Diario de León

EL DIARIO DE LA SOCIEDAD JUVENIL RECREO Y CULTURA

Cuando el timbre abría el baile en el salón de Sorbeda

Un vecino encontró en un altillo un libro que recoge la vida social del pueblo en los años 30 y lo cede, para consulta, a la biblioteca

María Carro
Ponferrada

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En 1929, los jóvenes solteros de Sorbeda del Sil crearon una sociedad juvenil a la que llamaron Recreo y Cultura. Centrada principalmente en la organización y ordenación del baile de los domingos —cuando un toque de timbre iniciaba el rito para invitar a las mozas a bailar— su funcionamiento se regía por un firme reglamento aprobado por el gobernador civil y recogido en un libro de actas que un vecino de este pueblo encontró, hace unos años, en el desván de una casa vieja. Un registro escrito a mano que recoge numerosos testimonios y curiosidades y permite radiografiar a la sociedad de la época. La asociación se mantuvo hasta 1937. En enero de aquel año, seis meses después del golpe de Estado y del inicio de la Guerra Civil, está fechada la última acta.

Rebuscando entre los enseres del altillo de una vivienda que sus padres habían comprado al que fue secretario de la Sociedad Juvenil Recreo y Cultura, Norberto Alonso encontró el libro. Roído, sucio y amarilleado por los años, pero perfectamente legible. Un diario social que da cuenta, entre otras cosas, de qué obligaciones y normas tenían que cumplir los socios, también en su trato con las jóvenes. Los había de número, que formaban parte del órgano activo y podían integrar la junta directiva, y adictos, con menos competencia. Los primeros pagaban una cuota de 5 pesetas y los segundos, tres.

Todo se desenvolvía dentro de un local que la sociedad alquiló a un vecino de Sorbeda a razón de 20 pesetas al mes o, lo que es igual, 240 pesetas al año. Para el salón, compraron también un piano a manubrio que les costó 325 pesetas y pagaban a algunos socios por el cargo de tocadores. «Todo socio tendrá que entrar en el local descubierto y se privará de fumar» y ninguno «podrá entablar conversación con las jóvenes durante el tiempo que estén dentro, si bien pueden hacerlo al bailar». Tampoco podían acceder con madreñas o con «ningún palo ni cachaba, paraguas y demás cosas que estorben en el local». Ni, desde luego, con arma blanca o de fuego.

Las actas del libro recogen todos los movimientos de la sociedad y las obligaciones de los socios.

Las actas del libro recogen todos los movimientos de la sociedad y las obligaciones de los socios.ANA F. BARREDO

«Ningún socio podrá dejar a ninguna moza comprometida de un baile para otro», hasta el extremo de ser expulsado ni no respetaba la norma, y tampoco se les permitía sentarse en el sitio reservado para ellas con el fin de que «ninguna joven estuviera de pie a no ser que, por comodidad, lo desee». Por su parte, la moza que fuera invitada a bailar «tendrá que acceder al paisano que la invitó o, de lo contrario, no podrá bailar con ningún otro durante el mismo baile». Son realidades recogidas en un libro de actas que ha sido reproducido en una copia íntegra que Norberto Alonso ha cedido para su depósito y consulta en la biblioteca de Sorbeda. Trabajo del que se ha ocupado Grafitan Bierzo, que también ha creado un sello idéntico al original.

La sociedad funcionaba como un ente unitario en el que sus miembros no eran abandonados en caso de enfermedad: «El socio que llegue a caer enfermo y económicamente no disponga de medios para afrontar la enfermedad lo pondrá en conocimiento del señor presidente», porque «es obligación moral de todos los socios dar cada uno lo que pueda» y «también podría la sociedad dar algo con cargo a los fondos que haya».

Entre los integrantes de esta asociación estuvieron el párroco Pío Alonso y el maestro Domingo Álvarez. Con su entrada, explica Norberto Alonso, se intentó hacer alguna actividad cultural más, pero la base era la organización del uso del local, hasta 1937, cuando se acuerda «suspender todos cuantos actos venía realizando esta entidad hasta que las circunstancias nos lo permitan y las autoridades competentes nos lo autoricen». Un acta, la última, que ya no firma el presidente, que recoge expresiones como una «España libre y grande» y que da cuenta de la ausencia de varios socios que, «en su mayoría, se han tenido que incorporar a filas de nuestro glorioso ejército nacionalista». Todos los muebles y enseres se trasladaron de local y allí terminó la historia de esta sociedad, si bien en los años 50 surgió otra de igual nombre.

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