Diario de León

El cuidado tecnológico reduce los costes, el consumo de agua y el impacto ambiental

Los drones aseguran el cultivo de la vid con hasta un 50% de ahorro

La experiencia de Valle del Oza en San Esteban de Valdueza constata en el Bierzo el papel clave de la tecnología

Uno de los drones utilizado en la gestión y cuidado del viñedo en San Esteban de Valdueza.

Uno de los drones utilizado en la gestión y cuidado del viñedo en San Esteban de Valdueza.ÉLITE DRONES

María Carro
Ponferrada

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La revolución tecnológica del campo ha comenzado y el Bierzo no es ajeno a esa realidad. Se impone, principalmente, el uso de drones para mejorar la gestión de los cultivos, aplicar los tratamientos y regar. Hace dos años que el viñedo de la familia Merayo Martín en San Esteban de Valdueza (Ponferrada) se trabaja desde el aire y también a ras de suelo con una tecnología precisa que permite ahorrar en costes y agua y reduce el impacto ambiental. De ese trabajo se encarga la empresa Élite Drones de Juan Forner. Él y Jesús Merayo —el propietario del proyecto vitivinícola Valle del Oza, con quince hectáreas de viñedo viejo y de nueva plantación en cultivo ecológico— se conocieron en 2023 en la Feria de la Castaña Biocastanea, cuando prácticamente nadie en la comarca apostaba por esta nueva forma de trabajar.

«Nos dio la oportunidad de demostrar que los drones y la tecnología pueden convivir con los cultivos y empezamos a hacer pruebas de cantidades por hectárea en una parcela de 500 metros cuadrados de la variedad Godello que nos cedió. Ahora, estamos ya en unas diez hectáreas con Mencía, Palomino, Godello y Estaladiña», explica Forner. Es un viñedo ubicado a 700 metros de altitud en la puerta de La Tebaida Berciana, con suelos mixtos con componentes de pizarra. Quince hectáreas de un total de 30 que conviven con una plantación experimental de olivos de dos hectáreas, igualmente sometidos al cuidado tecnológico.

«Son cultivos sin riego y ecológicos, lo que complica más el abonado y la aplicación de los productos, que se suelen hacer a mano», relata el operador de drones, que destaca que una de las ventajas de su uso es la protección efectiva del terreno, especialmente cuando está mojado. «Cuando llueve, los tractores no pueden entrar, pues se podrían enterrar dañando y compactando la tierra. Los drones sí pueden hacerlo, como también pueden entrar en terrenos de difícil acceso o en pendiente y en viñas viejas, que no están organizadas en fila y la aplicación se complica un poco más», apunta Juan Forner.

La tecnología permite desarrollar una agricultura de precisión.

La tecnología permite desarrollar una agricultura de precisión.ÉLITE DRONES

«Nos sale más barato que las horas de alquiler de un tractor y que los medios clásicos, ahorramos en fitosanitarios, mejora la efectividad de los tratamientos, en un solo día podemos hacer todo el trabajo y los drones actúan cuando los métodos tradicionales no pueden», resume Jesús Merayo. Más preciso es el propietario de Élite Drones, que utiliza aeronaves y drones terrestres de gran capacidad —XAG p100 Pro (60 litros), XAG p40 (20 litros) y DJI T100 (100 litros)— para poder dar respuesta a todas las necesidades: «Normalmente, hacen falta dos personas y una manguera para regar y utilizan alrededor de 300 litros por hectárea. Con los drones, ese volumen se reduce bastante. En las aplicaciones que hemos hecho, lo máximo que aplicamos, con masa foliar media, son 120 litros por hectárea y, cuando es menos, incluso se puede ir a 70 litros por hectárea, ya depende de la masa foliar».

Un consumo de agua mucho menor

El gasto de agua en el riego baja de los 300 litros por hectárea de los sistemas tradicionales a 120 y hasta 70 litros

El aumento de los costes y una mano de obra cualificada «cada vez más difícil de encontrar» son solo dos de los inconvenientes que enfrenta el sector agrícola y que se pueden contrarrestar con el uso drones. Pero no son los únicos. «Muchas veces, las enfermedades y el extrés hídrico se detectan tarde y con la tecnología podemos anticiparnos. Además, «otra de las ventajas de los drones es que aplicamos granulado con un deposito distinto y podemos aplicar, por ejemplo, azufre y cobre». Sin pasar por alto «la reducción de la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas», porque se mide el mililitro de producto aplicado.

