Huida al verde de las yeguas libres
Los animales se mueven desorientados en busca de agua y alimentos y se concentran en oasis naturales salvados de la quema

Yeguas con sus crías en libertad, huyendo de las alturas quemadas (arriba izquierda), junto a la carretera de Valdeprado.
Empieza a picar el sol. Salimos de Anllares y enfilamos la vieja carretera minera de Valdeprado, la que va a dar a Degaña, ya en Asturias y en la que la Junta ha comprometido dinero para arreglarla, ligado precisamente al valor natural de esta zona osera y del urogallo. Por el camino nos topamos con un ganadero. En la parte trasera de su pequeño utilitario lleva paja. Prefiere que no se le identifique, pero no oculta su desesperación e incluso desorientación, como el ganado desapavorido, que intenta localizar y reagrupar fuera de un monte ya quemado. Por las laderas de la zona del Miro que dan a Valdeprado también hay daños importantes. A pie de asfalto llama la atención un grupo de yeguas solitarias, alguna de ellas con su cría, que pastan la hierba de la cuneta. Corren peligro, porque el tráfico en esta zona empieza a ser abundante. Al vernos, se adentran en el bosque.
Entro en el monte al lado de la carretera y otro grupo de la misma manada de yeguas levanta la boca del suelo para observar a lo intruso. Las crías siguen mamando, pero las madres no pierden detalle por si acechan nuevas amenazas. Es evidente que los últimos incendios las han obligado a desplazarse desde las alturas del monte (con los pastos más verdes) al fondo del valle. El negro ceniza manda ahora en parte de esas alturas y brañas. La alcaldesa habla con el ganadero y ambos mantienen sospechas de que hay algún pirómano suelto por la zona. El del alto del Miro se atribuye a un rayo de tormenta, pero los otros no.
Salimos de la tierra hostil quemada y Alicia García, (que supo capear muy bien la presión astuta de los ejecutivos de multinacionales que querían trufar de eólicas sus montes), me remite el informe con peticiones de urgente actuación. Alude a la protección inmediata del suelo, a la evaluación de daños, a medidas de estabilización y control de laderas y a la gestión forestral tras el incendio, con retirada de la madera quemada con criterios técnicos equilibrados, con restauración ecológica a medio plazo, facilitando el acceso controlado del ganado. También a poner en marcha infraestructuras preventivas y gestión del territorio, con la imprescindible coordinación entre todas las administraciones para el refuerzo de la prevención.