"Las campanas de San Ignacio tienen que sonar, pero no se puede permitir un estruendo infernal"
La abogada del vecino que denunció el sonido estresante del campanario del templo de Ponferrada recalca que solo han pedido "amortiguar" sus repiques y que se oigan igual que lo hacían antes de la llegada del último párroco

Torre de la iglesia diocesana de San Ignacio.
"Las campanas de la iglesia de San Ignacio tienen que sonar, forman parte del paisaje sonoro de Ponferrada, pero tienen que hacerlo de forma amortiguada, dentro de los niveles reconocidos en la Ley del Ruido", y no como ahora que alcanzan hasta 83 decibelios hasta convertirse en "un estruendo infernal", como si se tratara de una industria pesada. Así ha reaccionado la abogada del vecino de la avenida de Compostilla que ha denunciado al Obispado de Astorga por el estrés que le causan los repiques del campanario desde la llegada, hace tres años, del nuevo párroco. Sorprendida por la decisión del Obispado de eliminar el toque de campanas y dejar la iglesia en silencio, sin anunciar las horas, ni la liturgia, María José Rodríguez recomendó al Obispado que contrate a una empresa especializada para ajustar los martillos de las campanas. "No queremos que las campanas dejen de sonar, solo que no causen problemas", recalcó.
El Obispado de Astorga ha anunciado en un comunicado en su página web que para acatar el auto del juzgado que le obliga a cumplir provisionalmente la sentencia favorable al vecino de Ponferrada, a la espera de que la Audiencia Provincial de León estudie su apelación, ha decidido "eliminar los toques de campanas -uso horario y litúrgico/llamada al culto". Pero la abogada del demandante entiende que no hace falta ir tan lejos. "Lo que tiene que hacer el Obispado no es suprimir el sonido de las campanas, que son un deleite y forman parte del paisaje sonoro, es amortiguarlo porque lo que no se puede permitir es que generen un estruendo infernal", insistió.
La letrada especializada en las molestias que causan los ruidos reiteró que los problemas comenzaron con la llegada del último párroco. "Nunca antes había habido problemas y mi cliente lleva diez años viviendo en la avenida de Compostilla", aclaró. Ahora, los 83 decibelios que se han llegado a medir en las llamadas a la liturgia suponen "niveles de ruido industrial". A la abogada le extraña, en cualquier caso que no haya habido más denuncias. "Me sorprende que el resto de vecinos no se haya quejado". Hasta sesenta veces al día, recuerda, suenan las campanas, con niveles de ruido exagerados. "Aquello llegó a parecer el fin del mundo", afirmó.