Un dron terrestre empleado en el tratamiento del cultivo.

Un dron terrestre empleado en el tratamiento del cultivo.ÉLITE DRONES

En el caso concreto del viñedo de Valle del Oza en San Esteban de Valdueza, Juan Forner asegura que su tecnología permite agilizar los tratamientos, ya que al ser cultivo ecológico, es necesario intervenir para prevenir y «las aplicaciones son, por ejemplo, cada siete días; aunque depende del tiempo. Si llueve, al día siguiente hay que aplicar y eso conlleva mayor recurso de mano de obra. El mildu no espera y hay que aplicar sí o sí y la mano de obra no es tan rápida como los drones. Podemos hacer una hectárea a 60 litros con la masa foliar media entre 15 y 20 minutos, dependiendo del viñedo; mientras que una persona puede llegar a tardar dos o tres horas».

Ahorro en fitosanitarios

Entre un 30% y un 50% menos de producto aplicado y un ahorro de entre 400 y 900 euros en diez hectáreas

En definitiva, los drones ofrecen una visión aérea y mapas de vigor, permiten detectar de manera temprana el extrés hídrico y las plagas, así como la aplicación localizada de productos, lo que reducie los riesgos y los tiempos de inspección. Además, utilizan menos químicos y agua, permiten reducir el uso de la maquinaria pesada y, con ello, las emisiones de dióxido de carbono y su uso es compatible con viñedos ecológicos y certificaciones verdes.

«Al igual que el tractor o el riego por goteo, los drones son la siguiente evolución, una herramienta que protege la tradición con tecnología», defiende Juan Forner.

Ejemplos de ahorro económico

Jesús Merayo considera que es el viñedo viejo (el principal valor del sector vitivínicola de la comarca) donde «tiene más sentido» el uso de drones aéreos y terrestres. La reducción de costes aquí es importante por la disposición y la ubicación de las cepas. Unos 60 euros por hectárea asegura que le está costando a él el uso de esta nueva tecnología. «Eso con un tractor no lo consigues», afirmó.

Un dron operando en el Bierzo.

Un dron operando en el Bierzo.ÉLITE DRONES

En el ahorro económico incidió también el operador de drones Juan Forner, citando algunos ejemplos concretos que evidencian esa realidad. Un 15% menos de productos fitosanitarios gracias al uso de mapas NDVI (índice de vegetación de diferencia normalizada) en una bodega en Italia y 18% menos de combustible para la gestión del viñedo de la bodega Felton Road (Nueva Zelanda). Pero no hace falta irse tan lejos y la experiencia de Élite Drones en el Bierzo también constata el ahorro. «Estamos hablando de entre un 30% y un 50% menos de producto aplicado en viñedos en pendiente» y un ahorro estimado de «entre 400 y 900 euros al año» en un viñedo de diez hectáreas como en el que trabaja en San Esteban de Valdueza, cifra Forner.

Cámaras que detectan lo que el ojo no ve

Los drones con cámaras multiespectrales detectan los problemas, como focos de enfermedades o el estrés hídrico producido por falta de agua, mucho antes de que el ojo humano lo perciba y eso permite anticiparse. Es agricultura de precisión. «Se puede hacer una zonificación, esto es lo más interesante, y sacar los índices de vegetación, datos de estrés hídrico o temperatura y, en base a unos parámetros, podemos ver en qué zona se necesita aplicar tratamiento y en cuál no», explica Juan Carlos Forner.

La información recogida con este mapeo de alta fiabilidad se transfiere al dron encargado de la aplicación de los tratamientos y del riego y se programa para que el caudal de una zona sea distinto al de otra, en función de la necesidad real. Así, «se ahorra más producto y agua», destaca el administrador de Élite Drones.

Mapeo del terreno para optimizar el uso de los drones.

Mapeo del terreno para optimizar el uso de los drones.ÉLITE DRONES

En definitiva, los drones no solo vuelan, sino que también generan información muy importante para la gestión de los cultivos, ofreciendo mapas claros que permiten decidir dónde intervenir y dónde no.

«El ojo humano ve la hoja, el dron ve la planta. El viticultor siente la tierra, el dron le da los datos. Juntos protegen el viñedo para el futuro», concluye el experto.

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