Diario de León

SIN TECHO DE CRISTAL

La mujer que gobierna el agua en el Hospital El Bierzo

Un taller de empleo cambió la vida de Natividad Catarino, fontanera del centro asistencial desde hace 20 años; una mujer en tierra de hombres para la que pesa más la falta de formación que el género

Natividad Catarino, frente al Hospital Bierzo.

Natividad Catarino, frente al Hospital Bierzo.L. DE LA MATA

María Carro
Ponferrada

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Cuando Natividad Catarino Pérez entró a formar parte de la plantilla de mantenimiento del Hospital El Bierzo rompió un techo de cristal. Una mujer fontanera calefactora en un mundo tradicionalmente de hombres. Fue en 2006, después de una batalla personal que la devolvió a casa desde Canarias, donde había pasado once años trabajando en el sector de la hostelería. De vuelta a Toreno y con una hija, tuvo que reciclarse para prosperar y se apuntó a un taller de empleo de instalación de placas solares que ofrecía el Ayuntamiento. Esa fue la puerta de entrada a su profesión actual. Hoy, todo el mundo la reconoce en el hospital.

Empezó haciendo bajas y vacaciones y, en 2013, logró la interinidad. Pero ahí no terminó la lucha. Cuando ella accedió al puesto de trabajo, le bastaron el graduado escolar y aquel taller de empleo; pero con el cambio de sistema educativo, tuvo sacar el título de Formación Profesional. De eso hace seis años y no ha sido hasta hace unos meses cuando ha asegurado su plaza, aun habiendo aprobado ya cuatro oposiciones. «Llevo una década luchando y por fin lo he conseguido. Ahora estoy echando méritos. Este es el trabajo de mi vida», afirma.

Es consciente de que rompió cristales y abrió puertas; pero dice que siempre ha sido muy bien tratada en una plantilla de hombres. «He tenido muy buenos compañeros y muy buenos jefes aquí. Nunca he sentido discriminación ni rechazo», garantiza y celebra que, por fin, acaba de entrar otra mujer. Cursó con ella la FP en León durante tres años y se ha incorporado al hospital. Natividad lamenta la falta de formación en fontanería en el Bierzo y dice que hay trabajo asegurado.

«Necesitamos gente. Cuesta mucho encontrar relevo. Toda la plantilla de mantenimiento tiene una edad próxima a la mía y no estamos lejos de la jubilación. En fontanería es fácil encontrar trabajo antes incluso de terminar la formación», relata. Y es ahí donde ella quiere detener su discurso, más que en el hecho de ser mujer. El género no un problema; sí la falta de formación.

«El Bierzo necesita un sistema educativo que abarque todos los oficios para asegurar el relevo generacional y poder formar a gente. En el hospital hay que cumplir muchos protocolos y quien entra debe dedicar al menos un año para aprender cómo funciona todo», defiende la única fontanera que se presentó al último exámen de oposición en Valladolid. Ella sola entre 35 para 30 plazas. Quedó la número trece.

Natividad Catarino es la mujer que gobierna el agua en el Hospital El Bierzo y su trabajo no se centra solo en arreglar cañerías, aunque menciona que una de las averías más gordas que ha tenido que resolver se produjo el pasado verano, con la rotura de la tubería más grande del centro asistencial, una de cuatro pulgadas, entre la planta baja y la primera planta, a la altura de Lencería. Qué hacer ante eso. «Correr», dice sin soslayar una risa. Esto es una parte de su labor diaria. Arregla baño, realiza instalaciones y desinfecciones, está capacitada para entrar en la reparación del Banco de Sangre y lleva el tratamiento del agua en la planta de Diálisis. Aquí su labor es fundamental, ya que debe garantizar la integridad del circuito de agua, asegurándose de que el sistema de filtros, bombas y membranas funcione correctamente para que el agua tenga un grado máximo de pureza para el dializado. Que no haya legionella y que toda el agua del centro esté apta para consumo están, igualmente entre sus funciones prioritarias.

Natividad no tiene freno y emplaza a otras mujeres a que tampoco se pongan límites. Su trabajo cambió su vida y es una persona feliz que se mantiene al margen de cualquier etiqueta. «Me ha ido muy bien», concluye antes de enfundarse en su mono azul.

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