela sostiene las copias del cáliz y la patena de Peñalba que se exhibirán en el museo de la Basílica de La Encina.
«De noche y con alevosía», explica el rector de la Basílica de La Encina, Antolín de Cela, les abrieron la puerta en el nuevo Museo del Bierzo y accedieron a la antigua cárcel de la calle del Reloj de Ponferrada, con el mejor platero de Astorga y con la necesidad de tomar fotografías y medir el cáliz y la patena de plata del abad Pelayo que el Museo del Louvre había prestado por tres meses, para realizar dos copias lo más fieles posibles de las dos joyas de orfebrería más simbólicas del Bierzo, junto a la Cruz de Peñalba.
«De noche y con alevosía», sí, mientras la conservadora enviada por el Louvre dormía en su hotel, desconectaron los sensores y la alarma de la vitrina, y el platero José Manuel Santos Martínez comprobó que el cáliz de plata medía 15 centímetros de altura y diez de diámetro, con una base circular de 25 centímetros de perímetro. Y que la copa semiesférica y lisa tenía una profundidad de cinco centímetros y un reborde pulimanetado con un bisel interior.
El platero sopesó la pieza y observó, preocupado, el entramado fitomorfo a base de tallos retorcidos y entrelazados, rematados en hojas alargadas en el medio del brazo. Pensó, seguro, en lo difícil que sería reproducir aquel nudo. La copia le iba a dar mucho trabajo porque superpuestas a la decoración vegetal, las figuras del Tetramorfos que representan a los símbolos de los cuatro evangelistas —el león de San Marcos, el águila de San Juan, el hombre de San Mateo, y el toro de San Lucas— añadían manierismo al nudo del cáliz.
Menos dificultades presentaría la reproducción de la patena circular, casi plana, de 13,3 centímetros de diámetro y apenas 0,6 centímetros de altura, con un borde donde se leía la leyenda: Carnem qvm gvstas non adterit vlla vetustas perpevvs cibvus et regat hoc revs amen (Si pruebas la carne (del Señor) vivirás enterna juventud. Ella es manjar eterno. No lo olvide el pecador. Amén). El artesano, sin embargo, también tenía que enfrentarse al reto de reproducir fielmente el motivo floral circular del interior del plato, una especie de rosetón de ocho pétalos semicirculares e imperfectos, y en el centro de la patena, el grabado, muy fino, de la figura del cordero y de la cruz inscritos en un adorno circular, con trazos que imitan un cordón. Es un cordero de perfil y con la pata derecha flexionada y donde el orfebre demostró su talento debido a su realismo en el dibujo de la cabeza y los mechones de lana del cuerpo, según recoge un artículo en la revista Bierzo.
Eran los últimos días de la primavera de 1999, el Museo del Bierzo que dirigía Jesús Álvarez Courel, acababa de abrir sus puertas después de la restauración del edificio de la antigua cárcel, y había logrado lo que parecía imposible; que el Louvre accediera a exhibir durante tres meses el cáliz y la patena de la iglesia de Peñalba de Santiago. Dos joyas de la orfebrería románica hispana que por «azares» del arte habían terminado en París después de que algún responsable de la Diócesis de Astorga las regalara al cardenal Moreno, arzobispo de Valladolid y de Toledo en el siglo XIX, y a su muerte, sus herederos las vendieran a un anticuario que en 1886 hizo negocio revendiéndolas a su vez en subasta pública al Louvre.

El cáliz de Peñalba, según la copia de José Manuel Santos.
De Cela sabía que quizá no habría otra oportunidad de encargar unas copias —de hecho, las dos piezas originales nunca han vuelto a salir de París con destino a la Diócesis, ni siquiera para las exposiciones de Las Edades del Hombre— y que a la conservadora del Louvre podría no gustarle la idea. Por eso no se lo consultaron.
Las dos piezas originales habían vuelto al Bierzo después de un siglo en Francia y el 1 de junio de 1999 se mostraban a los bercianos en un lugar destacado de la sala dedicada al época medieval. El Museo del Bierzo habían colocado una vitrina especial, con cristal reforzado a prueba de balas, un detector, un sistema de alarma individual después de contratar un costoso seguro y sufragar los gastos del transporte vigilado y de la experta del museo francés que supervisó todo el embalaje y que permaneció en Ponferrada durante los tres meses que se exhibieron las piezas.
Santos recibió 800.000 pesetas por un trabajo laborioso. «Tardó la tira de tiempo en hacerlo, por lo menos seis meses», cuenta De Cela, mientras muestra a este periódico las dos copias de las piezas, guardadas en una caja fuerte a la espera de su exhibición en el futuro museo de La Encina que se acondiciona en la torre de la Basílica. «No había un duro para pagarle —añade— y apenqué con el tema. Me costó reunir el dinero». Como manda la ley, las dos copias de Santos, dos obras de artesanía en sí mismas, eran «unos centímetros más pequeñas que las originales». Para evitar confusiones.
Fundado por el anacoreta San Genadio entre los años 909 y 920, cuando era obispo de Astorga, el monasterio de Santiago de Peñalba acogió monjes hasta finales del siglo XII. Solo la iglesia, un tesoro de la arquitectura mozárabe, ha llegado hasta nuestros días. Los historiadores aseguran que el templo, convertido en uno de los mayores atractivos turísticos del Bierzo hoy en día fue construido poco después que el monasterio, a partir del año 931, aunque no fue hasta los tiempos del discípulo de San Genadio, el abad Salomón, cuando se inauguró en el año 937, mientras reinaba en León Ramiro II. El cáliz y la patena fueron un encargo del abad Pelayo ya en el siglo XII, según recoge la inscripción grabada en la base del cáliz. Pelagius abbas me fecit..., dice (Me hizo el abad Pelayo en honor de Santiago Apóstol, es su traducción completa), y no puede ser otro que el abad Pelayo Fernández, documentado por primera vez en el año 1142 y bajo cuyo mandato, iniciado diez años antes al morir el abad Esteban, vivió el monasterio un último periodo de esplendor.
Nada se sabe de si el cáliz y la patena continuaron en la iglesia tras la extinción del monasterio o fueron trasladadas a Astorga. Durante siete siglos, no hubo pistas sobre su paradero, hasta que un canónigo o quizá el propio obispo de Astorga, según la documentación del archivo de la Basílica de La Encina, regaló ambas piezas al cardenal Moreno y a su muerte terminaron en manos de un anticuario que celebró una subasta pública en Francia en 1886. Tampoco se sabe la cantidad que pagó el Museo del Louvre por ellas.

