El reto de empezar una carrera universitaria más allá de los 50
La vida no dejó a Nerea López estudiar Enfermería hasta estar más cerca de la edad de jubilación que de la de sus compañeros de clase

Nerea López, en el Campus Universitario de Ponferrada.
Por circunstancias familias, con 18 años tuvo que ponerse a trabajar y no pudo estudiar. Terminó la educación secundaria en el bachillerato nocturno del instituto Gil y Carrasco de Ponferrada y abandonó por completo su sueño de ser universitaria cuando nacieron sus hijas. Empezó en el servicio doméstico y siguió como pintora de edificios autónoma hasta que la crisis de la construcción le obligó a volver a encargarse del cuidado de personas mayores, niños y hogares ajenos, sin ningún contrato estable. Así hasta que, hace cinco años, entró en la plantilla del servicio de limpieza de una clínica sanitaria y con sus hijas criadas y un sueldo fijo, se lanzó a la aventura de ser universitaria a los 55 años. Nerea López es la alumna de mayor edad de los estudiantes del Campus de Ponferrada y una más de los 35 que, actualmente, cursan alguna titulación en el centro y empezaron cuando ya sobrepasaban los 40.
El año pasado se presentó a la prueba de acceso para mayores de 45 años y la superó. Se matriculó en el Grado de Enfermería, porque «siempre me gustó todo los relacionado con la sanidad», y pese a que está más cerca de la edad de jubilación que de la de sus compañeros de clase, «sueño con terminar mi vida laboral de enfermera aquí, en Ponferrada», asegura.
«Siempre he tenido inquietud y ganas de aprender y los sueños hay que intentar cumplirlos. Hay mucha gente que no sabe que hay un examen para mayores de 45 años, piensan que ya no pueden hacer nada hasta la Universidad de la Experiencia; pero no, también podemos ir a la universidad», relata Nerea López. Actualmente, en el Campus de Ponferrada de la Universidad de León hay 167 estudiantes matriculados que iniciaron su formación con 25 o más años. De esos, 35 tienen más de 40 entre un total de 863 alumnos. Diez cursan máster y 25, alguno de los grados.
Una decena de los que iniciaron su formación universitaria en el Campus con más de 40 años cursan el Máster en Geoinformática y Gestión de Recursos Naturales, hay siete matriculados en Enfermería y otros siete en Podología, cuatro están estudiando Fisioterapia, hay tres en Ingeniería Forestal y del Medio Natural, dos en Ingeniería Geomática y Topografía y otros dos en Nutrición Humana y Dietética.
"Mi sueño es terminar mi vida laboral siendo enfermera en Ponferrada; pero si no, seguiré empujando mi carro de la limpieza con mi carrera y mis conocimientos aprendidos"
Nerea López tuvo que hacer un examen de Lengua Española y comentario de texto, en León, y pasar una entrevista psicológica por videoconferencia. Eso le abrió las puertas de la universidad, ayudada también por la empresa para la que trabaja, que le facilitó el cambio de turno. «El primer día de clase sentí un miedo atroz. Llegaba a la universidad con chicas y chicos de 18 años y yo con 54. Tuve que salir de mi zona de confort, fueron pasando los días y ahora estoy muy feliz», relata Nerea, que explica que «la mayor traba ha sido el tema informático, porque llevaba como unos 30 años sin utilizar un ordenador». Aquí es donde entra el papel de la comunidad y el refuerzo de sus compañeros, que le han ayudado en su puesta al día. «El primer día sí noté que mi presencia extrañaba, pero no he sentido ninguna discriminación», asegura.
Ahora, lo difícil es sacar horas para estudiar y preparar apuntes entre las clases y la jornada laboral, que se encadenan a diario hasta dejarla volver a casa de noche. «Soy muy exigente conmigo misma, pero también conozco mis limitaciones. Ni mi cerebro ni mi memoria son como cuando tenía 18 años, pero sé que voy a terminar Enfermería, aunque tarde más; pero no me fustigo. Quiero disfrutar de aprender», dice.
De momento, Nerea no piensa en más futuro que los exámenes de junio. Se levanta a las cinco de la mañana para estudiar y le roba tiempo a su familia para hacer pleno los fines de semana; pero si estudia es para poder dedicarse a lo que está aprendiendo. Si pudiera elegir, elegiría quirófano. «Es el servicio que más me gusta y también algún consultorio de pueblo con contacto directo con los pacientes». Lo intentará tenga la edad que tenga y, si no, «seguiré empujando mi carro de la limpieza, pero con mi carrera y con mis conocimientos aprendidos», subraya.