Diario de León

Viaje desolador a la quema forestal, con la esperanza en la reducida braña de Anllares

Muerte en el Pico Miro, casa del oso, el urogallo y la jineta

La alcaldesa de Páramo del Sil pide una rápida actuación en este territorio Red Natura 2000

La alcaldesa de Páramo del Sil, Alicia García, señala la zona calcinada desde la zona del Miro y lo verde que se salvó de la braña de Anllares. Detrás está Fornela.

La alcaldesa de Páramo del Sil, Alicia García, señala la zona calcinada desde la zona del Miro y lo verde que se salvó de la braña de Anllares. Detrás está Fornela.m.f.

Manuel Félix López
Pico Miro (Páramo Del Sil)

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Desolador. Encoge el alma. Dan ganas de llorar. Huele a tierra quemada, a madera y matojo volatilizado. Todo negro, todo calcinado, todo ceniza esparcida que vuela al albur de los vientos que zurran por todos los costados en las alturas del Pico Miro (1.985 metros), en la zona de los frondosos e imponentes montes de Páramo del Sil. Se han cumplido días de la tragedia forestal. El fuego castigó en agosto el lugar, de día y de noche, y en varias jornadas se llevó por delante unas 6.700 hectáreas.

Se sabía que el daño era enorme, pero para contarlo era necesario verlo y pisar la desgracia. Desde el pueblo de Anllares del Sil, siguiendo una pista kilomética de tierra, subo a las montañas del Miro con la alcaldesa de Páramo del Sil, la socialista Alicia García. Ella conoce bien estos montes. Nació aquí, ama esta tierra, y eso se nota mucho cuando habla. Además de querer y defender sus raíces, tiene conocimiento y formación empírica. Es ingeniera forestal y en su trabajo dirige a un grupo de brigadistas en los bosques de la vecina Galicia. Sabe bien qué es cuidar una masa forestal y también la amenaza vital del fuego; Y además, conoce los métodos para recuperar tan magno desastre. A todo ello, como alcaldesa atendiende a sus paisanos, a los problemas del día a día en su Ayuntamiento: la farola, el banco, el vecino que pide ayuda (...).

En silencio, atónitos, los dos contemplamos desde el todoterreno la tierra yerma —aún doliente— camino del Miro y de las lagunas de Fasgueo y el pozo Cheiroso, de origen glaciar. Entre ambos, sobran las frases de lamento, de enfado y decepción. Nos hablamos sólo con la mirada. Cuesta pronunciar palabra, testigos de tanta naturaleza pulverizada. Yo me limito a resoplar. La alcaldesa, por veces, mantiene la mirada perdida en la negra nada del horizonte.

Ni el piar de un pájaro, ni rastro de vida animal en hectáreas a la redonda. Aquí vivía el oso, el preciado urogallo (especie protegida y única en esta tierra fértil), la jineta (que también se puede escribir con g), el gato montés, la garduña. Compartían suelo boscoso con el lobo, el zorro, el corzo o los ciervos. Y en las alturas, en el cielo, se podía seguir la silueta del águila, dibujando pausadas líneas circulares de ochos infinitos. También al arrendajo, un córvido de colores espectaculares, de hábitos netamente forestales. Aquí, con la llegada de las primeras lluvias de octubre, sin necesidad de viajes largos de promoción turística, se escucha de cerca la berrea de los ciervos. No hace falta salir del Bierzo para apuntarse a una excursión en el asturiarno Somiedo. No. Están aquí.

Avanzamos ladera arriba, dando tumbos por el terreno. Los árboles que se salvaron parecen fantasmas muertos, erguidos, hieráticos, desplumados. Pisamos suelo protegido de la Red Natura 2000. Atravesamos el canal o senda invisible por donde transitaban ocultos en ambas direcciones hacia los Ancares desde Laciana y todo el Alto Sil la abundante fauna osera, el lobo y demás parentela animal. Con un poco de conocimiento y paciencia, no es difícil ver a alguno de estos plantígrados subir o bajar laderas con sus crías. Hoy, no lo logramos.

En estos montes protegidos de alto valor natural se perdieron servales, fresnos, salgueras, robles, cerezos y manzanos silvestres, acebos, tejos, arces y abedules. Había plantaciones de pinos silvestres, de esos árboles que retienen el terreno, que tardan en crecer y que los vecinos apenas verán una corta, porque se produce cada 120 años, o así, hasta ser mayores de edad.

Es un bosque de naturaleza e influencia Atlántica. La alcaldesa de Páramo del Sil rompe el silencio para clamar ayuda de las administraciones para recuperarse de esta tragedia. Después de las comprensibles quejas por la tardanza en la actuación para contrarrestar los fuegos (cree que se podían haber desplazado antes medios concentrados en Las Médulas y otros lugares, y les pide perdón a los vecinos afectados del paraje) estima que es la hora de arrimar todos el hombro, de unirse y acometer un plan serio y decidido, con el dinero necesario para la gestión de recuperación forestal de estos montes. Cree que la Junta de Castilla y León debe dar de sí todo lo posible, porque los montes del Miro y su fauna necesitan esa ayuda con urgencia, como Las Médulas.

Alicia García, consciente de la necesidad, ha remitido ya un informe a la Consejería de Medio Ambiente en el que a lo largo de 5 folios detalla la solicitud de actuaciones tras el incendio en la zona de Anllares del Sil. Todas las medidas están encaminadas a la reconstrucción y evitar un mayor deterioro del lugar.

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