Cruz facsimil de Peñalba, durante una fiesta mozárabe.
Pero quizá, el mayor misterio de la orfebrería de Peñalba no sea el del cáliz y la patena, si no el de un tercer objeto, un supuesto copón de plata del que habló el arqueólogo Ramón Álvarez de la Braña (1837-1906) y que según su relato fue fundido en Astorga en el siglo XIX para crear dos cálices más pequeños para la propia iglesia de Peñalba. Y ese sí que sería un tesoro perdido, una joya valiosa, quién sabe si también medieval, convertida en dos piezas menores. Por ignorancia.
Los otros objetos perdidos; de la Cruz al copón fundido
El cáliz y la patena en plata dorada, repujada y grabada de Peñalba de Santiago, o del abad Pelayo, como también se los conoce, no son los únicos objetos procedentes de la iglesia mozárabe que se conservan lejos del tempo al que pertenecieron. No menos famosa es la cruz de zófar regalada por el rey Ramiro II de León al abad del monasterio para agradecerle la intercesión del apóstol Santiago, cuentan las crónicas, en la Batalla de Simancas del año 939 contra Abderramán III, califa omeya de Córdoba y fundador de la ciudad de Medina Azahara.
La Cruz votiva de Peñalba, que se exhibe en el Museo Provincial de León, es el principal símbolo de identidad de la comarca del Bierzo y figura en el escudo y en la bandera. En 1879 fue otro obispo de Astorga, Mariano Brezmes y Arredondo, el que la donó al Museo de León, según recoge el propio Ramón Álvarez de la Braña, cronista oficial de León y archivero del centro. Otro facsímil de la joya de la orfebrería se exhibe en el Museo del Bierzo de la calle del Reloj de Ponferrada.
Pero en la revista ‘Bierzo’ que edita la parroquia de la Encina han documentado también la desaparición de una naveta de Limoges, la venta de una cruz del siglo XIII y la fundición de un copón de plata para crear dos cálices más pequeños. Todos ellos objetos de la iglesia de Peñalba.

El cáliz de Peñalba, copia del platero de Astorga José Manuel Santos.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

La patena de Peñalba, copia del maestro platero José Manuel Santos.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

El cáliz de Peñalba, copia del platero de Astorga José Manuel Santos.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Antolín de Cela sostiene las copias del cáliz y la patena de Peñalba que se exhibirán en el museo de la Basílica de La Encina.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Antolín de Cela sostiene las copias del cáliz y la patena de Peñalba que se exhibirán en el museo de la Basílica de La Encina.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Antolín de Cela sostiene las copias del cáliz y la patena de Peñalba que se exhibirán en el museo de la Basílica de La Encina.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba.
Iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba.

Una de las salas del futuro museo de la Basílica de la Encina.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Entrega de un facsimil de la Cruz de Peñalba a la iglesia mozárabe, el pasado año.
Entrega de un facsimil de la Cruz de Peñalba a la iglesia mozárabe, el pasado año.

Original de la Cruz de Peñalba que se conserva en el Museo de León.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Fiesta mozárabe en Peñalba, con una copia de la Cruz.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Vista de la iglesia y el pueblo de Peñalba, en el Valle del Silencio.
Así 'clonaron' el cáliz y la patena de Peñalba

Ilustración sobre la Batalla de Simancas (año 939). El rey leonés Ramiro II regaló la Cruz votiva al monasterio de Peñalba para agradecer la intercesión del apóstol, dicen las crónicas.