El secreto de Santa Marina, el pueblo minero que esquivó el final del carbón
'Hacemos pueblo', explican en la localidad de Torre del Bierzo, convertida en un oasis demográfico porque desde la pandemia han recibido 48 nuevos habitantes y reabierto 20 casas mientras el resto de la cuenca minera se despuebla

Nuevos y viejos vecinos de Santa Marina de Torre posan bajo el arco de la desaparecida iglesia de Santibáñez de Montes trasplantado al templo del pueblo.
Llegaron durante o después de la pandemia, ese fue el punto de inflexión, y cuando el pueblo estrenó la fibra óptica. Reabrieron el último bar que no había resistido al declive del carbón. Y recuperaron una veintena de casas para ir y venir a sus empleos en Ponferrada, en Bembibre, incluso más lejos, y para teletrabajar en el sector de la informática y los videojuegos, en la compraventa on line, o para estudiar a distancia en la Uned gracias a la calidad de la red.
Son algunos de los 48 nuevos vecinos que en los últimos cinco años han convertido en un pequeño milagro demográfico a Santa Marina de Torre; una aldea que creció a la sombra de las minas de Virgilio Riesco y sus ruidosos compresores, que tocó techo en 1966, cuando rondó el medio millar de habitantes, y que hizo pie en 2020 -dos años después del cierre de Antracitas de Salgueiro, la última mina en el municipio de Torre del Bierzo- cuando apenas eran 155 las personas las que vivían en el pueblo. Hoy Santa Marina es un oasis en medio de un paisaje montañoso donde la mayoría de las localidades pierde fuelle y no encuentra la forma de poner remedio a la despoblación, más allá de quienes vinieron en los años 90 desde Europa para resucitar un pueblo que llevaba muerto varias décadas como fue Matavenero. Porque los 181 habitantes actuales de Santa Marina de Torre, tras descontar 15 que se han ido y diez que se han muerto en los últimos cinco años, hacen de la vieja población minera una excepción, nadie lo duda.
¿Y cuál es el secreto de Santa Marina, que ha recibido un tercio de sus habitantes actuales en los últimos cinco años? ¿Es un efecto de la pandemia este regreso al pueblo desde Madrid, desde Murcia, desde Ponferrada? ¿Por qué han vuelto? O mejor, ¿por qué han elegido un pueblo minero donde aún nieva (menos que antes) en invierno y donde la carretera de acceso tiene una pendiente endemoniada? ¿Por que han llegado parejas jóvenes que alientan la esperanza en los más viejos de reabrir más pronto que tarde la escuela cerrada por falta de niños? A todas estas preguntas responden algunos de ellos una mañana de lluvia en el bar ‘Diecise16’, punto de encuentro y lugar de ocio de todo el pueblo, citados para posar con algunos de los habitantes de toda la vida, en buena hermandad, bajo el arco de la antigua iglesia de Santibáñez de Montes trasplantado al templo del propio pueblo como homenaje a quienes vivieron en aquella aldea arruinada que sí desapareció devorada por un cielo abierto.
“Me gusta caminar por el monte. De donde vengo no hay cuestas”, asegura Diana García, la madre de Natalia; la última niña que hace cuatro años nació en Santa Marina y una de los tres escolares que a diario se suben al taxi que paga la Dirección Provincial de Educación para llevarles al colegio de Torre del Bierzo. En total, hay siete escolares en Santa Marina que se reparten por las aulas de Torre y de Bembibre, donde van los mayores.
Y efectivamente, Diana llegó a Santa Marina desde un pueblo llano como San Román de la Vega, junto su marido Javier Mata, que trabaja como empleado del Ayuntamiento de Torre. Y lo hizo a tiempo de dar a luz. A diario recorre Diana en coche los 17 kilómetros que separan su casa de Brañuelas, donde trabaja en la limpieza de la residencia de ancianos de 9.00 a 15.00 horas. Javier y Diana, que rondan los cuarenta años, tenían buenos amigos en Santa Marina de Torre y cuando venían a visitarles, el ambiente tranquilo y la montaña, que aparece siempre a la vuelta de una esquina, les acabó seduciendo. Hasta el punto de mudarse.

