La investigación va más allá de la evidente captura de dióxido de carbono
Los sotos de castaños se consolidan como activos para la bioeconomía del Bierzo
Cesefor constata su peso como proveedores de servicios ambientales con valor económico

Un soto de castaños del Bierzo, en una imagen cedida por Cesefor.
Un estudio impulsado por la Mesa del Castaño del Bierzo y desarrollado por Cesefor constata que los sotos de castaños «se consolidan como activos estratégicos de la bioeconomía del Bierzo», generando servicios ambientales cuya valoración «debe ser considerada como un importante activo para la sociedad». La investigación ha cuantificado, con herramientas de modelización avanzada, los beneficios de los sotos y cita «agua limpia, aire purificado, suelos fértiles, control de inundaciones o polinización de cultivos», entre otros». Esto —apuntan desde Cesefor— puede ayudar a cam»biar el modelo de negocio del sector forestal, pasando de un modelo estractivo a un modelo de bioeconomía o, lo que es igual, de gestionar los montes únicamente para extraer madera, leña o castaña a gestionarlos también como proveedores de servicios ambientales con valor económico (carbono, agua, biodiversidad, polinizadores).
El análisis arroja lo que los investigadores consideran «hitos» para la gestión futura del territorio. Así, confirma que la cobertura forestal de los sotos optimiza el balance hídrico de las cuencas, actuando como esponjas naturales que recargan los acuíferos locales y mantienen la disponibilidad de agua. También confirma que los castaños maduros son grandes sumideros de carbono, cuantificando la tasa de almacenamiento de carbono y otorgando un valor económico a la capacidad de estos bosques para mitigar el calentamiento global. «Representaría un valor económico de entre 185 y 227 euros por hectárea y año para el castañicultor si pudiese acceder a este tipo de mercados», recoge el estudio.
Además, los sotos son soporte de una mayor biodiversidad y calidad ambiental, «esenciales para la supervivencia de especies locales y la resiliencia del ecosistema ante perturbaciones. Su papel como corredores biológicos entre espacios naturales convierte a estos bosques en piezas clave de la infraestructura verde del territorio, con un valor ecológico que trasciende sus propios límites y beneficia al conjunto del paisaje del Bierzo». Y también se erigen como reservorios de polinizadores silvestres, como los abejorros, desde los que estos organismos se dispersan hacia los cultivos y espacios naturales del entorno. «Este servicio ecosistémico tiene una repercusión tangible sobre la productividad agrícola y la reproducción de la flora silvestre de la comarca», aseguran fuentes de Cesefor.
"Este trabajo de campo puede ser «el fundamento técnico para que los castañicultores accedan a nuevas fuentes de financiación (mercados de carbono, pagos por servicios ambientales y fondos europeos vinculados a naturaleza)"
Las conclusiones finales del informe subrayan que la cuantificación de los servicios ambientales para el castaño en el Bierzo es ya «una herramienta viable y necesaria para priorizar actuaciones en el territorio, movilizar recursos productivos y contribuir al desarrollo económico de la comarca». El investigador de Cesefor Ricardo Quiroga destaca que «invertir en el conocimiento riguroso de nuestro medio natural es invertir en nuestra economía futura» y también subraya que la clave del trabajo reside en la calidad de los datos y en su interpretación por parte de técnicos especializados, lo que convierte este tipo de estudios en una herramienta sólida para la toma de decisiones sobre el territorio.
«Los sotos del Bierzo no son solo productores de recursos tradicionales, sino activos estratégicos cuya conservación garantiza la salud del suelo, el ciclo hídrico y la estabilidad económica de la región frente a los desafíos del cambio climático y demanda la apuesta e inversión necesarias para ello», defienden desde la Mesa del Castaño del Bierzo, considerando que este trabajo de campo puede ser «el fundamento técnico para que los castañicultores y gestores del territorio accedan a nuevas fuentes de financiación», como mercados de carbono, pagos por servicios ambientales y fondos europeos vinculados a naturaleza.