Toreno reinventa la romería del Campón con el Famm Fest
Dos jóvenes de la localidad impulsan un fin de semana que recupera el espíritu de las antiguas fiestas

Tradicional acampada en las fiestas del Campón
En Toreno ya se preparan para vivir una transformación. No es una ruptura con la tradición, sino una reinterpretación impulsada desde dentro del propio pueblo por una generación joven que ha decidido recuperar el espíritu de las antiguas romerías, pero con un lenguaje nuevo. El resultado es el Famm Fest, una propuesta que mezcla fútbol, acampada, motor y música en un mismo fin de semana.
Detrás de esta iniciativa están Yadira Álvarez e Iker Rodríguez, dos jóvenes que han asumido la organización con una intención que va más allá de programar actividades. «Es un festival a lo grande en el que hemos juntado lo antiguo con lo nuevo», explica Yadira, que resume así el espíritu del proyecto: mantener la esencia de la romería, pero adaptada a la forma de vivirla de las nuevas generaciones.
La idea no surge de la nada. Según cuenta la propia organizadora, la romería `de toda la vida´ siempre tuvo un componente muy particular: la gente llegaba, se quedaba, acampaba y convivía, pero con el paso del tiempo esa forma se fue perdiendo. Ahora, esta iniciativa intenta recuperar precisamente eso con una combinación de elementos que buscan atraer tanto a jóvenes como a vecinos de más edad.
La programación arranca el viernes 12 con la apertura de la zona de acampada y el inicio del torneo de fútbol 7, en el que participarán alrededor de una docena de equipos. En este sentido, se cuidará especialmente la narración del certamen, que contará con el speaker Diego Calvo, estudiante de periodismo de la Universidad de Valladolid y vecino de Tombrio de Abajo, encargado de comentar los partidos y realizar entrevistas a los jugadores. A partir de ahí, el Campón se transformará en un espacio vivo durante todo el fin de semana.
El sábado 13 es uno de los días más intensos. Mientras continúan los partidos de fútbol, el recinto se amplía con propuestas paralelas que buscan dar más vida al evento: una cata de vinos, barber session, stands de distintos emprendedores y una zona donde incluso se realizan tatuajes en el momento a cargo de la tatuadora Charo. A esto se suma la retransmisión del partido de España en pantalla grande, pensado para que la gente se reúna, comparta y viva el momento.
Por la noche, el protagonismo pasa a la música. Un saxofonista abre la parte musical del final de jornada, seguido por los DJs Lepetitsuisse, Sergio Edesa e Itziar Blanco; con estilos distintos que se suceden hasta altas horas de la noche. Si el sábado representa la mezcla entre lo moderno y lo festivo, el domingo 14 recupera de lleno la esencia más tradicional de la romería. Es el día de la convivencia más clásica: bingo popular, gran paellada, fiesta de la espuma, merienda y barra de fiestas, en un ambiente más familiar y abierto. La jornada culmina con la actuación de la orquesta Sensación, poniendo el cierre musical a un fin de semana que, según sus organizadores, no busca ser solo un evento, sino una experiencia compartida.
Además del programa de actividades, el festival cuenta con una zona de acampada equipada con duchas y baños, pensada para que la gente pueda quedarse durante los tres días y vivir el evento de forma continua. Esa permanencia es, precisamente, uno de los pilares del proyecto: que la fiesta no sea algo puntual, sino un espacio de convivencia prolongado.
Más allá del programa, lo que subrayan los organizadores es la respuesta del pueblo y del entorno. Según explican, la iniciativa ha tenido una buena acogida tanto entre vecinos como entre gente de fuera, con una participación que ya supera una docena de equipos de fútbol y con una creciente presencia de visitantes que se suman al fin de semana. «Hay muchísima gente que ha compartido el evento y que va a venir de fuera», apunta Yadira, que destaca también la colaboración de personas del municipio para facilitar la organización.
El Famm Fest se presenta así como una apuesta por recuperar un modelo de convivencia que, según sus impulsores, se estaba perdiendo, y un intento de demostrar que la tradición no tiene por qué quedarse atrás, sino que puede reinventarse desde dentro, con la mirada de quienes han crecido con ella y ahora quieren transformarla.