Diana García y Javier Mata, con su hija Natalia.
Por el bar del pueblo también aparece Paco Caballero, actor, monologuista y empleado en obra civil. De todo ello obtiene sus ingresos. ¿Y qué hace un actor de dos compañías bercianas como Canal Teatro y Nath Teatro en Santa Marina? ¿Por qué cambió Matarrosa del Sil, otro pueblo minero, donde nació, y Ponferrada, con todos los servicios, el supermercado a mano, el Teatro Bergidum y los cines, por un lugar tan alejado del mundo -eso podría parecer hasta que llegó la fibra óptica- como Santa Marina? “Como dice el poeta, por el paisaje y por el paisanaje”, responde ufano, encantado con la gente que vive en el pueblo. “Vine en alguna ocasión a actuar y a recorrer la Ruta de los Petroglifos -una senda habilitada en los últimos años para poner en valor otro de los atractivos del entorno- y se portaron tan bien que me enganchó”. Caballero vivía en un piso en Ponferrada y ahora abre la puerta se encuentra el monte. “Sabía lo que quería, las comunidades de montaña son una maravilla”, dice. Y se pone un poco filosófico. “Aquí debe haber puntos telúricos, puntos geomagnéticos que atraen. Al final todo va de las sensaciones que encuentras”.
Más jóvenes son Esther Bailes y Óscar Matas, que no tienen hijos. Todavía.
Se conocieron en Madrid, su ciudad, pero Óscar tenía familia en Santa Marina, de donde es su madre, y en 2016 vieron la oportunidad de comprar “una casita” a buen precio. Una casa de 1918. “Tuvimos que rehacerla toda”, cuenta Esther, que trabajaba como administrativa y ahora se prepara para ser asistente virtual. “Los muros son los originales, pero por dentro es toda nueva”, añade. Con la instalación de la fibra óptica hace dos años ya no lo dudaron y se mudaron a lo que hasta entonces solo era una segunda residencia. Hoy, Óscar, que es programador informático y teletrabaja, está “en el proceso” de crear un estudio de videojuegos. Desde Santa Marina. La wifi va como un tiro.
¿Y lo de los niños para reabrir la escuela? “De momento no nos están presionando”, dice Esther. Pero “entra dentro de las posibilidades”. Y su marido añade, “no se me ocurre otro lugar mejor para que unos críos crezcan”. “A mí, sí me preguntan si no voy a tener otro”, interviene Diana García, la madre de Natalia, que también sigue en el bar, esperando para la foto.
En Madrid, Esther trabajaba en la Torre Picasso, uno de los rascacielos más conocidos de la ciudad. A diario tomaba el transporte público desde Parla y entre la jornada laboral, el parón de la comida, y una hora de ida y otra de vuelta “salía a las ocho de la mañana de casa y volvía a las ocho de la tarde”. “Además, tenemos un perro grande, Logan, y vivíamos en un piso. Solo podíamos pasearlo por el parque y aquí disfruta muchísimo”
También en Madrid nació Marina Gómez, de 26 años. “Vivíamos en Vallecas y venía al pueblo en verano”. Su abuela, Ludivina Moreno fue la primera presidenta de la asociación de jubilados del pueblo. Justo después de la pandemia, cerró la pescadería donde trabajaba su padre, Ángel Gómez, y toda la familia se trasladó a Santa Marina. Ángel trabaja ahora en un supermercado de Ponferrada y va y viene a diario. ”El ritmo de vida aquí es más tranquilo y la gente es más familiar”, explica Marina, que ha aprovechado la fibra óptica para matricularse en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y estudiar Trabajo Social.
¿Y cómo se pasa un sábado en Santa Marina cuando se tienen 26 años?
El bar Die16 también es el punto de encuentro y de ocio para los jóvenes de entre 16 y 35 años con los que queda Marina. David Garrido y su esposa Tania Masogo, que regentan el bar, sirven cenas de picoteo y luego copas, y hay fines de semana que ni siquiera se molestan en bajar a los pubs o los bares de Bembibre.

