Diario de León

Insomnio en Igüeña y Colinas

Los vecinos y un gran operativo de medios salvaron de las llamas la zona, evitando que el fuego entrase en el gran bosque de pinos hacia Noceda. Mineros jubilados de Colinas dan su visión en medio de la amenaza

Manuel Félix López
Colinas / Igüeña

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Nadie durmió agusto en Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (pueblo BIC del Bierzo). Tampoco en Igüeña. La pesadilla sigue en el Bierzo a los 13 días de iniciarse. Tras el terror de Las Médulas, Oencia, Ponferrada, Anllares y demás, las llamas llegaron de noche a las puertas de la cabecera del municipio, casi a tiro de piedra de la consistorial. Gracias al gran despliegue de medios terrestres del Estado y de la Junta, y a que también había maquinaria pesada que restauraba una mina a cielo abierto en la zona, se evitó una tragedia mayor en la cuenca del Boeza.

«Si el fuego pasa de Igüeña, con aquellas llamas de pavor, en dos minutos está en Quitana de Fuseros; en cinco en Las Traviesas, y en una hora llega a Noceda. Teníamos un miedo terrible, pero eso se evitó», decía ayer jueves a primera hora de la mañana el socialista Alider Presa, a pie de obra en Igüeña, quien confesaba que se sintieron arropados por los medios para salvar las casas y lo que se pudo. Los vecinos fueron evacuados.

No es para menos, si el fuego cruza la carretera de Igüeña a Colinas, las llamas se meterían en un pinar añejo y en un bosque tupido, que con robles, encinos, urz, jara y otro matorral combustible convertiría la zona en otra sucursal de un infierno multiplicador de desgracias.

El peligro está también en Colinas. A esa hora, nadie nos impide el paso; así que, antes de las diez de la mañana recorremos un pueblo casi fantasma, pero con gente joven alerta y al pie del cañón para salvar el pueblo. El incendio bajaba amenazante desde el alto de la montaña. Los vecinos lo llaman la mata de Lirella, donde de pequeños subían con las cabras y donde levantaron tres torres de piedra desde las que se divisa el valle.

Alberto Arias Crespo es un jubilado de Colinas con 24 años de mina y, con resignación en alerta, soltaba algunas frases de lamento y queja: «Esperábamos venir el fuego. Del Gobierno nada. Esto es de pena, no te dejan desbrozar y ahora llevamos dos días limpiando la zona. Estamos preparados para frenarlo».

Otro minero jubilado, con 25 años de mina, que prefiere que no se publique su nombre, también habla: «Nos unimos por culpa del fuego, limpiamos el monte alrededor, olvidamos las mierdas que nos separan y nos pusimos a currar. Pero digo que aquí tenía que estar el Ejército».

Bomberos de Alicante y Valencia trabajaron en la zona, mientras desde el aire medios aéreos parecían mosquitos escupiendo agua al fuego. La gente mayor abandonó el lugar y hasta Alberto, que tiene a su madre a punto de cumplir 100 años, mantenía la esperanza de evitar otra tragedia y hacerle pasar el mal trago a los ancianos, al ver cómo lo que tanto les ha costado ganar estaba en peligro de convertirse en cenizas. La carretera de Igüeña a Colinas estuvo blindada y vimos sobre el terreno cómo, cada cien metros, colocaban a un brigadista para impedir que las llamas que bajaban del monte cruzaran la carretera, saltaran el río Boeza y desatase lo impredecible. Anoche, al cierre de esta información, se mantenía la tensión, las alertas. Había larga espera de acontecimientos.

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