Seis años de internamiento para un berciano por arrancar un ojo a un amigo en un ritual esotérico
El berciano, que fue reducido por la policía, escuchaba voces que le pedían sangre

La antigua sección tercera de la Audiencia fallaba finalmente el ingreso en un centro psiquiátrico del encausado.
La Audiencia Provincial de León acaba de fijar seis años de internamiento para un berciano que quería arrancarle un ojo a otro para “metérselo por el culo” en un ritual esotérico. El máximo tribunal con jurisdicción en la provincia de León lo absuelve del delito de homicidio por entender que tenía sus facultades mentales perturbadas.
La antigua Sección Tercera de la Audiencia Provincial de León dictaminó una medida de internamiento en un centro psiquiátrico para un berciano que pretendía matar a otro con el que tenía desavenencias y al que trató de arrancar un ojo “para metérselo por el culo” en un ritual esotérico que pretendía seguir porque un ser superior le “pedía sangre”.
De acuerdo al apartado de hechos probados de la sentencia, el procesado tenía una relación de amistad con la víctima, de modo que el 1 de diciembre del 2023 salieron juntos de fiesta y consumieron bebidas alcohólicas y sustancias estupefacientes. Ambos padecían enfermedades mentales y días antes habían estado hablando de cuestiones espirituales, del bien y del mal, se habían tatuado símbolos semejantes a runas vikingas y portaban una piedra blanca y otra negra, como símbolos del yin y el yang. Además, el procesado había manifestado a su amigo que “creía que estaba poseído por un ente y que le pedía sangre”.
Así las cosas, la madrugada del 1 de diciembre, sobre las 5.00 de la mañana, en la calle Once Mil Vírgenes de Ponferrada y cuando ambos regresaban a casa, sin que mediara previa discusión, el agresor atacó a su amigo y con ánimo de acabar con su vida, le propinó múltiples golpes, patadas y puñetazos por todo el cuerpo, le sacó un ojo y dejándole inconsciente en el suelo, le quitó la ropa, y le arrastró por sus genitales, sin que cesara en ningún momento la brutal paliza, ni siquiera cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad se presentaron en el lugar, que procedieron a separarle de la víctima y engrilletarle mientras el procesado manifestaba a voces: «¡Dejadme que lo quiero matar, que lo voy a matar!», mientras era introducido en el vehículo policial en un estado de gran alteración.
El suceso generó gran revuelo y escándalo durante la madrugada de ese 1 de diciembre en la calle Once Mil Vírgenes de la capital berciana, con intervención policial.