David Garrido y Tania Masogo, regentan el bar reabierto en Santa Marina de Torre.
David Garrido, que tiene 35 años, le puso Die16 al bar de Santa Marina porque un 16 de noviembre de 2016 fue el día en que conoció a Tania. Una fecha especial. Hace unos años, David perdió a su hijo Yerai -aquel niño del que se habló en los medios tras la campaña popular para encontrar dinero con el que financiar su tratamiento contra el cáncer- y junto a Tania tampoco descarta tener hijos. Y qué importante es que haya al menos un bar en cada pueblo. “Reabrir el bar en Santa Marina era mi sueño. Aquí había gente joven y querían un lugar donde reunirse”, dice. No por eso, los jubilados del pueblo, pilar de la asociación cultural que dinamiza como pocas la actividad en la cuenca minera, dejan de echar la partida de cartas después de comer. Al Diecise16 van todos.
Y la fibra óptica ha permitido otro pequeño milagro cotidiano. En las populares partidas de dardos que juegan en el bar, se conectan con competidores de Portugal o de Lousiana, en los Estados Unidos. La próxima partida 'a distancia' está convocada para el día 24. Porque la wifi no solo vale para el trabajo.
Nacida en Madrid hace 29 años, Tania Masogo Mendoza, es sobrina nieta de Antonio Machín, el popular cantante de mediados del siglo pasado, y tiene antepasados en la Guinea Ecuatorial que fue colonia española. La pareja vivía en Bembibre, pero después de un magosto organizado por la Asociación Carqueixa, Tania descubrió Santa Marina. Y le encantó “la unión que encontré en el pueblo”. Además, “aquí los niños juegan sin pantallas, y con edades diferentes”, dice. Los dos se turnan en el bar para mantenerlo abierto mañana y tarde, y los fines de semana hasta la una de la madrugada. Y tanto le gustó el pueblo a Tania, que enganchó a su padre, Alberto Masogo, otro que aprovecha la fibra óptica para dedicarse a la compra venta on line.
José Navarro, caminero murciano, trabajaba como agente de seguridad en la estación de Renfe en Alcalá de Henares, cuando conoció a Emma Fernández, empleada en las taquillas y con orígenes familiares en Santa Marina. La pareja se mudó unos meses a Cobatillas, en Murcia, "pero el calor no le gustaba a ella, y a mí sí me gustaba el norte y nos vinimos", dice José. Hoy tienen dos hijos, Víctor de 12 años, del matrimonio anterior de Emma, y Hugo, de cuatro, y compañero de Natalia en el taxi al parvulario de Torre. La familia llegó en el año de la pandemia y están encantados porque "los niños entran y salen cuando quieren, juegan en la calle sin miedo. Esto es calma y paz", afirma Emma.
¿Y cómo se las apañan con la compra? Emma y José van una vez al mes a un supermercado en Bembibre. Pero a Santa Marina sube un panadero de La Granja a diario y dos días a la semana lo hace un pescadero ambulante. Para la fruta, el embutido, alguna lata, algo de bollería industrial, y si se tercia hasta unas medias y una muda interior, está el colmado Super Silván, que los abuelos de Macu (así quiere que la llamen todos Inmaculada Silván) abrieron en 1955. Super Silván, que también fue bar y donde todavía se puede uno sentar a tomar un café en una mesa, es uno de esos puntos de venta del periódico en papel que todavía resisten... a la fibra óptica. A Macu le llega, por ejemplo, el Diario de León, distribuye media docena de ejemplares entre los vecinos y acerca la suscripción al Ayuntamiento de Torre. La tienda de Macu es otro punto de encuentro. Y hay relevo, porque a Mauro Díaz, su sobrino de 18 años que estudia para ser auxiliar de Enfermería, no le importaría continuar con un negocio que también surte de zapatillas de invierno a todo el pueblo. "Esas de cuadros tan calentitas", dice Macu. "Las tiene todo el mundo".
¿Y qué cose todo esto? ¿Por qué hay tan buen rollo, tan buena vecindad en Santa Marina? El ex alcalde de Torre del Bierzo y uno de los dinamizadores del pueblo desde las actividades culturales y de ocio que promueve la asociación de jubilados, Melchor Moreno, quizá tenga la respuesta que resume todas las anteriores. "Porque hacemos pueblo. Durante años llevamos haciendo juntos todo aquello nos une", dice. "Y gestionamos los conflictos para que no vayan a más".
El actual regidor, Gabriel Folgado, solo espera que el siguiente paso sea que todos los nuevos residentes, no solo en Santa Marina, también los que puntualmente han llegado a San Andrés de las Puentes o a Albares de la Ribera, se empadronen. "Es una obligación empadronarse donde uno vive. No es ningún capricho, eso nos ayuda a mejorar los servicios", explica por teléfono. "Alguna gente sí se ha empadronado, pero es verdad que hay población joven que viene y va por el trabajo y el padrón fluctúa mucho, o jubilados que mantienen la primera residencia fuera, aunque al final pasen más tiempo en el municipio". Torre necesitaría, además, crecer en unas cincuenta personas para superar la barrera de los dos mil habitantes y recibir más financiación del Estado y aspirar a subvenciones más cuantiosas.

