Verde hasta la puerta de La Cuevona
Un abuelo al que se le quemaron 50 castaños, una nave y un palomar reflexiona sobre las ayudas prometidas: «No me creo nada, pero si fuera vedad le daría las gracias" a Mañueco. El soto cetral se salvó

A la izquierda, verde de los castaños vivos. A la derecha de la imagen, el negro del incendio frenado en la Cuevona
El verde esperanza aún se mantiene en el soto de castaños de Médulas, situado en la base del circo central del paraje aurífero. La lengua de fuego no se lo llevó por delante. Dañó los árboles de la entrada al parque natural central que va hacia la Cuevona, cerca del restaurante Agoga de Fina y Pedro, y tambien una parte de la senda de Las Valiñas, pero el grueso central sigue verde.

Negro junto a la señalización que da a la Cuevona, al fondo

Los erizos de castañas salvados

Picachos en el soto central
Reconforta el alma caminar por el camino de tierra y las senda que va a la Cuevona y ver los erizos de los castaños creciendo, engorndando para el otoño; escuchar cantar a varios pajaros depistados seguramente no ajenos a lo sucedido y comprobar que el turista que quiera volver a Las Médulas no sólo tendrá fotos de color negro, sino también verdes de ese color que sólo muestra la naturaleza.
Poco antes de llegar a la Cuevona se aprecia un castaño calcinado por el fuego, y como desangrado por el agua aún fresca en la tierra que le tiraron los bomberos para salvarlo. El ñarbol está destrozado y es el final de una ligera franja de tierra quemada que fue capaz de llegar por el flanco Este hasta la misma puerta de La Cuevona. Quemó los carteles y los postes de madera que los soportaban, pero la buena noticia es que ese fuego temeroso fue finalmente aplacado y no cruzó el camino de tierra hacia el resto de los castaños del gran soto uq ese despliega en el 1,1 kilómetros de la senda de la Valiña. Ayer, en un 14 de agosto víspera de la madre de todas las fiestas de verano, no había ni un turista en la zona de La Cuevona. Protección Civil no les dejaba entrar por un tema tan evidente como es la necesaria revisión de la zona, con incendios activos no muy lejos de allí.
En Médulas, a Antonio Ramos, de 78 años, se le quemaron 50 castaños y le ardió una nave y un palomar. Le pregunto si confía de lo dicho por el presidente Mañueco de ayudar muy rápido con fodos para recuperar la zona. Esta fue su respuesta subido al tractor: «No me creo nada..., pero si fuera verdad le daría las gracias». También tuvo Antonio una frase dedicada a los políticos: «Yo no les digo nada, porque salen unos malos y entran otros peores». En Médulas, Gerardo Rodríguez Méndez, que trabaja para Martínez Bierzo, también hablaba y parte de sus silencios lo decían todo: «Hay mucha impotencia y también mala leche, pero es mejor estar callado porque no arreglamos nada». En Voces, Ángel Blanco, estaba contento porque se salvó la zona, y Manuel que trabajó en el puerto de Barcelona pedía que los de la extinción debían contar con ellos.