Diario de León

La impronta de Gaudí en un pueblo de Balboa

En el acceso al molino harinero de Quintela, está la huella del arquitecto catalán, al que un vecino devoto de su obra ha querido homenajear colocando el icónico panot que el artista creó justo el año que empezó la molienda

Las siete losetas ya colocadas para crear la composión diseñada por Gaudí, en el Molino de Agüita.

Las siete losetas ya colocadas para crear la composión diseñada por Gaudí, en el Molino de Agüita.ana f. barredo

María Carro
Ponferrada

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El mismo año que Antoni Gaudí diseñó su icónico panot, esa loseta con forma hexagonal con la que quiso romper la insulsez y la monotonía visual del pavimento y convertir el suelo en una extensión del mar; ese mismo año, 1904, fue otorgada al molino harinero de Quintela (Balboa) la concesión del aprovechamiento de 250 litros de agua por segundo. Y aquella coincidencia lejana, ajena y sin alguna relación ha encontrado en el presente un nexo de unión: un berciano asentado en Cataluña, devoto de Gaudí y de su pueblo de origen, que ha expandido hasta Quintela la impronta del arquitecto catalán.

En el acceso a lo que hoy es el Molino de Agüita, Javier Suárez mandó colocar las losetas que completan la composición creada por Gaudí, un rompecabezas de siete mosaicos concéntricos que solo unidos revelan el dibujo completo: una estrella de mar, un fósil marino y un alga. Son racholas originales, las mismas que calzan el Paseo de Gracia de Barcelona, no una imitación ni un souvenir.

Javier Suárez se ha valido de su chispa para ir reuniendo cada una sin tener que deshacerse de un euro y, desde hace unos meses, ya fusionan el agua salada con la de río a la entrada del molino, en un discreto homenaje que este apasionado de Gaudí ha querido realizar en un pueblo de montaña, con un puñado de habitantes y muy alejado del mar. Lejos también de las grandes obras del arquitecto de la Sagrada Familia, las casas Batlló y Milà, el Palacio Episcopal de Astorga o la Casa Botines de León. Sin aparente relación, pero unidos por la misma emoción que un berciano siente al ver el trabajo del artista y lo que anuncia, cada mañana, la ventana de su casa de Quintela.

La composición diseñada por Gaudí.

La composición diseñada por Gaudí.ANA F. BARREDO

El Molino de Agüita es, hoy, un establecimiento de hostelería abierto por temporadas y la intención de Suárez de colocar aquí las baldosas es que cualquiera pueda verlas y acercarse a la memoria de Gaudí cuando se propuso romper la asfixia del suelo y dar aire (o más bien agua) a los pies sobre una oda a la naturaleza. Que naturaleza sobra en este pueblo del Bierzo profundo, hasta la raíz.

Dice Javier Suárez que, ojalá, esta acción sirva para que haya más visitantes; aunque fuera por la mera curiosidad; pero para él, la sola presencia de esta huella de Antoni Gaudí en el molino del que es propietario, junto a su hermano, es un logro suficiente. De colocarlas en su sitio se encargó José Castro, de As Nogais (Lugo), bien desenvuelto en el trabajo de la piedra.

Del Paseo de Gracia al arroyo de Balboa, aguas debajo de la confluencia de Ruidelobos y Catañoso, donde un molino hace también memoria, no del arte, sí del pasado que sostuvo al pueblo mucho antes de la electricidad y del temido éxodo rural. Tal vez la impronta de Gaudí aliente algunos regresos, aunque sean fugitivos; o sirva, cuanto menos, para romper la monotonía. Tal y como pretendió Gaudí.

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