Cien años del hombre que cambió el porvenir de la minería en Fabero
Diego Pérez Campanario lideró la modernización de la cuenca minera, convirtiendo al municipio en un referente del carbón a nivel nacional

El empresario Diego Pérez Campanario.
Fabero no se entiende sin la minería y buena parte de esa historia lleva el nombre de Diego Pérez Campanario. Su apuesta por la explotación de la antracita transformó para siempre la economía, el paisaje y la vida de miles de familias.
Un siglo después de su llegada al municipio, su legado sigue muy presente en un pueblo que aún conserva las huellas de aquel desarrollo industrial y donde su nombre permanece ligado al poblado minero, al Pozo Julia y a una etapa de prosperidad que marcó a varias generaciones.
Aunque la existencia de carbón en Fabero era conocida desde la primera mitad del siglo XIX, las dificultades para transportar el mineral y comercializarlo impidieron durante décadas una explotación a gran escala. Los primeros intentos empresariales no llegaron a consolidarse y hubo que esperar al desarrollo de las comunicaciones ferroviarias y al creciente consumo de carbón en España para que la cuenca berciana comenzara a despertar el interés de los inversores. Fue entonces cuando apareció la figura de Diego Pérez Campanario.
El empresario madrileño, dedicado hasta ese momento a la distribución de carbón en la capital, supo ver el potencial de la antracita de Fabero y decidió apostar por una explotación industrial que cambiaría para siempre el futuro de la comarca. «Vendía carbón en Madrid y vio el potencial que tenía Fabero.
Empezó adquiriendo concesiones y construyó el primer pozo vertical de la cuenca para explotar la Primera Fabero, una capa con un carbón de primera calidad absolutamente indiscutible», explica el ingeniero de minas e investigador del patrimonio minero Roberto Matías Rodríguez. Aquella decisión fue el punto de partida de Antracitas de Fabero S.A., una empresa que con el paso de los años se convertiría en una de las compañías mineras más importantes de El Bierzo.
La calidad de Fabero ya era reconocida en toda España, pero el gran reto seguía siendo el transporte. Roberto Matías recuerda que Campanario intentó incluso impulsar un ferrocarril hasta Toral de los Vados y estudió la construcción de un largo cable aéreo para facilitar la salida del carbón. Aunque aquellos primeros proyectos no llegaron a materializarse, el empresario nunca dejó de buscar soluciones para hacer crecer la explotación.
Las grandes transformaciones llegaron tras la Guerra Civil. En plena etapa de reconstrucción del país y con el carbón convertido en un recurso estratégico, Antracitas de Fabero emprendió un ambicioso plan de modernización. Se construyó un cable aéreo de siete kilómetros hasta el lavadero de La Recuelga, considerado una instalación pionera para la época, capaz de tratar cientos de miles de toneladas de carbón al año. A ello se sumaron nuevas oficinas, talleres, una gasolinera, el economato de la empresa y el conocido Hospitalillo, que durante décadas atendió tanto a los trabajadores de la compañía como a numerosos vecinos de la comarca.
En paralelo, la empresa impulsó la construcción del Poblado Diego Pérez, un conjunto de viviendas pensado para alojar a los trabajadores y sus familias. Aquellas casas, levantadas alrededor de espacios comunes, dieron forma a un nuevo núcleo urbano que todavía hoy conserva su identidad. «Fabero pasó de ser un pueblo agrícola a convertirse en un referente industrial», resume Roberto Matías, quien considera que el verdadero legado de Diego Pérez Campanario fue haber creado toda una estructura económica y social alrededor de la minería.
La importancia de Antracitas de Fabero fue mucho más allá de la producción de carbón. En sus años de mayor actividad la empresa llegó a emplear a cerca de 3.000 trabajadores y atrajo mano de obra procedente de distintos puntos de España y también de Portugal. «Su importancia social fue enorme porque daba trabajo a miles de personas y a sus familias», señala Matías, quien recuerda que aquel desarrollo cambió por completo la realidad demográfica y económica del municipio.
La compañía también destacó por su apuesta por la innovación. En la década de 1960 introdujo por primera vez en España los cepillos mecanizados de origen alemán para la extracción de carbón, una tecnología que permitió incrementar notablemente la producción y situó a Fabero a la vanguardia de la minería nacional.
Para la alcaldesa de Fabero, Mari Paz Martínez, Campanario fue «una persona adelantada a su tiempo». Destaca que no solo impulsó avances técnicos, sino que promovió una forma de entender la empresa que incluía servicios para los trabajadores. «Construyó las viviendas, el hospitalillo, el economato e introdujo la mecanización. Todo eso fue un avance para la minería y para toda la cuenca», afirma.
La regidora reconoce que aquel modelo respondía al denominado paternalismo industrial, habitual en la época, pero considera que permitió fijar población y mejorar las condiciones de vida de miles de personas en un momento de enorme crecimiento del sector.
Con motivo del centenario de Diego Pérez Campanario, el Ayuntamiento quiso recordar esa contribución con un acto celebrado el pasado 10 de julio en el Pozo Julia. La jornada reunió a investigadores, antiguos trabajadores y vecinos en una charla-coloquio en la que se repasó la evolución de la minería y su papel en el desarrollo de la comarca.
Uno de los momentos más emotivos fue la presencia de su nieta, quien donó al Ayuntamiento un retrato de su abuelo para que permanezca expuesto en Fabero. «Ella entendía que ese cuadro tenía que estar aquí, donde realmente está la historia de su abuelo», destaca la alcaldesa.
Hoy, su legado continúa presente en las calles del municipio. Fabero recuerda la etapa de mayor esplendor de la cuenca minera berciana y un legado que, como resume Roberto Matías, convirtió a Fabero «en un pueblo de referencia gracias al carbón»