La salud mental y el policonsumo de drogas obligan a redefinir las terapias frente al alcoholismo
Crece la complejidad de los casos atendidos en el Centro de Tratamiento Beda Bierzo debido a una mayor presencia de problemas psíquicos y a la alternancia de sustancias estupefacientes

El equipo de profesionales que trabaja en el Centro de Tratamiento del Alcoholismo.
De las 115 personas que acudieron por primera vez al Centro de Tratamiento de Alcoholismo Beda Bierzo durante el año pasado —en busca de información, orientación y/o tratamiento— 52 iniciaron el programa para luchar contra una adicción que afecta a más hombres (69%) que mujeres (31%) y que, cada vez más, está asociada a la existencia de problemas de salud mental y al consumo de otro tipo de sustancias estupefacientes. El perfil clínico de los usuarios es más complejo y ello «hace necesario reforzar los recursos destinados a su atención», explica la psicóloga y coordinadora de Beda, Patricia González, ya que los pacientes requieren de intervenciones terapéuticas también más complejas y prolongadas.
Casi 8 de cada 10 personas con problemas con alcoholismo son fumadoras y el 40% consumen también otras drogas. Además, más de un 20% de los pacientes refieren haberlas consumido en el pasado. «Estos resultados se inscriben en una tendencia al alza observada en los últimos años en relación con el consumo concomitante de otras drogas. Frente a perfiles previos en los que el problema se presentaba de forma más centrada en el alcohol, se constata una mayor presencia de consumos múltiples y una reducción del grupo que no ha consumido nunca otras sustancias», apunta la psicóloga de Beda. De ahí la complejidad clínica de la población atendida, con «trayectorias adictivas más amplias y diversificadas», y la necesidad de abordar al paciente de una manera integral, contemplando el trastorno por uso de múltiples sustancias.
Con relación a la presencia de otras patologías, el equipo de profesionales que trabaja en Beda (psicología, medicina y trabajo social) ha constatado que la mayoría de los pacientes presenta algún trastorno psicológico ligado al consumo. «Solo un 10% de la muestra no refiere la existencia de otro diagnóstico psicopatológico», explica Patricia González. Aquí, se aprecia una diferencia clara en función del sexo; aunque, de manera general, el trastorno más frecuente es el depresivo, seguido de la ansiedad y, en menor medida, los trastornos de personalidad. En los hombres, predomina la depresión —el 44% de los pacientes la sufren- y entre las mujeres, el trastorno de personalidad afecta a la mitad de las atendidas en Beda.

Datos de actividad.
Los antecedentes familiares también marcan la conducta de los usuarios que buscan ayuda en Beda según los datos del último informe anual. El 75% de los pacientes tiene uno o más familiares con problemas con el alcohol y aquí también se notan diferencias entre mujeres y hombres, ya que el 73% de ellos presentan antecedentes y entre ellas, la cifra se eleva por encima del 80%.
«Aunque la presencia de antecedentes familiares es elevada en ambos sexos, las mujeres proceden con mayor frecuencia de entornos con una carga adictiva más intensa», apunta la psicóloga de Beda, quien también explica que este hecho es relevante desde un punto de vista clínico, ya que «puede influir tanto en la configuración del problema como en los patrones relacionales, emocionales y motivacionales con los que las pacientes acceden al tratamiento». Esto también es tenido en cuenta a la hora de abordar el caso y diseñar la intervención terapéutica.
El perfil medio
Si hubiera que trazar un perfil medio de los pacientes con alcoholismo que atiende Beda en función del número de casos, sería un hombre de 45 años que se inicia en el consumo con 15 años, refiere los primeros problemas asociados al alcohol a los 32 años y consume diariamente. Procede del ámbito urbano —seis de cada diez pacientes lo son-, está en activo laboralmente y, en cuanto al nivel de estudios, la mayor parte de los usuarios tiene Bachillerato y Formación Profesional.
Solo un 2% de las personas atendidas en el centro posee titulación universitaria y también es reseñable que, aunque el 58% está trabajando en el momento de su incorporación al programa, un 17% acude en situación de baja médica. «Existe un volumen relevante de pacientes con una situación profesional deteriorada o inestable, lo que también debe ser tenido en cuenta en el abordaje terapéutico, especialmente en lo relativo a la reincorporación laboral, la adherencia al tratamiento y la coordinación con recursos sociolaborales», apunta Patricia González.
La forma de consumo también cambia en función de quien lo hace. Los hombres presentan, en mayor medida, un patrón de consumo diario (61%) y entre las mujeres predomina el consumo compulsivo (63%), lo que vuelve a poner de manifiesto diferencias relevantes según el sexo, como en el hecho de que ellos acudan a tratamiento empujados, principalmente, por su familia y ellas lo hagan, cada vez más, por derivación de los servicios sociales. «Este patrón puede reflejar contextos de mayor vulnerabilidad social en el caso de las mujeres y subraya la importancia de la coordinación con otras instituciones para el abordaje», explica González.
Conseguir que el paciente complete el programa es otro reto para las profesionales de Beda. La mitad de los que iniciaron el tratamiento el pasado se mantuvieron, mientras que tres de cada diez lo abandonaron. Además, un 6% de los usuarios fue derivado a otro recurso, un 4% fue expulsado del programa y hay otro 4% que ingresó en prisión o falleció (un 2% en cada caso).