Los hermanos Cristián (26) e Iker (16) Moreno, con su rebaño de vacas limusinas.
Rompe a llover con fuerza, y el paseo por Santa Marina, después de la foto junto al arco trasplantado en la iglesia, termina a las afueras del pueblo, donde Cristián Moreno, que a sus 26 años está opositando para ser guardia civil y trabaja ocho horas como encargado del McDonalds de La Herrería en Ponferrada, vuelve del monte con un rebaño de ocho vacas, cuatro terneros, dos burros, un toro, y cinco perros border-collies, muy listos, y muy mojados, que también le ayudan a pastorear veinte ovejas. A Cristián, que vive con su novia Yanay en Ponferrada, le ayuda su pareja, le ayudan sus padres y su hermano Iker, de 16 años, a manejar las vacas y las ovejas, a recoger los huevos de la treintena de gallinas que comparten establo con el ganado y con dos mastines muy mansos. Y por si fueran pocos, en la granja de Cristián, también crían "dos gochas" que engordan plácidamente hasta el día de la matanza.
Los burros tienen nombre; Gustavo y Felipa. Las vacas limusinas, también; Bimba y Lola, Heidi, Betty, Daisy, Chocolinda... y otros nombres más convencionales que ya empleaban sus abuelos, como Rubia y Linda. El toro es Willy. Y a las 'gochas' que engordan plácidamente, su hermano -que tomaría el relevo con el ganado si Cristián sacara la plaza de guardia civil- las lava de vez en cuando en una bañera que sirve de abrevadero para las vacas. "Hasta se le tumban de espaldas para que les rasque la barriga", dice Cristián de las dos gorrinas. "A ver si no vamos a ser capaz de matarlas", suelta entonces el abuelo de los Moreno, Maximino, que también anda por allí. Y en la cuadra suena el canto de un gallo a destiempo.

Nuevos y viejos vecinos de Santa Marina de Torre posan bajo el arco de la desaparecida iglesia de Santibáñez de Montes trasplantado al templo del pueblo.
El secreto de Santa Marina de Torre

Nuevos y viejos vecinos de Santa Marina de Torre posan bajo el arco de la desaparecida iglesia de Santibáñez de Montes trasplantado al templo del pueblo.
El secreto de Santa Marina de Torre

David Garrido y Tania Masogo, en su bar de Santa Marina.
El secreto de Santa Marina de Torre

David Garrido y Tania Masogo, en su bar de Santa Marina.
El secreto de Santa Marina de Torre

El bar Diecise16, punto de encuentro de todo el pueblo.
El secreto de Santa Marina de Torre

El bar Diecise16, punto de encuentro de todo el pueblo.
El secreto de Santa Marina de Torre

Diana García y Javier Mata, con su hija Natalia.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu Silván y su sobrino Mauro Díaz, en el Super Silván.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu regenta la única tienda de ultramarinos que resiste en Santa Marina.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu regenta la única tienda de ultramarinos que resiste en Santa Marina.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu regenta la única tienda de ultramarinos que resiste en Santa Marina.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu distribuye el Diario de León en papel entre el vecindario.
El secreto de Santa Marina de Torre

Macu distribuye el Diario de León en papel entre el vecindario.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno regresa con el ganado.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno regresa con el ganado.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno regresa con el ganado.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.
El secreto de Santa Marina de Torre

Cristián Moreno y su hermano Iker.