Diario de León

Nuevos hallazgos extienden el patrimonio ligado a Las Médulas

Investigadores documentan un conjunto de minas de oro y arte rupestre en terreno de Benuza

Estériles de la mina romana El Real, en Benuza

Estériles de la mina romana El Real, en BenuzaLa fueya cabreiresa

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Ponferrada

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Los incendios forestales del pasado verano evidenciaron la vulnerabilidad de un patrimonio histórico de enorme valor. Entre las zonas afectadas se encuentra el entorno de Benuza, un municipio que ahora vuelve a situarse en el foco gracias al hallazgo de un excepcional paisaje arqueológico formado por minas romanas de oro y estaciones de arte rupestre, un conjunto que amplía el espacio patrimonial vinculado a Las Médulas y refuerza la relevancia histórica de este rincón.

El trabajo, desarrollado por el Grupo de Investigación del Instituto de Estudios Cabreireses, ha permitido identificar, documentar y poner en valor varias explotaciones auríferas antiguas situadas en las pedanías de Sigüeya y Lomba. Se trata de los yacimientos de El Real, La Butia-Valdelamina, El Sabugo y Camporomo, enclaves que hasta ahora apenas habían sido considerados por los inventarios arqueológicos o la bibliografía especializada y que, sin embargo, forman parte del área de influencia del paisaje cultural de Las Médulas, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Precisamente la cercanía con el mayor complejo minero romano del noroeste peninsular otorga una dimensión especial a estos descubrimientos, ya que contribuyen a ampliar el conocimiento sobre la red de explotaciones auríferas que transformó el territorio durante la época romana y permiten comprender mejor la magnitud de aquella actividad extractiva. De hecho, parte de estas minas ya han sido catalogadas por la administración competente en materia de patrimonio, un paso que supone un avance en su reconocimiento oficial y en las medidas destinadas a garantizar su conservación.

Pero el interés de la investigación no se limita a la minería romana. Los trabajos realizados por el IEC también han permitido ampliar el catálogo de arte rupestre de la zona gracias a la documentación de petroglifos en Sigüeya, Lomba y Yebra. Con estas incorporaciones, el entorno alcanza ya una docena de estaciones rupestres identificadas, configurando una de las mayores concentraciones de manifestaciones prehistóricas de la comarca.

Los investigadores consideran especialmente significativa la proximidad entre las explotaciones mineras y los petroglifos. La coexistencia de ambos elementos en un espacio geográfico reducido apunta a una ocupación continuada del territorio desde épocas prehistóricas hasta la dominación romana y convierte este sector de Cabrera en un auténtico paisaje histórico donde pueden rastrearse diferentes formas de relación entre las comunidades humanas y el medio a lo largo de miles de años.

Uno de los enclaves de mayor interés es la explotación de El Real, situada a ambas márgenes del río Benuza, aguas abajo de la vega de Sigüeya. El yacimiento ocupa entre una y dos hectáreas y conserva al menos una docena de grandes surcos mineros, además de importantes acumulaciones de estériles compuestas por bloques de pizarra y cuarcita. También se han identificado pequeñas estructuras de planta cuadrangular y circular cuya función podría estar relacionada con actividades auxiliares o con asentamientos temporales vinculados a la explotación.

El estudio mediante modelos digitales del terreno y tecnología LIDAR ha permitido detectar alteraciones del relieve compatibles con labores mineras antiguas, confirmando además la importancia de una zona que ya figuraba en el Mapa Metalogenético de España por la existencia de depósitos auríferos.

Los investigadores destacan igualmente el denominado Canal de El Real, una infraestructura hidráulica que discurre paralela al río Benuza y cuyo trazado podría haber servido para abastecer de agua a las explotaciones de la zona, especialmente a La Butia-Valdelamina. Aunque su cronología todavía deberá confirmarse mediante futuras investigaciones arqueológicas, topográficas e hidrológicas, su existencia refuerza la hipótesis de una compleja red hidráulica asociada a la minería del oro.

La mina de La Butia-Valdelamina presenta una amplia dispersión de estériles sobre una superficie estimada de entre cinco y diez hectáreas, lo que apunta a una explotación de considerable entidad. En El Sabugo, situado en el arroyo Garamateira, permanecen visibles restos vinculados a mineralizaciones auríferas asociadas a arsenopirita, mientras que en Camporomo, en la cabecera del río Benuza, se conservan largas zanjas mineras situadas entre los 1.600 y los 1.800 metros de altitud, características que encajan con otros modelos de minería aurífera romana documentados en el noroeste peninsular.

Todo este conjunto configura, según el Instituto de Estudios Cabreireses, un paisaje arqueominero de enorme interés científico y patrimonial, cuya relevancia adquiere un significado especial tras los incendios forestales del verano de 2025. El fuego, que afectó tanto al entorno de Las Médulas como a amplias zonas del municipio de Benuza, puso de manifiesto la fragilidad de unos yacimientos que, en muchos casos, permanecen ocultos bajo la vegetación y pueden sufrir daños irreparables tanto durante los incendios como en los procesos de erosión posteriores.

Por ello, los investigadores consideran que estos descubrimientos no solo amplían el mapa patrimonial del entorno de Las Médulas, sino que también refuerzan la necesidad de impulsar nuevas campañas de investigación, mejorar los inventarios arqueológicos y establecer medidas específicas de protección y gestión del territorio. La conservación de este legado, sostienen, resulta esencial para preservar un paisaje que testimonia miles de años de ocupación humana y que constituye uno de los conjuntos arqueológicos más singulares de la comarca de Cabrera.

La investigación ha permitido identificar y poner en valor varias explotaciones romanas de oro -El Real, La Butia-Valdelamina, El Sabugo y Camporomo-, además de ampliar el catálogo de estaciones de arte rupestre con petroglifos localizados en Sigüeya, Lomba y Yebra. La concentración de estos vestigios convierte a esta zona en uno de los espacios arqueológicos más relevantes de la comarca.

Los investigadores destacan que la proximidad entre las minas y los petroglifos refleja una ocupación continuada del territorio desde la Prehistoria hasta la época romana, cuando la explotación aurífera transformó profundamente el paisaje. El estudio también ha permitido documentar antiguas infraestructuras hidráulicas que podrían haber abastecido de agua a las explotaciones mineras, abriendo nuevas líneas de investigación sobre la organización de la minería romana en la cuenca alta del río Benuza.

Parte de estos yacimientos ya han sido incorporados al catálogo de patrimonio de la administración autonómica, un paso que refuerza su protección. Sin embargo, el IEC considera que los incendios del pasado año han puesto de manifiesto la necesidad de intensificar las labores de investigación, conservación y gestión de estos enclaves, expuestos a los efectos del fuego y a la erosión posterior.

El descubrimiento amplía el mapa patrimonial del entorno de Las Médulas y sitúa a la comarca ante el reto de preservar un legado arqueológico que, además de su interés científico, constituye un recurso cultural y turístico de primer orden.

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