De Londres al Bierzo: la pareja que cambió un piso compartido por una yurta autosuficiente en León
El punto de inflexión fue realizar juntos el Camino de Santiago

En un mundo donde la inmediatez y el consumo marcan el ritmo, Paola y Ricky han decidido pulsar el botón de pausa. Tras años de frenesí urbano, esta pareja —ella brasileña y él italiano— ha encontrado su "paraíso" particular en el municipio de Arganza, en la provincia de León, donde viven desde hace seis años en una yurta, alejados de las hipotecas y las exigencias de la gran ciudad.

Su historia de cambio radical comenzó en Londres. Allí, ambos compartían un piso con otras cinco personas, una realidad común en la capital británica pero que acabó por agotarlos. "Nos cansamos de la vida exigente", confiesan. El punto de inflexión fue realizar juntos el Camino de Santiago; la ruta jacobea no solo les descubrió los paisajes del norte de España, sino que les sembró la semilla de una vida diferente: más sencilla, más conectada con la naturaleza y, sobre todo, libre de preocupaciones económicas asfixiantes.
Una vida circular en 20 metros cuadrados
Al llegar a El Bierzo, se enamoraron del entorno y decidieron instalarse cerca de un pueblo abandonado. Su hogar no es una casa convencional, sino una yurta: una vivienda circular de estructura de madera y paredes de tela, inspirada en las moradas nómadas de Asia Central.
En apenas 20 metros cuadrados, la pareja ha creado un espacio multifuncional donde no hay tabiques: el salón, el dormitorio y la zona de trabajo conviven en un mismo círculo. "Es un hogar muy cómodo y tenemos todo lo que necesitamos", aseguran. Aunque reconocen que vivir en una estructura de tela tiene sus retos —como el ruido de la lluvia o las temperaturas extremas—, destacan la rapidez con la que se calienta en invierno gracias a la leña.
El reto de la autosuficiencia
La rutina de Paola y Ricky, que comparten a través de su canal de YouTube Monxileros, dista mucho de la de cualquier urbanita:
Energía: Dependen de paneles solares para obtener electricidad.
Agua: Se duchan con un cubo y agua que calientan al sol.
Alimentación: Cuidan su propio huerto, donde cultivan hortalizas y plantas medicinales, reduciendo al mínimo las compras en pueblos cercanos como Cacabelos.
Minimalismo: Sin electrodomésticos ni enchufes convencionales, utilizan frontales y luces a pilas por la noche.
Para ellos, estas limitaciones no son carencias, sino "límites que ordenan sus hábitos". Su filosofía se centra en el presente: "No pensamos en el futuro, pensamos en lo que haremos mañana", explican. Tras seis años de vida en el monte leonés, Paola y Ricky son el ejemplo vivo de que es posible renunciar a la carrera de ratas de la ciudad para respirar aire fresco y vivir con lo justo, pero en total libertad.