Un berciano logra con más científicos éxito nuclear y solar para misiones espaciales
Logran integrar una batería híbrida que combina la energía solar y las fuentes nucleares de calor. El joven ingeniero doctorando en Leicester es José Antonio Fernández y nació en Puente de Domingo Flórez

Tony Crawford (Leicester), José Antonio Fernández (Universidad de Oviedo) y Chris Bicknell.
El Bierzo, la provincia de León, también exporta talento humano, conocimiento de primera división para el mundo. Un joven, nacido en la localidad de Puente de Domingo Flórez, en la confluencia de dos ríos (Sil y Cabrera) y en los fronterizos límites de casi tres provincias (León, Orense y casi Zamora), forma parte de un plantel científico que investiga lo que la mayoría desconocemos y nos suena a marciano. Pero, por contra, se nos enciende la bombilla cuando se escuchan las palabras «fusión nuclear» híbrida, combinada con energía solar y misiones espaciales. El joven de Puente de Domingo Flórez es un ingeniero que se llama José Antonio Fernández Álvarez, doctorando de un equipo de científicos, destinado en la Universidad de Leicester (Reino Unido).
José Antonio Fernández está integrado en un equipo formado por ingenieros españoles y británicos, entre los que figuran investigadores de la Universidad de Oviedo. Entre todos han realizado con éxito las primeras pruebas de integración de un sistema híbrido que combina la energía solar y las fuentes nucleares de calor para alimentar futuras misiones espaciales. Este nuevo sistema promete ampliar la vida útil y el alcance de las misiones de ciencia planetaria en las que las fuentes de energía tradicionales se ven ahora mismo limitadas.
Esta colaboración internacional se enmarca en un proyecto financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA), que pretende dar solución a los problemas de suministro de energía a los que se enfrentan las misiones en entornos extremos, como las superficies de la Luna y Marte. Esta iniciativa está liderada por el grupo Sistemas Electrónicos de Alimentación (SEA), de la Universidad de Oviedo, junto a las universidades de Vigo y Leicester (Reino Unido).
El berciano, cabreirés, leonés e incluso casi gallego y asturiano (según gustos, pero español a fin de cuentas), José Antonio Fernández Álvarez, subraya que «este tipo de sistemas híbridos abre la puerta a misiones más ambiciosas, capaces de operar en entornos donde hasta ahora era inviable mantener actividad científica continua». «Poder venir al Space Park de Leicester a probar los sistemas desarrollados en la Universidad de Oviedo es una oportunidad excepcional», resalta.
En esta línea, el profesor de la Universidad de Oviedo, Pablo Fernández Miaja, explicaba que, al agrupar la experiencia del Reino Unido en generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTGs) con la de la Universidad de Oviedo en electrónica de potencia, y con el respaldo de las simulaciones térmicas del entorno espacial realizadas por la Universidad de Vigo, se ha desarrollado una base para la próxima generación de sistemas de energía híbridos RTG-solar. «Estamos combinando lo mejor de cada tecnología para asegurar que las misiones puedan operar durante más tiempo y en condiciones mucho más exigentes», añadía.
Los generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTGs) utilizan radioisótopos, que son átomos inestables que liberan energía en forma de calor de manera continua y durante largos periodos de tiempo. Ese calor se transforma en electricidad, lo que permite disponer de una fuente energética constante incluso cuando no hay luz solar.
El Grupo SEA lleva 40 años investigando y colaborando con la industria en el campo de la electrónica de potencia. Desde 2018, ha impulsado una línea de investigación en aplicaciones espaciales que ha abordado desde desarrollos para sustituir y mejorar componentes espaciales de fuentes de alimentación, estudios comparativos de arquitecturas de alimentación eléctrica y el desarrollo completo de sistemas de potencia.
Mientras la energía solar es la habitual en aplicaciones espaciales, su disponibilidad disminuye significativamente a medida que las misiones espaciales se expanden hacia entornos más exigentes del sistema solar. Un ejemplo son las misiones lunares que deben soportar la ausencia de luz solar durante noches con una duración de 14 días terrestres. Por el contrario, los RTG basados en Americio-241 proporcionan calor y energía constantes durante décadas. La arquitectura híbrida utiliza un sistema de gestión de energía eléctrica, desarrollado por SEA, que permite combinar ambas fuentes de energía.
Las pruebas que ahora concluyen con éxito tuvieron lugar en el Space Park de Leicester, junto con la empresa de la Universidad de Leicester, Perpetual Atomics. Mediante esta empresa se capitalizan los más de 20 años de experiencia en el desarrollo de sistemas de energía para el espacio profundo basados en energía nuclear. El doctor Ramy Mesalam, investigador principal del equipo, afirma: «Con esta campaña de pruebas, el desarrollo de RTGs basados en Americio avanza. El éxito de esta prueba allana el camino». El doctor Carlos Ulloa, de la Universidad de Vigo, defiende, por su parte, que «la colaboración internacional es el combustible del descubrimiento espacial moderno. Este logro proporciona a la comunidad científica mundial una solución energética probada y escalable».