El Castillo de Ponferrada que vio Franco y retrató un nieto de Sorolla
El director de los museos de la ciudad difunde dos imágenes históricas de la fortaleza tomadas por Otto Wunderlich en 1948 y el arquitecto Francisco Pons Sorolla en 1951

El Castillo de Ponferrada en 1948, con un soldado regular haciendo guardia en la puerta.
Todavía acampaban tropas regulares del Ejército español de Marruecos en el Castillo de Ponferrada cuando Otto Wunderlich, uno de los ‘fotógrafos de Franco’, retrató en 1948 la entrada de la fortaleza berciana, con su rampa de tierra y uno de los arcos derribados desde hacía décadas. Todavía residían entre sus muros, en condiciones higiénicas lamentables, soldados del norte de África, veteranos de la Guerra Civil que tanto miedo habían generado entre las tropas y la retaguardia republicanas. Y seguían generando entre la población de Ponferrada. Y Otto Wunderlich, fotógrafo alemán que se había afincado en España en 1913 y que desde 1917 viajaba por todo el país para retratar sus paisajes y sus monumentos, tomó entonces una de las fotografías del Castillo menos difundidas; una imagen donde se aprecia al soldado que hace guardia en la puerta, delante del portalón de madera, y que el director de los museos de Ponferrada, Francisco Javier García Bueso compartió con los asistentes al filandón sobre la Ciudad del Dólar que tuvo lugar el pasado miércoles en la Térmica Cultural de Ponferrada.
Aunque los oficiales de las tropas regulares —las unidades fieles a Franco que el dictador trasladó a la península en un puente aéreo con aviones alemanes al inicio del golpe de Estado que desembocó en la Guerra Civil— residían en un alojamiento más cómodo en la ciudad, los soldados rasos lo hacían tras los muros de lo que entonces era poco más que una ruina, sin agua corriente ni asesos. Y quienes vivieron en aquella Ponferrada en desarrollo todavía recuerdan los olores y las malas condiciones sanitarias a las que tenían acostumbrados a los hombres que formaban parte de aquellas tropas.
Un año después de la visita de Wunderlich a Ponferrada, el propio Franco llegó a la capital berciana para inaugurar el 28 de julio de 1949 la central térmica de Compostilla que Endesa había construido muy cerca de la de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, el mismo edificio que la Fundación Ciudad de la Energía ha convertido hoy en la Térmica Cultural. Al dictador lo agasaron en Ponferrada con todos los honores, le engregaron la medalla de oro de la ciudad y le nombraron alcalde honorífico —reconocimientos que oficialmente no le retiraron hasta 2017— y durante el recorrido por la ciudad, la imagen del castillo que vio fue prácticamente la misma que había fotografiado Wunderlich (Stuttgart, 1898-Madrid, 1975).

El Castillo durante la la restauración de Pons Sorrolla de 1951.
Pero García Bueso compartió en el mismo filandón en la Térmica Cultural otra imagen histórica que tampoco ha tenido mucho recorrido. Si estos díasm la que fue antigua térmica de Endesa acoge una muestra sobre el pintor valenciano Joaquín Sorolla, poca gente sabe que un nieto del artista, el arquitecto Francisco Pons Sorolla, dirigió una serie de restauraciones parciales del Castillo en el año 1951. No se conserva documentación sobre aquellas obras menores, pero sí una imagen muy similar a la que había tomado Wunderlich unos años antes. La puerta del Castillo aparece ya sin ningún vigilante, con los mismos tablones de maderas endebles. Le sigue faltando uno de los arcos y apenas queda tierra en la rampa de acceso, casi convertida en un montículo escalonado para salvar el desnivel. La imagen histórica y las referencias a la restauración de Pons Sorolla figuran en el catálogo de la exposición ‘Veinte años de restauración monumental en España, que en 1958 publicó la entonces Dirección General de Bellas Artes y la conservación de la copia es «regular», según consta en la ficha del Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid.

El Castillo de Ponferrada, en 1924.
Las fotografías de Wunderlich, que tuvo su estudio en la calle Doctor Esquerdo de Madrid durante muchos años, y del arquitecto Pons Sorolla no son las primeras imagenes históricas del Castillo que García Bueso pone en valor. Hace un tiempo descubría en la tienda de un anticuario de Madrid en el barrio de Chueca una imagen tomada por el fotógrafo Winocio Testera en 1924, justo en el momento en que la declaración de Monumento Nacional salvaba a la fortaleza de convertirse en campo de fútbol, o de ‘coceo’ para que se entrenara la Ponferradina. El director de los museos no dudó en comprar la foto original que Testera había tomado para una guía turística. Y ahora los ponferradinos cuenta con tres imagenes muy similares del Castillo que esconde tres historias muy distintas detrás del papel revelado.

El Castillo de Ponferrada en 1948, con un soldado regular haciendo guardia en la puerta.
El fotógrafo alemán que trabajó con el wólfram
La imagen del Castillo de Ponferrada tomada por Otto Wunderlich en 1948 no es el único vínculo del fotógrafo nacido en Sttugart con los mitos modernos del Bierzo. Al acabar la Guerra Civil, periodo que pasó en Alemania, Wunderlich había regresado a España como empleado de un compañía alemana dedicada al comercio del wólfram. Estamos, precisamente, en los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando se despierta en el Bierzo la fiebre del wólfram, cuando nace el mito de la Ciudad del Dólar en Ponferrada.
La fotografía de Wunderlich, con el soldado de los regulares en la puerta, se conserva en la Fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural de España que pertenece al Ministerio de Cultura.